Historia del Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires

El Zoológico de Buenos Aires cuenta con un predio de 18 hectáreas, donde se encuentran 89 especies de mamíferos, 49 especies de reptiles y 175 especies de aves.

El Zoológico de la Ciudad de Buenos Aires se encuentra entre las calles República de la India y las Av. del Libertador, Las Heras y Sarmiento.

Primitivamente

Primitivamente se encontraba en la Av. del Libertador y Sarmiento, en los terrenos del parque iniciado por Juan Manuel de Rosas. A partir de su primer director, el Dr. Eduardo Holmberg (1888 a 1904) el Zoo adoptó un carácter más científico y se trasladó a su ubicación actual. Según su criterio, los animales debían habitar en edificios que respondieran a los estilos arquitectónicos propios de su país de origen.

Sucedió al Dr. Holmberg, Clemente Onelli entre los años 1904 y 1914. Una de sus ambiciones, concretadas durante su dirección, fué el canje de animales con instituciones del resto del mundo. Ésto, junto a la tarea dedicada por Carlos Thais en el embellecimiento de la obra arquitectónica, marca una época muy importante en la vida del zoológico.

Luego, Adolfo Holmberg, el nuevo director, decide iniciar un sistema de supresión de jaulas, creando recintos en donde los animales se aislaban del público por fosas o zanjas de seguridad, permitiéndoles mayor libertad de movimientos.

Todo Buenos Aires tomó partido, allá por 1882, por una u otra posición: Crear o no en San Benito de Palermo, en esas épocas alejado unos 5 km. del centro, un parque digno de la Ciudad.

En 1883, Carlos Pellegrini, quien años más tarde sería Presidente de la Nación, le escribía desde Europa al Intendente de Buenos Aires:
“No hay ninguna Ciudad de mediana importancia que no tenga un Zoológico, que es el punto favorito de reunión de las multitudes”. Finalmente, el 30 de octubre de 1888, por Ordenanza Municipal, nace el Zoológico de Buenos Aires, separado del Parque 3 de Febrero.

Su primer Director, Eduardo Ladislao Holmberg, un médico con inclinaciones naturalistas, dirige el Jardín Zoológico porteño durante 15 años.

Él construye la casi totalidad de los recintos y lo hace con el concepto de esa época, basado en que el Zoológico era un paseo para la gente, destinando grandes extensiones de parque para ellos y poco espacio para los animales, razón por la cual los recintos son de tipo carcelarios.

Por otro lado, sostenía que los edificios donde eran exhibidos los animales, debían responder arquitectónicamente al país de origen de los mismos.

La gran belleza de los edificios es lo que ha hecho que sean declarados “Monumentos Históricos”.
En 1904 y durante dos décadas, hablar de Clemente Onelli, Su Director del Zoológico, era en la Ciudad de Buenos Aires, hablar del prestigioso Zoológico Municipal.

Un pintoresco italiano que unía su condición de sabio naturalista con una gran dosis de simpatía, no sólo le dio la jerarquía científica a dicho paseo, sino que lo popularizó al máximo imprimiéndole un sentidoeminentemente didáctico, a través de carteles indicadores y confección de guías.

Él implementó paseos en Elefante, en Camello, en Ponys; haciendo que los visitantes aumentaran diez veces en número en el primer año de su gestión.

De 1500 personas en 1903 visitaron el Zoológico 15000 a fines de 1904.
Formado en la Universidad de Roma, nunca pudo despojarse de la idea de grandeza del Imperio Romano y a él se le deben los edificios y monumentos románicos que se ven en el parque.

Murió en 1924 y lo sucedió el tercer Director de prestigio, Don Adolfo Holmberg, sobrino del primer Director, quien estuvo al frente de la Institución hasta 1944.

A partir de él, se sucedieron unos a otros los directores políticos, amigos del Intendente de turno y con ellos, el deterioro progresivo del Zoológico, hasta convertirse a principios de la década del 90 en un Zoológico que había dejado de cumplir su función.

Incluido en un proyecto general de privatizaciones, impulsado por el Gobierno Menemista, que destruyo el aparato productivo de la república en la decada del 90, alentado por las ideas neoliberales, pasó a manos privadas en 1991. A partir de allí, comienza la remodelación del mismo, con un cambio sustancial de concepto:
“Eliminar las rejas y convertir las Jaulas en ambientes sustitutos”. Muchos vecinos critican la nueva gestión por tratarla de mercantilista y fomentar un shooping zoo.

Según el director y editor de Palermonline Noticias, el que edita y escribe esta nota, vecino de Palermo desde hace más de 36 años “lo que viene es una versión remix de una privatización al estilo PRO remixada, un negoción para hacer caja al estilo Kirchnerista pero con estilo Larreta, el sufrimiento de los animalitos es una excusa para hacer billetes fáciles y rápidos de una manera elegate, Lo de Ecoparque es un globo amarillo muy bonito donde los únicos ganadores serán los que se apoderen de las licitaciones”.

En Junio del 2016 Horacio Rodríguez Larreta, Jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y un político argentino, economista de la Universidad de Buenos Aires y máster en Administración de Empresas de la Universidad de Harvard, anunció su reconversión a un ecoparque. El espacio verde de 18 hectáreas estaba concesionado a Jardín Zoológico de Buenos Aires S.A., que pagaba un canon de alrededor de $1.010.000 por mes y tenía firmado un contrato que vencía en 2017. El jefe de gobierno porteño, en esa línea, recordó que “hace décadas muchos animales vinieron en barco, bajaron en el puerto (de Buenos Aires) y los trajeron caminando desde el puerto hasta el zoológico”. “Iniciamos un proceso de transición porque no es que se puede sacar a los animales de un día para el otro. Hay que hacerlo con muchísimo cuidado porque cada especie tiene un tratamiento diferente. Es bien complejo eso”, manifestó. Por último, justificó la iniciativa de reconversión en un “ecoparque” al sostener que “el zoológico (inaugurado en 1875), así como está, no da para más”. Larreta, se mostró preocupado por el futuro traslado de animales del zoológico, del cual la Ciudad se hizo cargo para su reconversión en un “ecoparque”, al resaltar lo “dificilísimo que resulta por ejemplo transportar una jirafa, ya que no se la puede sacar en un camión porque aparecen los puentes”.

Tiempo de transición
Para resolver el traslado de los 1.500 animales del Zoo, que será en dos semanas, se realizará un censo de todas las especies para determinar su estado de salud y el riesgo al que serían sometidos en caso de ser transportados. Los primeros ejemplares que se muden, principalmente aves, irían a la Reserva Ecológica de Costanera Sur.

Mi recuerdo es que al zoo, fuí con mis abuelos, mis padres, la maestra de la primaria, las primeras rateadas del secundario, mis primeros amores, las primeras caminatas con mi hijo en cochesito, cuando caminaba, así que el zoo es parte de mi. Zoo te voy a extrañar.

Por Norma Drobner
RECUERDOS DEL ZOOLÓGICO

Me considero porteña, a pesar de haber nacido fuera de los límites de Buenos Aires, porque llegué aquí hace más de 70 años, cuando aún no había cumplido los 8.

El cambio debió haber sido muy violento, ya que mi primera infancia en Ballester estaba rodeada de campos verdes, ranchos, ombúes y vacas. Pero hubo algo que tendió un puente entre ambas vidas.

La casa tenía un amplio frente sobre la calle Acevedo (hoy República de la India) y por lo tanto tenía enfrente al Zoológico. Allí había árboles, animales y cosas desconocidas para mí hasta ese momento. A pesar de los constantes rumores de mudanza al Parque Saavedra y otros lugares, el Zoológico no estaba descuidado. Se adquirían animales (como yo podía comprobar, ya que los camiones que los traían entraban por el portón frente a nuestra casa), había muchos ejemplares de aquellos animales autóctonos más comunes, como las nutrias y las maras. Muchos de ellos, así como los pavos reales, andaban caminando por el parque entre la gente.

Evidentemente a mí no me interesaban los detalles del mantenimiento, como la acción de los veterinarios o de los guardianes, sino tener un campo de acción para las tardes (a la mañana iba al colegio). Junto con aquella querida gallega que acompañaba mi niñez, desaparecíamos desde la hora de la siesta y volvíamos después de haber tomado mi merienda en el tambo modelo, del que otra vez hablaré Pero me aparto de las cosas que quiero contar. Por eso voy a relatar en estas páginas algunos recuerdos.

Habrá quien piense que en la historia de la ciudad hubo hechos más importantes que los que se produjeron dentro del Zoo. Pero a veces es bueno recordar esos hechos quizás sencillos, algunos casi cómicos. Pero también otros que en su momento conmovieron a muchos, como la muerte de Dalia.

EL ELEFANTE DALIA
Pese a su nombre, Dalia era un gran elefante macho. Durante años había sido dócil, hasta el punto de pasear a los niños en su lomo por un recorrido establecido, que pasaba por frente a mi casa, ya que el edificio hondú que le servía de habitación estaba cerca.

Según se decía, los problemas se debían a que la elefanta hembra no era compatible, ya que los asiáticos no se cruzan con los africanos. No se si era así, pero Dalia comenzó primero con signos de impaciencia, que se convirtieron rápidamente en serias alteraciones. Los veterinarios comenzaron a darle calmantes mezclados con las tortas de pasto que eran su alimento.

Al mismo tiempo, como salía de su edificio sin control, le pusieron una cadena en su pata. Comenzó entonces una sucesión de hechos que a mí, como a muchos vecinos, nos impresionaron fuertemente. Dalia, cuando se despertaba de su calma artificial, trataba de salir y reaccionaba con fuerte barritos, esos gritos que en las películas son simpáticos, pero que en esos momentos eran impresionantes. Finalmente, a veces, conseguía romper la cadena.

No se si en ese entonces no se conocían los dardos narcotizantes o si no se usaban en nuestro país. A cada nueva escapada, el temor de la gente presionaba fuertemente para que se encontrara una solución. Pero la solución hallada fue terrible. Un cuerpo de policías con maúseres (el arma más pesada usada en ese entonces) se colocó de guardia en el camino de salida del animal. Cuando furioso rompió la cadena dispararon la primer descarga. Dalia, herido, siguió algo su camino, y cayó a medias sobre sus rodillas. Aún intentaba levantarse y se ordenaron nuevos disparos. Moviéndose apenas. su barrito se convirtió en un sollozo y, después de un doloroso y prolongado intervalo, murió. Desde enfrente, mis hermanas y yo llorábamos.

EL MONITO AVENTURERO
Para que no se piense que sólo los dramas llegaron a los diarios, quiero contar una historia graciosa.

Nuestro amplio frente sobre Acevedo tenía en su primer piso amplios ventanales que permanecían muchas horas abiertos desde la primavera hasta el otoño. Un día, por la ventana del cuarto de mi madre entró un monito. No era uno de los grandes babuinos de cola roja que me eran desagradables, ni tampoco un chimpancé o algo semejante. Sólo era uno de esos animalitos que los organilleros solían llevar para llamar la atención. Pero este era del Zoo. Había encontrado el modo de abrir su jaula y resolvió salir a buscar aventuras, aprovechando las ramas de los grandes árboles de la calle. Después de la primer sorpresa, mi madre encontró muy graciosas las “monadas” y terminó dándole una golosina.

Ahí empezó una larga relación. El mono entraba cuando quería, se perfumaba con el pulverizador, o tocaba cualquier cosa y cuando se cansaba se volvía tranquilamente a su jaula. Mi madre (y nosotras) le perdonábamos los estropicios que a veces hacía porque nos hacía reir mucho. Pero llegaron los días fríos y las ventanas se empezaron a cerrar. Un día, el monito, confundido, empezó a buscar otro lugar. Y ahí empezó el problema, porque toda señora que lo veía empezaba a gritar y pedir auxilio. Vinieron la policía, los bomberos, los guardianes del Zoológico, los veterinarios y los periodistas. Los diarios empezaron campañas hablando de descuido del personal del Zoológico, y hablando del pobre simio como si fuera el mono asesino del cuento del Crimen de la calle de la Morgue

El perseguido animalito cada vez se asustaba más y pasaba de un árbol a otro, hasta que al segundo día, llegó al Parque 3 de Febrero, donde finalmente, después de dos días de gran despliegue, fue atrapado. Soldaron la puerta de su jaula y nunca más paseó por el barrio.

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