Montecarlo queda en Paraguay 5499, esquina Emilio Ravignani.

Montecarlo queda en Paraguay 5499, esquina Emilio Ravignani. Antiguo Cafe Bar Montecalo, abrió sus puertas por primera vez en el año 1922, y retrata la identidad del barrio. en sus comienzos.

El Montecarlo abrió sus puertas en 1922 y a lo largo de los años hizo todo lo posible para conservar el reducto como si el tiempo no hubiera pasado. Frecuentado por vecinos y visitantes ilustres, en sus inicios dicen que era el lugar preferido del Che Guevara, por que, por q la familia Lynch vivia a dos cuadras en Ravignani y Ancon. En su momento se jactan de servir unas de las tazas de café más grandes de la ciudad. Hoy lo maneja Gerardo un verdadero Porteño de Ley.

Las opciones para consumir son numerosas, están los que prefieren ir por las mañanas en busca de un café con leche con medialunas y están los que llegan por la noche para disfrutar distendidos de una buena cerveza. El viernes por la noche el café recibe a distintos artistas que llegan con ganas de tocar frente a un público de barrio ansioso por escuchar algo distinto y dejar de lado la cumbia electrónica.

El ambiente es agradable y tradicional, con ritmo de algún tango tranquilo o tal vez un acordeón entusiasmado, todo depende de lo que elija el barman detrás de la gran barra de madera. Mientras tomamos un café con leche, podríamos cerrar los ojos y sentir que nos transportamos en el tiempo, algunas décadas atrás en la Argentina romántica, la de Jorge Luis Borges. Tal vez en alguna de las mesas vecinas supo sentarse este autor perspicaz que solía inspirarse bastante por este barrio de casas bajas. Pero si preguntan a los mozos les dirán que en algún momento el Che Guevara frecuentó el lugar. Y hasta parece ser que de camino al hipódromo se solían hacer paradas, atando los caballos en la entrada antes de seguir camino unas cuadras más.

En Palermo, extenso barrio hoy dominado por la cultura francesa de las patisserie, boulangerie y cafés gourmet, se sostiene desde principios del siglo XX, en una esquina, a puro café con leche con tostado mixto, independiente, orgulloso y gallardo: Montecarlo.

Montecarlo queda en Paraguay 5499, esquina Emilio Ravignani. Es un viejo café de esquina que data de 1922. La cercanía a dos líneas ferroviarias más el viaducto Carranza lo incomunicaron otorgándole un halo de misterio e intimidad. Ese es su secreto. Su invalorable aporte al listado de cafés que conectan con lo porteño manteniendo la esencia. Aún no es Café Notable. Típico exponente de los que apenas se notan. Gerardo, su actual propietario, es artista plástico y lo heredó de su padre gallego que lo compró en 1960. El porqué del nombre no pude saberlo, pero sí que la leyenda cuenta que el Che Guevara lo frecuentaba o que hasta 1940 los petiteros ataban sus caballos en la puerta luego de varearlos desde el Hipódromo (que, accidentes urbanos modernos mediante, está a pocas cuadras).

Montecarlo es un enclave estratégico para un citas de todo tipo. Salón espaciado, amoblamiento de calidad, decorado con obras de arte de Gerardo Lorenzo (el propietario). Gerardo me cuenta que sirve el café con leche en un tazón bombé cuyo tamaño sólo se puede encontrar en el Británico (San Telmo) o en Atalaya (Ruta 2). Este hecho, más el tostado de miga, (parece que Facundo Arana afirma que no existe otro igual) ya garantizan la visita.

Gerardo se hizo cargo de café hace pocos años. Lentamente va recuperando imágenes y objetos que habían sido retirados por viejos y que hoy cargan de sentido al lugar. No le agrada ni necesita (por suerte) de hacer publicidad en medio. Tampoco de ofertas convocantes. Hace unos pocos días abrió una página en Facebook que apenas mueve. Aquellos que disfrutan de la paz de un sitio para disfrutar de un café, una charla, la lectura o de escribir, sabrán llegar. Al porteño de café lo conduce a lugares como estos un GPS genético. Entre sus parroquianos notables se pueden mencionar a Jorge Fernández Díaz, Martín Kohan, Kevin Johanssen y el mencionado Facundo Arana.

Está en Palermo. Palermo de cuchilleros y taitas según Jorge Luis Borges para quien la civilización concluía a orillas del arroyo Maldonado (Av. Juan B. Justo). Es un café que todo porteño debe conocer. Y los turistas que quieran saber algo más de nosotros visitar. Palermo me tenes loco y enfermo.

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