10 de junio de 2013, Ravignani 2300, Aniversario del asesinato de Ángeles Rawson.

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Para Jimena Aduriz, nunca va a dejar de recordar aquel 10 de junio de 2013, cuando su hija Ángeles Rawson salió de casa y no regresó más. Ahora, a 7 años del crimen de la adolescente de 16 años que fue estrangulada durante un ataque sexual y desechada a la basura en el barrio porteño de Palermo, la mujer dice que va a pelear lo que sea necesario para que el femicida Jorge Néstor Mangeri cumpla toda la condena detenido.

«Ya no tengo resto», revela angustiada Aduriz. Es que en estos siete años pasaron muchas cosas, entre ellas que el portero acusado por el violento hecho nunca admitiera su responsabilidad. «El arrebato de mi hija nos cambió la vida a todos. La muerte de un hijo le pone punto final a la vida de uno, con su crimen algo en mí se detuvo, ya no fui la misma nunca más», explicó.

En su relato, la madre de Ángeles recuerda aún el dolor que vivió durante los primeros meses de la causa, no sólo por la mediatización del caso, que mucha veces las «revictimizó» a ella y a su hija, sino el padecimiento familiar que sufrieron por parte de la Justicia, con quienes sigue enojada. «Ellos nos tenían que proteger del asesino de mi hija, pero me hicieron tanto daño como él. Lo que nos hicieron fue destructivo. Mataron a mi suegra, a mi hermano, me dejaron sin trabajo, mis hijos terminaron dispersos y a mi marido le destrozaron la vida». Es que su pareja, Sergio Opatowski, estuvo en la mira de los investigadores como sospechoso y eso le valió una persecución mediática que afectó su salud.

Esa hipótesis cayó por su propio peso cuando Mangeri se autoincriminó ante la fiscal Paula Asaro: «Soy el responsable de lo de Ravignani 2360», le dijo, aunque luego esa confesión no tuvo valor legal. Ahora, para Aduriz, «él la mató porque ella se resistió, espero que algún día lo admita».

¿Cómo pudo la Justicia errar tanto en la primera autopsia?, es algo que la familia de la víctima no llegará a comprender nunca, porque en un primer momento el estudio decía que Ángeles había muerto compactada por el camión de basura y no había detectado el intento de abuso ni la estrangulación. Eso motivó la exhumación y una reautopsia, algo que golpeó a sus seres queridos.

Jimena recuerda a su hija, que en octubre pasado hubiera cumplido 23 años, como divertida, con el sueño de estudiar psiquiatría, que le encantaba la música y con mucho carácter; «arriba los debe tener al trote a todos, especialmente a Dios», ha dicho más de una vez esta madre que enfrentó el dolor inesperado y se sostiene en nombre de su hija: «Ella es mi causa y mi razón, aunque me la hayan arrebatado».