Contestación a la nota de Paula Herrera. Las Comunas y el derecho a no participar. Por Paula Herrera*

Siempre que se habla de Comunas se refiere a ellas como herramienta de participación ciudadana. Pero nadie se anima a hablar del lado opuesto: el derecho que tiene el vecino a no participar en los espacios institucionales del sistema comunal destinados a ello.

Hoy en Argentina sólo el voto es obligatorio. Pero en otros países el voto es voluntario e incluso acá hay ciertas excepciones donde es voluntario, un tema que forma parte del debate actual que se abrió por la ampliación del derecho del sufragio a los jóvenes de 16 años.

¿Qué quiero decir con esto? Que más allá de las consideraciones personales, juicios de valor, prejuicios, y conclusiones morales acerca de la bondad de que una sociedad participe, de un mayor compromiso, de involucrarse en los asuntos públicos, si creemos en que la libertad es un valor supremo – y estoy segura de que lo es- , el derecho a no participar también es un derecho igualmente válido. Es decir que el vecino tiene derecho a elegir formar parte activa o no de las instituciones destinadas a ello como por ejemplo del Consejo Consultivo Comunal presente en cada una de las comunas.

Reconocer este derecho implica varias cosas. En primer lugar, la persona eligió mediante el voto un representante para que decida por él. En segundo lugar, podríamos decir que esta actitud refuerza el sistema representativo de gobierno. En tercer lugar, implica respetar la libertad individual de cada uno a elegir en qué invierte su tiempo. En cuarto lugar, y lo más importante, implica favorecer la igualdad, porque significa que más allá de la decisión adoptada de participar o no, se debe tener en cuenta de igual manera a una persona que participa de una que no, siendo sus reclamos como ciudadano igualmente válidos. No hay ciudadanos de primera y de segunda.

Esta tensión entre el principio participativo (derecho a participar) y el principio representativo (derecho a no participar) está muy presente en la Ciudad de Buenos Aires, debido a que su Constitución tiene un fuerte signo tendiente a la participación del vecino, pero sobre todo es muy visible en las Comunas, reflejado en el vínculo entre la Junta Comunal (representantes elegidos por el pueblo) y el Consejo Consultivo Comunal (vecinos participativos).

Con todo esto no quiero decir que la participación sea un elemento negativo, todo lo contrario. La participación tiene un valor material y simbólico fundamental para un sistema político y una democracia. Es por ello que a mi entender, el rol de los representantes es recordar que fueron electos, lo que implica tener en cuenta las necesidades y tomar decisiones sin olvidar a aquellos sin una voz activa, que únicamente se expresan mediante el voto, e incluso a aquellos vecinos que por diversos motivos no ejercen el derecho al voto, como por ejemplo los niños.

* Paula Herrera se desempeña como representante comunal de la Comuna 14 siendo una de las más jóvenes en su cargo.


LA RESPUESTA EN EL BARRIO NO SE HIZO ESPERAR

COLISIÓN DE VALORES
Hace unos días, llegó a nuestras manos una nota de la Juntista de la Comuna 14, Paula Herrera con el título que decía “Las Comunas y el derecho a no participar ”. Dado que la nombraba fue electa para cumplir los principios expresados en la ley 1777 y la Constitución de la CABA, tuvimos la presunción mientras leíamos, que dicho título no era otra cosa que un artículo defensor de la participación con una combinación literaria gobernada por la ironía. Debemos confesar que nos habíamos equivocado. Lo central de las ideas era la defensa de la no participación ciudadana y justificaba su opinión dándole a eso la categoría de derecho.

Bueno, nos atrevemos a interpretar que se ha confundido y que no conoce ni entiende la definición del derecho. En aras de estructurar una reflexión de solidez, nos surgieron algunos interrogantes que expondremos a continuación:

¿Debemos aceptar o contestar con el silencio el defender la indiferencia social y política de representantes, en nuestro caso puntual, elegidos para instalar, divulgar y dirigir la participación?

¿No tiene importancia pregonar y difundir valores éticos o sociales y amalgamarlos como virtudes cívicas para una democracia de condiciones participativas?

¿Puede sostener seriamente un representante participativo, que en las democracias el trabajo solidario quede relegado por el supuesto derecho de la no participación?

La no participación es para nosotros una actitud política o cultural, no es un derecho, para que lo sea, debiera estar reconocido y legitimado por las sociedades de características democráticas y no lo está. Suponemos que Herrero, confunde la no participación con el ocio, que sí, es un derecho. Llama la atención y ampara la lectura que hacemos sobre sus opiniones, el que no tenga en cuenta que los derechos humanos y las libertades fundamentales constituyen uno de los dos pilares de la convivencia en la sociedad democrática. El otro pilar, el de los deberes, discriminadamente lo ha dejado desaparecido. Dado que observamos en sus expresiones escritas una colisión de valores con los nuestros, nos permitimos hacerle saber que nos respaldamos básicamente en la Declaración Universal de Derechos de 1948 que establece: 1) «toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella puede desarrollar libre y plenamente su personalidad» (artículo 29.1) y 2) La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión, integrada en el Tratado Constitucional de 2004 y que actualiza en parte, los derechos que figuran en el Convenio Europeo de Derechos Humanos de 1950, advierte en el preámbulo de que el disfrute de los derechos «implica responsabilidades y deberes tanto respecto de los demás como de la comunidad humana y de las generaciones futuras».

Nosotros entendemos que la radiante claridad de los derechos humanos y personales, es debilitada por la oscuridad, si no se acompaña con el aceptado y la actuación de los deberes cívicos entrelazados e impulsores del apoyo a lo participativo. Es más, estamos convencidos que la sensación de impunidad cívica por inexistencia de deberes explícitos, constituye a la vez un riesgo para la convivencia y una amenaza creciente a la calidad de la democracia.

Pensamos que estamos colisionando en principios referidos a la ética con Paula Herrera y lamentamos tener diferencias de comienzos en lo que hace a lo comunal, cuyo valor desearíamos que fuera, el de tener una personalidad ciudadana adulta que asuma la participación sostenida por un trípode basado en principios de responsabilidad, tolerancia y solidaridad.

MOVIMIENTO COMUNERO

Norma Drobner una de las vecinas participativas historicas del barrio de Palermo le sale a responder a Paula Herrera
No tengo el mail de Paula Herrera por lo cual les pido que le hagan llegar las pocas lineas siguientes:

Sra. Herrera: No entiendo como una persona que se presentó como candidata a la Junta, aceptó el resultado (y, como consecuencia está recibiendo el sueldo) reclama en contra del gobierno participativo. Si tanto quiere ser representativa, renuncie y presentese en las elecciones legislativas nacionales.
Norma Drobner

Paula Herrera: claramente veo que no se entendió el mensaje ni el contenido de la nota, tendré que escribir otra más larga explicando la anterior. Tendrás la primicia! Mi mail es pherrera@buenosaires.gob.ar, si podés se lo acercás a Norma? Gracias!