Concluye la reconstrucción de la iglesia más antigua de la Ciudad, La iglesia de San Ignacio

La construcción más antigua de la ciudad, el primer templo católico de Buenos Aires, la iglesia de San Ignacio, que estuvo en serio riesgo de colapsar en el Casco Histórico ubicado en el barrio porteño de Montserrat, ya casi fue reconstruido en su totalidad luego de su rescate que comenzó en el 2003, informaron voceros oficiales.

Si bien aún resta terminar la última etapa de los trabajos, sobre la fachada de la calle Alsina y los claustros, más la restauración de un par de retablos en su interior, el edificio construido en 1722, que tuvo rajaduras de varias decenas de metros, fue asegurado sin alterar su estilo original.

Los estudios realizados con un modelo matemático permitieron establecer que el paso de los colectivos no fue el causante de las rajaduras del frente, sino que éstas se produjeron por una pérdida de agua produjo una filtración en el túnel histórico que pasa bajo el altar mayor que afectó a una columna.

Las tareas desarrolladas por la Dirección Nacional de Arquitectura (DNA), con fondos del Ministerio de Planificación Federal, más el 20% de aportes privados y del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, fueron encausadas por un estudio realizado por el equipo del arquitecto Jorge Fontán Balestra, quienes detectaron la falla que afectó al edificio.

El ingeniero Jorge Beverati explicó a Télam que con el moderno sistema informático, Fontán Balestra «estableció que no era que la torre del frente cayera hacia adelante como se creía en un principio, sino hacia la calle Alsina».

Pero el problema no era de la espadaña -aclaró- «sino que provenía desde el interior y del subsuelo de la estructura, ya que el túnel histórico se encuentra a 1,60 metros de profundidad, bajo la iglesia, cuyos cimientos solo llegan hasta los 1,20 metros».

El profesional detalló que «una filtración en el túnel que corre bajo la calle Alsina, a la altura del altar, donde dobla hacia los claustros, afectó una de las cuatro columnas que sostiene la cúpula» y eso traccionó al resto de la estructura hasta llegar al frente con las rajaduras.

De manera que «la fachada norte caía sobre la calle Alsina, al igual que la torre norte, pero el techo tenía una rajadura que apuntaba desde el frente hacia el altar», indicó el especialista.

Beverati detalló que si bien «el edificio se apuntaló de manera preventiva, el estudio demostró que el mismo podía caer de todas maneras, ya que la falla estaba en otra parte y la estructura armada no era la necesaria».

El arquitecto Guillermo Frontera, titular del Distrito Capital Federal y Buenos Aires de la DNA, precisó con los datos del estudio, y con el proyecto de intervención del arquitecto Eduardo Scagliotti, se contrataron los trabajos que incluían la condición de no alterar el patrimonio cultural.

Frontera precisó que las paredes de barro, paja y bosta de hasta 1,14 metros de espesor fueron refortalecidas con una técnica que se llama «encalzar», que luego se tuvo que trasladar a los cimientos del templo.

Beverati consignó que para fortalecer el frente del templo se colocaron dos piezas de acero inoxidable de punta a punta, que no se ven, en tanto que en el cimborrio delante el altar se instaló una estructura similar a una percha, para evitar nuevos movimientos.

Todo el trabajo se realizó con el concepto de «restauración sensible», supervisado por la Dirección General de Museos, para que no se cambie el patrimonio arquitectónico al punto de que fue pintado con cal, tal como se hizo originalmente.

Para el acabado final del templo, se reconstruyó el sistema de iluminación, se cambió todo el cableado y se instalaron modernas lámparas de iluminación donadas por una de las empresas líderes del ramo.

La iglesia se salvó gracias a la reacción del sacerdote Francisco Delamer quien una mañana de 2003 cortó la calle Bolívar para que no pasen más colectivos, quien un par de años después fue reemplazado por Francisco Baigorria, actual párroco del lugar.

Baigorria recordó que Delamer reaccionó ante el escombro que caía de las rajaduras «históricas» y agregó que ahora la feligresía, los estables de los fines de semana y los de paso de lunes a viernes están «felices» al ver la finalización de los trabajos.

«Se creía -dijo- que estas como tantas cosas en el país no se iban a resolver y esto es mucho más agradable».

También recordó que Delamer, luego de «cortar el tránsito», sufrió «un quiebre emotivo» y al poco tiempo renunció. Esta semana, el ex párroco fue operado y ahora se repone de una intervención.


Respetaron los materiales originales y mejoraron los rendimientos

La reconstrucción de la iglesia más antigua de la Capital Federal, San Ignacio del barrio porteño de Montserrat, se realizó sin alterar los materiales originales, fortaleciendo los existentes, pero en el caso de tener que reemplazarlos, se usaron elementos más livianos.

Todo el templo fue construido en 1722 con ladrillos unidos con argamasa de barro, bosta y paja, detalló el arquitecto Guillermo Frontera, titular del distrito Capital Federal y Buenos Aires de la Dirección Nacional de Arquitectura.

El especialista detalló que «para sostener la cúpula y las dos torres, necesitaron paredes de más de un metro de ancho, en tanto que se pintaba «a la cal». Este material no es lavable por lo que el paso de las palomas lo puede afectar, pero no se va a cambiar.

La iglesia construida por los Jesuitas, parte de la Manzana de las Luces, todavía cuenta con sus ladrillos originales, más largos que los actuales que se conservaron bastante bien, por lo que los trabajos de fortalecimiento se concentraron casi siempre en la argamasa donde se inyectó cemento o masa epoxi.

Estos materiales más modernos se ajustaron mejor al problema que sufrió la construcción ya que eran más livianos por lo que no podían dañar más estructura afectada, precisó Frontera.

Recordó que en el año 2003 cuando el párroco Francisco Delamer cortó la calle Bolívar para que eviten la caída de la construcción se armó «una iglesia provisoria con placas de Durlock y se montó un andamio tipo pórtico», mientras comenzaban las tareas en la bóveda de la Nave Central, con piezas de metal, llaves, para cerrar las grietas, de manera preventiva.

Frontera defendió el antiguo sistema de construcción sin cemento, material que se empezó a usar en el país a fines del siglo XIX y XX, y señaló como causantes del problema a las cañerías de agua, luz, gas, por la forma caótico con que se realizaron.


Tras 290 años, el templo jesuita fue renovado

La Compañía de Jesús que llegó a América en 1568, levantó la iglesia de San Ignacio, primero junto al fuerte y luego en lo que fue la Manzana de las Luces, en dos etapas, junto al Colegio de San Carlos, actual Nacional Buenos Aires.

San Ignacio también fue el segundo nombre del templo, un año después de su canonización ya que en principio se llamaba Nuestra Señora de Loreto, que se terminaron en 1675.

Pero como esa primera construcción también corrió riesgo de derrumbe, en en 1710 se la comenzó a reparar, y en 1712 se inició la obra que se conoce actualmente, con la torre sur, la que no tuvo inclinación con piedra traída de la Isla Martín García.

El templo fue inaugurado en 1722, con otra torre, copiada de la primera, pero se terminó en 1734, según datos de la Dirección Nacional de Arquitectura, y fue consagrada en 1735, según un documento que se conserva en la sacristía «el 7 de octubre por el Obispo de Asunción, Fray José Palos».

Pero la expulsión de los Jesuitas no afectó a su legado ni a su templo y tras la Revolución de Mayo fue utilizado para realizar cabildos abiertos.

Si bien es conocido que la primera vez que se conoció el Himno Nacional fue en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, sobre la actual calle Florida, existen registros oficiales de que la primera vez que se tocó en público fue en San Ignacio porque allí Blas Parera era el pianista.

La historia argentina pasó por este templo con todos sus elementos. Hubo momentos dramáticos como los sucesos de 1955, y el casamiento del fututo presidente Nicolás Avellaneda con Carmen Nóbrega Miguens, el 23 de Octubre de 1861, ambos huérfanos de padre por los enfrentamientos contra Juan Manuel de Rosas.