Cactus para principiantes: las especies con las que podemos empezar nuestro cultivo

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Por Sergio Viacava, Técnico Agropecuario y Especialista en cactus y crasas profesor en AJEU (@amigosdeljardinylaecologiaurbana).

Comenzar a cultivar cactus y suculentas suele convertirse en un vicio rápidamente. La variedad de formas y colores, sumados a la rusticidad y nobleza que presentan estas plantas, hacen que nos enamoremos de ellas de un día para otro. Encima en los viveros suele haber una amplia, variada y atractiva oferta.

Algo que hay que entender de movida es que hay miles de especies, por eso habrá que evaluar criteriosamente con cuánto espacio contamos en casa para poder cultivarlos de la mejor manera posible y no fracasar en el intento. Todas no podremos tenerlas, así que será conveniente elegir por ejemplo entre cactus o suculentas. O bien inclinarse por algún género en particular que pueda adaptarse a las características de nuestra lugar (nivel de insolación, luminosidad, espacio disponible, zonas protegidas, etc.). Una ventaja que poseen respecto de otras plantas es que no requieren tantos cuidados. Los cactus, como las suculentas (también llamadas “crasas”) han desarrollado la capacidad de almacenar agua en sus tejidos, lo que les permite atravesar largos períodos de sequía. Esta es una singular adaptación que hará que no estemos tan pendientes de los riegos, como sucede con otras plantas del jardín.

El principal insumo que necesitaremos a medida que crezca nuestra colección, serán las macetas. Son plantas que en general las cultivamos en macetas, ya sea de barro o plásticas, aunque si disponemos de un área de jardín también podemos armar canteros y llevarlos a la tierra directamente. Para el trabajo en sí con los cactus bastará con tener alguna palita de mano, utensilios hogareños en desuso (cucharas, cuchillos), algunas latas, guantes duros para protegerse de las espinas y una infaltable pinza de depilar siempre a mano.

El tema del sustrato es clave. Son plantas que no requieren altos niveles de fertilidad, pero el suelo deberá ser suelto y bien drenante, permitiendo que el agua escurra rápidamente por el agujero de drenaje de la maceta. Tanto cactus como suculentas no admiten encharcamientos, por lo que no deberemos fallar a la hora de armar el sustrato para nuestras plantas.
Los cactus que compramos en los viveros suelen venir con un sustrato compuesto mayormente de tierra negra y con piedritas de colores arriba. Lo mejor será cambiar ese sustrato ya que no es el ideal. Si bien hay tantas recetas como cultivadores, acá les proponemos dos muy sencillas:

Para cactus: una parte de tierra negra (puede ser compost), una parte de arena gruesa de río (se consigue en comercios que venden insumos para piscinas), 10% de vermiculita (se compra en el vivero) y algunas piedras pequeñas de carbón vegetal (funciona como fungicida)
Para crasas: dos partes de tierra negra, una parte de arena gruesa de río, una parte de resaca de río, vermiculita y carbón en iguales cantidades que para los cactus.

No debemos olvidar verificar que el orificio de drenaje de la maceta (las de plástico poseen varios) no esté obturado, y antes de colocar la mezcla, poner en el fondo de la maceta una capa de leca o canto rodado para optimizar el drenaje.

Al sol o no

Una necesidad irrenunciable y prioritaria que presentan estas plantas es la exposición a la mayor luminosidad posible. Pero ojo, mucha luz no significa sol directo. Si bien hay géneros que gustan del sol directo, otros en cambio pueden sufrir daños con dicha exposición. También será fundamental que habiten ambientes ventilados. Dicho esto, podemos deducir que no es la mejor opción tenerlos dentro de casa. Ahora bien, si usted vive en departamento, no posee balcón (una buena opción) y desea tener cactus y suculentas, deberá elegir un sitio bien luminoso (en general cerca de alguna ventana) y con buena ventilación. Si no están dadas las condiciones de luz óptimas, los brotes crecerán de manera alargada, presentarán un color más claro, y estarán más vulnerables al ataque de plagas.
Para la elección del tamaño de la maceta convendrá seguir esta ley: cactus chico en maceta chica, cactus grande en maceta grande. Vale decir que la planta deberá estar cómoda en su maceta, pero tampoco que le sobre demasiado lugar.

En los viveros existe una amplísima variedad de macetas de diversos materiales, formas y tamaños. Cualquiera puede utilizarse para cultivar cactus y crasas. Las de barro suelen ser más pintorescas y pierden más rápido la humedad, lo que podría considerarse una ventaja para este tipo de plantas. Como desventaja podría mencionarse que son más pesadas, sobre todo aquellas de tamaños mayores. Las plásticas solo pierden humedad por la superficie expuesta y los orificios de desagote, por lo que su sustrato permanecerá más tiempo húmedo. Como ventaja podemos señalar que son más económicas, livianas y mucho más manejables cuando debemos hacer transplantes.

Los cactus y suculentas habitan los más variados biomas. Muchos de ellos viven en zonas desérticas, en condiciones extremadamente secas, mientras que otros se han adaptado a climas húmedos o incluso tropicales. Es por ello que siempre conviene averiguar el nombre de nuestros cactus y suculentas. Dar con los nombres científicos (género y especie) a veces resulta engorroso y hasta tedioso, pero saber al menos el género (la primera parte del nombre) nos permitirá conocer su origen o distribución geográfica y así poder saber cómo cuidarlos. Las condiciones de elevada humedad, combinadas muchas veces con bajas o altas temperaturas que presenta Buenos Aires no han sido un impedimento para que tanto cactus como suculentas se adapten al medio. Opuntia y Cereus son dos géneros que suelen verse en muchos jardines. Van bien en maceta y mucho mejor si los llevamos a la tierra, el problema es que se vienen enormes. Otros géneros de cactus como Mammillaria, Notocactus, Parodia o Echinopsis son de fácil manejo y por ende ideales para el coleccionista novato.

Entre las suculentas sobresale la singular y variada belleza de las Echeverias de origen mexicano. Aeonium, Sedum, Graptopetalum, Crássula y Kalanchoe son otros géneros atractivos y sencillos para hacer las primeras armas.

Defensa de las plagas

Como todo ser vivo, no están exentas de sufrir ataques de plagas y enfermedades. Las plagas más comunes son cochinillas (algodonosa y costrosa), arañuela roja, pulgones y caracoles.

Cochinilla: son insectos que pican y succionan. Si no son controladas, en poco tiempo pueden acabar con un cactus. Las algodonosas forman como un pequeño capullo de algodón entre las espinas. La costrosa se adhiere a los tallos en forma de pequeños escuditos formando colonias. En ambos casos se recomienda pasar un cepillo de dientes embebido en una solución de agua con alcohol sobre los insectos, o bien aplicar un producto químico específico (dimetoato).

Arañuela: se trata de un ácaro que no se percibe a simple vista. Aparece cuando el ambiente es muy seco y produce lesiones a nivel de la epidermis de la planta que se manifiesta con manchas de color pardo. Como prevención conviene pulverizar periódicamente, sobre todo los cactus. Para combatirla se aplican acaricidas (dimetoato).

Pulgones: al aumentar la temperatura aparece este insecto muy típico de los jardines, que se alimenta de la savia de las plantas y que gusta especialmente de las varas florales y los brotes jóvenes de las suculentas. Para eliminarlos rociarles agua con alcohol, tabaco y jabón, o bien utilizar algún insecticida específico.

Caracoles: los legendarios caracoles son fans de las suculentas. Son de hábitos nocturno y producen heridas importantes en sus hojas carnosas. Existen cebos muy eficaces en los viveros.

Entre las enfermedades, aparecen las causadas por hongos y están relacionadas generalmente con el exceso de riego, o bien con la combinación de humedad ambiental más frío, lo que en general suele ser fatal para cactus y suculentas. El cultivo de cactus y suculentas se apoya fundamentalmente en tres principios básicos: Ubicarlos en sitios con muy buena disposición de luz como pueden ser un patio, un balcón, el alfeizar de una ventana, si poseen algún resguardo mejor, preparar un sustrato suelto y bien drenante, como ya hemos explicado anteriormente y llevar a cabo un buen manejo del riego.

Este último punto es donde más comúnmente suelen cometerse errores. Y para no fallar es necesario conocer un aspecto fisiológico característico que poseen estas plantas: la gran mayoría de los cactus y muchas suculentas experimentan un período de reposo en el cual sus funciones metabólícas se reducen al mínimo. En climas templados como el bonaerense, entran en reposo a partir de abril y hasta mediados de setiembre aproximadamente. En esta etapa puede observarse una deshidratación normal en los cactus (algunos pueden verse arrugados o con sus costillas más filosas) por la que no hay que preocuparse. Como coincide con la estación fría, conviene dejar de regarlos hasta la llegada de la primavera, donde comienzan a “despertarse” y arrancan su período de crecimiento y reproducción. A partir de los meses más cálidos podemos regar con mayor frecuencia (en verano podemos hacerlo día por medio) teniendo en cuenta siempre que el sustrato esté seco para volver a regar.

A las crasas podemos regarlas con cuidado en otoño-invierno, eligiendo días soleados. Por todo lo expuesto, conviene siempre poder manejar el riego, esto significa tenerlas protegidas de las lluvias. Y tener esta máxima siempre a mano: “es más fácil matar un cactus por exceso de agua, que por falta de ella”.

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