Axel Kicillof, “un burgués soberbio soberbio” Por Leo Anzalone

Alguien dijo una vez que “la diferencia entre el marxismo y el capitalismo es que el marxismo tiene buenas intenciones y malos resultados y capitalismo completamente lo contrario”, si bien no conocemos las verdaderas intenciones de nuestro ministro de Economía, Axel Kicillof, sí conocemos sus resultados.

No vale la pena describir sus fracasos en materia de política económica, pero evidentemente el cargo de ministro le queda grande, como también la situación coyuntural que tiene que enfrentar, quizás por no haber sabido en forma práctica lo que es la necesidad de la gente ni tampoco conocer la realidad de la calle, porque toda su vida y se jacta de eso, se manejó en la teoría y en los libros, es más, ese es el argumento que usan hasta los que lo defienden, así que lo único que terminó haciendo Kicillof es demostrar que es un burgués que jamás sufrió una privación en su vida, que se crió en uno de los más exclusivos barrios porteños, estudió en el Nacional Buenos Aires, que veranea y tiene emprendimientos comerciales en Uruguay pero nos habla de defender la industria nacional, vive del Estado desde que se recibió de “economista” y es uno de los lideres de La Cámpora, agrupación política que se creó de una manera muy particular, no para acceder al poder, sino inventada desde el poder y pretende enseñarnos a los argentinos a que vivamos como él quiere, que de repente y por esas cosas que tiene Cristina Kirchner, terminó manejando la economía, como si ya no hubiera sido bastante con habernos regalado como vicepresidente a Amado Boudou, pero tiene coherencia eso, ambos son jóvenes y fashion.

El escritor Alvin Toffler decía en su libro “El cambio del poder” que cuando quería preparar un verdadero informe de situación y saber lo que pasaba en un país él hablaba con el pequeño comerciante, con el almacenero, el verdulero, con el conductor de colectivos o un taxista y que solo por cuestiones muy técnicas usaba el asesoramiento de economistas, no teóricos de la economía. Quizás Kicillof para ser tomado en serio tendría que hacer eso, porque cuando se lo escucha hablar nos damos cuenta que nunca en su vida estuvo cerca del hombre común y muchos menos de sus necesidades, pero es cierto, Kicillof es una de esas contradicciones que tenemos en el peronismo, se avala gente que va en contra del sistema que decimos defender, como ya nos pasó con Domingo Cavallo.

Lo más grave de esta situación es su soberbia y que use constantemente el principio del “pueblo policía del pueblo”, porque en su teoría y fundamentalemente en su discurso, Kicillof pretende, sin dudas, crear un clima de discordia entre la gente, los comerciantes y los empresarios, así, de una manera muy subliminal imponer su idea de que cada habitante se convierta en un comisario político de la causa y como todo revolucionario de café, él como es “top” será de café Starbucks, sueña con frenar la realidad con una revolución que solo leyó en los libros desde algún coqueto barrio de Buenos Aires o desde una playa de Uruguay, porque él no conoce la realidad tal como es y no creo que le importe el hombre de Villa Lugano, La Matanza, Misiones o Chaco, porque sino y como es su deber, se tomaría las cosas en serio y si está convencido que es un ser superior, que los argentinos somos todos tontos y yendo aún más lejos, que el país tiene que ser manejado por una nomenclatura al estilo soviético, donde el Estado controle todo y él sea un referente sobresaliente de ese Estado, lo mejor que nos podría pasar es que una mañana Kicillof se levante, se suba a su soberbia y se tire de ahí, seguro que no se salva.

Por Leo Anzalone: Dirigente de Peronismo Para Todos – Universidad Para Todos

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