Palermo Che: Colocación de baldosa en homenaje al Che Guevara en Araoz al 2100 y Mansilla

Abrazos, emociones y recuerdos se vivieron en la esquina de Araoz 2180, en el barrio porteño de Palermo, donde desde hoy una baldosa marca y perpetúa el lugar donde vivió el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara durante seis años. La casa de Aráoz 2180 fue el último lugar en Argentina donde vivió Ernesto Guevara, el Che.

Fue un sábado diferente, una mañana nublada pero cargada de nostalgia, en esa esquina donde el Che y su familia dejaron su huella y a la que ahora todos los que transiten por el lugar sabrán que un joven de 25 años partió desde este solar para convertirse en uno de los más universales hombres del mundo.

Soy hermano de sangre y compañero de ideas de Ernesto y del Che, no los puedo separar, es una emoción grande estar acá, expresó el hermano menor de los Guevara, Juan Martín, quien a sugerencia de una persona pidió convertir el lugar en Palermo Che.

Decían que éramos aristocráticos y oligárquicos, tenían que haber venido a esta casa en este solar a ver qué tal, señaló Juan Martín, quien resaltó que estar hoy en ese sitio y en un momento como este es ‘romper con toda la negativa de Buenos Aires a aceptar que Ernesto, después el Che, pasó por aquí, se hizo médico y se formó para la vida, para lo que es hoy esa imagen inmensa’.

Yo vivía muy cerca y venía hasta acá cuando llegaban cartas de Ernesto de su viaje en motocicleta con Alberto Granados que más tarde haría yo con él, contó por su parte emocionado a Palermonline Noticias, El Portal del Barrio de Palermo, su entrañable amigo.

Con 88 años y una memoria imborrable, recuerda cada detalle. Fue el 7 de julio de 1953 la última vez que estuvo acá, de aquí partió ese médico joven rumbo a la estación de tren de Retiro y allí nos encontramos, relata. Emprendía entonces su último viaje por Latinoamerica, ese que lo llevaría a ser después el Che Guevara.

Las lágrimas corrieron por las mejillas de una señora presente en el acto, entonces una pequeña niña, vecina del Che. Lo recuerdo todo como si fuera hoy, Ernestito, dijo, me encontró en la calle y me llevó a una farmacia cercana y entre él y un farmacéutico me sacaron el tornillito que tenía alojado en el pie.

En un día difícil para su vida, también estuvo presente Taty Almeida, miembro de la Asociación Plaza de Mayo Línea Fundadora, quien agradeció a la organización Memoria Palermo, creadora de la iniciativa de las baldosas de la memoria, por hacer posible esta asignatura pendiente, dijo.

Y vamos a seguir hasta que se consiga que se ponga el nombre del Che Guevara en esta calle. No se desalienten, si las madres pudimos, entre todos podemos, manifestó la destacada defensora por los derechos humanos, quien recordó que un día como hoy hace 42 años los genocidas le arrebataron a su hijo Alejandro Martin Almeida.

‘Te estoy hablando a ti Che, que se que estas acá, este es un merecido homenaje que te estamos haciendo, a pesar de los bastones y las sillas de rueda las locas seguimos de pie porque no estamos solas y como madre que llevo un pañuelo hoy, como ciudadana argentina me coloco tu boina’, expresó entre aplausos.

En este solar vivió el Che, Ernesto Guevara de la Serna, en conmemoración a su lucha por la transformación y la justicia social, marca desde ahora la placa de color ladrillo, a la que le colocaron tierra de La Higuera, el lugar donde fue asesinado hace 50 años atrás.

Sobre la acera descansa esta baldosa de amor donde los vecinos que viven allí y los que pasen por el lugar sabrán que hace unos años atrás, entre 1948 y 1953, allí vivió la familia Guevara y uno de los más universales argentinos.

La militancia
Junto a los compañeros y compañeras de Palermo K y Memoria Palermo, participamos de la colocación una baldosa en conmemoración a la lucha del Che por la transformación y la justicia social, en la que fue su casa, ubicada en Mansilla y Aráoz. ¡Gracias a todos los vecinos y vecinas que se acercaron!

La crónica barrial de Palermonline Noticias
che en PalermoErnesto “Che” Guevara ex vecino de Palermo vivio en la calle Araoz 2180, hasta que emprendio el viaje que cambiaría el mundo. En su antigua casa hoy hay un edificio de viviendas y una ferreteria.

Una foto en el balcón de la casa de la calle Araoz.

Caminando por las calles de Palermo, más precisamente en Aráoz y Mansilla, me recordé el haber visto una temprana foto del Che, en el balcón de una vieja casona ahora reemplazada por un no muy alto edificio de departamentos.

En la foto se lo veía recostado y muy ufano como desafiante. Con no más de veinte años. Lo imaginé en esa cálida tarde de verano mirando la copa de los árboles, y luego parándose para mirar las dos cúpulas de una tradicional Iglesia de nuestro barrio, por ese entonces fines de los cuarenta, mucho más bajo que hoy.

¿Habrá sido la energía de nuestro barrio la que luego le permitió erigirse en una suerte de símbolo contra la opresión? Quién lo sabe.

El Che es argentino. Pero no lo es. Azarosas circunstancias quisieron que naciera en Rosario, que pasara una parte de su adolescencia en Córdoba debido a sus problemas con el asma, que luego su familia se mudara a San Isidro, pero sus ya conocidos viajes a través de Latinoamérica lo convirtieron en un ciudadano de nuestro continente.

Su vocación de médico y su sensibilidad lo llevaron desde temprana edad a preocuparse por luchar contra la centenaria opresión que azota a nuestro continente. Y en esos tempranos viajes, uno de ellos tan bien retratado en la película Diarios de Motocicleta del director Walter Salles, tomó contacto con la dura realidad que azota a cada pedazo de ella.

El Che Guevara es el argentino que más se conoce en el mundo, porque la fama de Maradona se monta sobre el deporte más popular, y además, porque dentro de cincuenta años, la fama del futbolista, probablemente no tenga esta relevancia y si la del Che.

La personalidad e imagen del Che excede el tiempo. Su imagen esta estampada en centenares del miles de brazos por todo el planeta como un símbolo de pureza , de honestidad, de consecuencia. Su ya tradicional foto tomada por el prestigioso fotógrafo Alberto Korda ha sido tatuada en cuanto brazo haya, entre ellos los del propio Maradona y Mike Tyson.

No quiero escribir aquí sobre la Sierra Maestra, ni sus viajes por el continente africano, su muerte en Bolivia. Sólo quería recordar que alguna vez el Che estuvo también recostado en un balcón de nuestro barrio, mirando los mismo árboles que nosotros, la mismas calles, antes revestidas de adoquines, que nosotros, paseando por las mismas plazas y respirando este aire.

El Che es tan popular porque no permitió que su corazón se contamine. Lejos de quedarse con un cómodo Ministerio, salió cuantas veces pudo a luchar por sus ideales. Y por ello es respetado por todos, incluso por aquellos que no compartieron sus ideas.

Mientras me alejaba de esa esquina pensando en las vueltas que tiene el destino, me pregunté porque aún nuestro Che, el Che de todos, el de esa imagen pura pero arrolladora, aún no tiene una calle con su nombre en nuestra ciudad. Torturadores, corruptos, asesinos de indígenas, exterminadores, banqueros o ladrones, pueblan con sus nombres y apellidos las calles de nuestra ciudad y nuestro barrio. Pero nadie lleva en su pecho una camiseta con sus imágenes. ¿Será por eso?

Promediando los 18 años de edad, Ernesto se graduó de Bachiller a fines de 1946. Entonces su padre le gestionó a él y a su amigo Tomás Granado, un trabajo en la Dirección de Vialidad en Villa María. Mientras tanto, a principios del ’47, ambos amigos comenzaron a preparar el ingreso a la Facultad de Ingeniería de Córdoba.

Por aquellos días se había agravado la salud doña Ana Lynch de Guevara, la abuela paterna de Ernesto, y la familia debe mudarse nuevamente a Buenos Aires. La situación económica de los Guevara había empeorado y la relación entre Celia y Ernesto (padre) se estaba deteriorando.

Con Ernesto (hijo) estudiando en Córdoba, en los primeros tiempos vivieron en la casa de la abuela. Estaba ubicada en Arenales y Uriburu del porteño Barrio Norte. En marzo del ’47, se enfermó doña Ana y su nieto se trasladó de urgencia a la Capital Federal para acompañarla en sus últimos días.

El deceso de la abuela lo marcó definitivamente, a tal punto que fue uno de los desencadenantes de la decisión de inscribirse en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y volver a vivir con sus padres.
Una foto en el balcón de la casa de la calle Araoz.

Al año siguiente se ven obligados a vender la plantación de yerba-mate que tenían en Misiones y con ese dinero adquieren la casa de la calle Araoz 2180, casi frente al Colegio Guadalupe, en el barrio de Palermo. Esta sería la última vivienda que habitaría el Che en Buenos Aires hasta su partida definitiva en 1953.

En esa casa Ernesto tenía por dormitorio una habitación pequeña con un gran balcón corrido que daba a la calle. Allí compartía su cuarto con Roberto. Tenía una cama marinera doble, un gran ropero, una cómoda, dos pequeñas bibliotecas, una mesa y una mesita.

Durante 1948, se inscribió para cumplir con la Ley de Enrolamiento Obligatorio, y al examinarlo, de acuerdo con los requisitos físicos del Ejército Argentino, lo declaran no apto para cumplir el servicio militar.

El deportista en cuestión era un joven fuera de lo común. El tiempo y el propio Guevara se iban a encargar de confirmarlo en los hechos. A pesar de su asma y que por ello tenía recomendado abandonar el rugby, era muy terco y se resistía.

El comentario de quienes lo conocieron nos pinta al Guevara de fines del ’40. Tatiana Quiroga, su amiga de la infancia, retrató a Ernesto como “una especie de hippie enfermizo”. María del Carmen Ferreyra, Chichina, su ex novia cordobesa recordó que Ernesto “… me fascinó; su físico obstinado y su carácter antisolemne, su desparpajo en la vestimenta nos daba risa y, al mismo tiempo, un poco de vergüenza (…) Éramos tan sofisticados que Ernesto nos parecía un oprobio. El aceptaba nuestras bromas sin inmutarse”.

Para Abel Posse era “… tierno, pero aporteñadamente arrogante. Seguro de su lugar social e insolente como para permitirse andar con camisa sucia y zapatos de diferente color…” , “… se permitió creer que la vida sólo valía como aventura”.

El dibujante y humorista Landrú rememora: “… mi cuñado jugaba a los dados con sus amigos y entre ellos estaba el Che Guevara. El Che era petitero. Le decían “La Chancha” Guevara, porque después de jugar al rugby no se bañaba y así nomás se iba a bailar. Sus amigos lo querían mucho”.

Nota: Los petiteros tenían fama de ser antiperonistas. Vestían de una manera muy especial: con un saco corto, con dos tajitos. En aquellos años, fines de la década del ’40 y principios de la del ’50, cada vez que había algún lío político, los peronistas iban al Petit Café y rompían alguna vidriera.

Se dice en el Barrio
“Era una casa extrañísima, pero no era tan grande como parecía. Tenía un patio, la cocina; un pequeño refugio para estudiar que hizo mi viejo y donde Ernesto pasaba las noches leyendo; el comedor donde dormía mi papá y un garaje que jamás fue utilizado como tal porque no teníamos auto”, detalla Juan Martín Guevara, el más chico de los 5 hermanos. “Una vez, Ernesto lo convirtió en un laboratorio de venta de un insecticida, al que llamó ´Vendaval´. Duró 6 meses”, aseguró. Hasta hubo un club de fútbol.

“Ernesto dormía en un pequeño cuarto al frente, junto a Roberto”, su otro hermano. La habitación de Celia, su madre, tenía acceso a la terraza y al baño: el único para 7 personas. Todas las demás daban a un balcón corrido; el mismo que sería protagonista de las 2 fotos que tímidamente salieron a la luz y demostraron que un joven Ernesto Guevara vivió en Palermo.

Fuente: http://palermotour.com.ar/tourdenoticias/?p=46608

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