Cómo festejar sin excesos

Por Andrea Jatar, creadora de De la Olla (www.delaolla.com)

Llegan las últimas semanas del año y siempre sentimos lo mismo: qué lindo el espíritu de festejo, las reuniones en que nos ponemos contentos de compartir las fiestas con quienes queremos, la comida que a veces sólo comemos en esas ocasiones, las ganas de probarlo todo, porque cada uno pone lo que puede pero trata de acompañar la ocasión, no? Pero cuesta mucho medirse. La charla, la música si la hay, la alegría de reencontrarnos con alguien que hace mucho que no vemos, la melancolía de recordar a quienes ya no están y muchas razones más que nos hacen difícil la tarea de comer medidos. Y al día siguiente… al día siguiente la cosa continúa! Lo que sobró, en el mejor de los casos va al freezer, racionado para que nos saque de apuro en los próximos meses, pero si ya estamos atiborrados, queda en la heladera listo para seguir ingiriendo. Y nuestro estómago? Nuestra cabeza? Nuestro cuerpo? Pasemos al día después. Cómo nos sentimos? Pésimo. Mal descansados. Sin hambre. Y así continúa la semana. Tratando de recuperarnos.

Entonces… cómo evitar los malestares del día después? No es fácil, pero se puede.

* La alternativa más eficiente es buscar la complicidad de quienes compartiremos las fiestas. Una complicidad previa, en la que se planifique el menú teniendo en cuenta la cantidad de gente que asisitirá: entrada, plato principal y postre, en porciones exactas. Pero si hubiesen, por ejemplo, dos entradas diferentes, entonces el tamaño de la porción debería ser la mitad. Así y todo, la comida sobra.

* Otra opción es medirse. Es más difícil, pues ante la gran y exquisita oferta, y la charla, dan ganas de seguir probando. Entonces: elegir, servirse una vez y no repetir. Nada de: “qué rico que está, voy a comer otra vez porque con la mejor de las suertes hasta el año que viene no lo pruebo”. Nada de eso. Voluntad de acero.

* Las bebidas son otro problema. Si hace calor, la misma sed invita a tomar de más. La variedad, los tragos que jamás se nos ocurre hacer en casa, las gaseosas, el vinito, el champán, la sidra… en fin, lo mismo que con la comida: si no hay un menú ajustado, entonces elijamos una sola cosa de la variedad que se nos ofrece y voluntad de acero.

* No hay fórmulas mágicas. Evitar los excesos depende sólo de nosotros mismos. Festejemos con racionalidad y al otro día estaremos como cualquier día del año, felices de sentirnos saludables. Se puede.

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