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Bosques de Palermo: el espacio verde con más aves de la Ciudad de Buenos Aires

Bosques de Palermo: el espacio verde con más aves de la Ciudad de Buenos Aires

Palermo es el barrio mas grande de la ciudad de Buenos Aires y también el más verde. Con 105 plazas, parques y sitios históricos, el que más destaca es el Parque Tres de Febrero con sus 370 hectáreas (190 de uso público). Ubicado estratégicamente entre las reservas Costanera Norte (RECN), Sur (RECS) y el Río de la Plata, sus bosques y lagos son hogar de unas 197 especies de aves. Algunas están en peligro de extinción; pero otras tienen al bosque como único lugar para anidar. También hay más de 40 especies exóticas, que hace 20 años no aparecían.

El Parque Tres de Febrero está ubicado en  Av. Infanta Isabel 410, Paseo El Rosedal, Palermo, Ciudad de Buenos Aires.

Aves especiales

La cotorra, único de los loros que hace nidos colgantes y es una de las pocas aves que utilizan esos nidos todo el año. En sus orígenes habitaba los talares, una franja de árboles que se extendía desde Mar del Plata hasta el Norte de Buenos Aires. Estas zonas sufrieron deforestación. Como no podía seguir viviendo en ese ambiente, la cotorra tenía dos opciones: encontrar un nuevo hábitat o extinguirse. Por eso buscó un lugar en los eucaliptus que abundan en los bosques de Palermo. El pato picazo, originario de las lagunas pampeanas, es otro ejemplo que también se instaló en los lagos de Palermo.

El macá grande es un ave que en el único lugar de la Capital Federal en que hizo nidos es en Palermo. Cuando nacen los pichones, los adultos se turnan para llevarlos en el lomo. Mientras uno los lleva, otro los alimenta.

Otro ejemplar poco común para una ciudad es el carpintero bataraz chico. Atraído por las tipas añejas que hay a lo largo de la Avenida del Libertador, que tienen una corteza fácil de picar en busca de larvas e insectos.

Macá Grande con dos pichones en el lomo.

El aguilucho langostero es un ave migratoria que hace una escala en su viaje desde EE. UU. hacia el sur de la Argentina y otra parada cuando vuelve al norte del continente. Para esa parada técnica elige los bosques de Palermo.

Otra especie que usa los bosques como descanso estratégico es un pájaro de la Patagonia, el yal negro. Éste empezó a usar los bosques como un lugar de descanso en su camino hacia zonas más cálidas durante el invierno.

Por otro lado, la estadía del cardenal amarillo y la catita ala amarilla involucra mucho más la presencia del ser humano. En Palermo, estas especies son producto del comercio de animales. Con estas aves, uno puede decir que son raras, pero no llegaron en forma natural; son animales escapados o liberados de cautiverio. La catita ala amarilla es un lorito casi extinguido en el país y es en los bosques de Palermo donde está formando una población que puede modificar la existencia de la especie.

El estornino, si bien no tan querido entre sus pares, es una de las aves más icónicas de los Bosques de Palermo.

Ahora bien, con 197 especies conviviendo y compartiendo los mismos lagos y árboles, tiene que haber alguna peligrosa y poco querida. Este es el caso del estornino pinto. Completamente negro y con un andar bamboleante, tiene un prontuario desastroso. Fue introducido en los bosques en 1987 y ya había habitado en EE. UU., donde lo exterminaron como una plaga.

Son agresivos, corpulentos y en constante competencia con otros pájaros. Se mueven en grupos y cuando bajan de los árboles, ya no quedan aves; escapan despavoridas. El estornino ataca también los cultivos, por lo que es aconsejable evitar que ingrese a zonas rurales. Otra especie poco querida entre sus pares es el gavilan mixto, un ave rapaz que mide medio metro y se alimenta de roedores y palomas.

Bataraz Chico, el carpintero de Palermo.

Por último, el ñacurutú. Otra de las especies «estrellas» que ahora habitan los bosques. Se trata del búho más grande de América. Mide medio metro y se alimenta de roedores, palomas y aves chicas. Lo más cerca de la ciudad que se las veía era en el Delta o en la isla Martín García. Pero desde 2015 las tenemos en Palermo, donde tienen nidos y si uno es paciente, de noche se los puede ver cazar.

Aninga, una historia divertida

Todo comienza 2013, cuando en la isla del lago Regatas, muy cerca de La Pampa y Figueroa Alcorta, aparece una aninga, un ave de 60 centímetros, cuello largo y pico afilado. Originaria del litoral, los bosques pasaron a ser el único lugar de la ciudad donde se puede ver esta especie.

Hasta mediados de 2015, la historia revela cómo el ejemplar llega a adulto y desaparece. Un mes después regresa con un macho. ¿De Ceibas? ¿Del Delta? ¿De Corrientes? ¿De Iberá? No se sabe. Arman un nido y nacen cuatro pichones. Los alimentan de peces del lago y cuando aprenden a volar emigran junto al macho. Hubo que esperar varios meses hasta que el macho regresó para volver a encontrar acción. Vuelven a armar un nido y por estos días se ocupan de criar a tres pichones. Pero como si la historia no tuviera suficientes actores, luego apareció una segunda pareja de aningas.

La Aninga. Con el pasar de los años se hizo más fácil de avistar.

Para quienes llegaron hasta aquí y quieren saber más, les recomiendo la Guía ilustrada de las Aves de los Bosques de Palermo, del Club de Observadores de Aves de Palermo.