«Cristina, una estadista» Eduardo Sanguinetti, filósofo, poeta y performer.

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La coalición conformada por exrivales «Frente de Todos», con Alberto Fernández como candidato a presidente de la República Argentina, derrotó en primera vuelta a la alianza de Macri, «Juntos por el Cambio», por un porcentaje de votos bastante menor al esperado por encuestadoras y los propios candidatos.

La brillante estrategia de Cristina Fernández, quién ofreció a Alberto Fernández, con generosidad, no demasiado habitual en el peronismo, la posibilidad de ser candidato a la presidencia en las elecciones presidenciales 2019, es el principal motivo del triunfo del Frente de Todos. Estrategia de Cristina que fue motivo de innumerables artículos laudatorios en los principales medios del mundo, que dejaron en claro la calidad de superlativa estadista de la ex-presidente de Argentina.

Esta estrategia no hubiera dado los resultados expuestos en la elección, que dio como ganador a Alberto Fernández, un político pragmático, capaz y con talento para relacionarse con quién sea, sin la incapacidad demostrada por Mauricio Macri en casi cuatro años de gobierno, donde no ha sabido manejar la variables básicas de la macroeconomía y microeconomía, incapacidad que ha dado índices de pobreza e indigencia inimaginables, inflación, ajustes tremendos y corridas cambiarias, que hicieron que la posibilidad de reelección de este presidente quedaran anuladas.

En un juego sádico de dominio y servidumbre, que pudimos apreciarlo en el gobierno de Macri, en un país como Argentina, donde las instituciones son débiles, y las relaciones móviles e intercambiables se agudizan de manera impiadosa, donde ese «otro» sujeto que está atado a un «collar de perro» o a los juegos perversos y pervertidos del sacrosanto «torturador», puede ocupar el lugar de dominio, subvertir la ley que rige el destino de los cuerpos, puede cambiar el porvenir y provocar el pasaje de esclavo a amo… sin descontar adhesiones a este tipo de administración neoliberal desinstitucionalizada, donde los seguidores fanatizados de Macri, heredero del conservadurismo feudal del pasado, que pareciera no termina nunca de desaparecer, conformaron de manera contundente una oposición «dura» aferrada a activos incorpóreos, a promesas incumplidas por su líder, un mentiroso serial, que aseguró en campaña de 2015 «Pobreza cero», o que eliminar la inflación «sería la cosa más simple», entre otros delirios de ocasión.

Macri y & tuvieron una visión bastante ingenua del devenir histórico, al creer que con una campaña cuasi delictiva de medios corporacionistas y sus esbirros, lanzando difamaciones y fake news a repetición día a día, iba a eliminar al kirchnerismo, un obstáculo gravoso para los mercados, que no votan, el desarrollo de un país para pocos sería un hecho, pero no fue así… sin embargo el resultado en porcentaje de votantes, fue digno para este presidente, que vale puntualizarlo, más allá de lo diplomático, la promesa de aperturas de mercados comerciales que no han tenido espacio y una ¿exitosa? cumbre del G20 en Buenos Aires a fines de 2018, la prometida «lluvia de inversiones» nunca llegó, sólo una deuda de miles de millones con el FMI, que si llegaron y no se sabe a ciencia cierta donde se encuentran.

Macri se quiso abrir al mundo cuando el mundo se estaba cerrando, le envío señales y frases seductoras a los mercados, pero los inversores insisto no votan, votan los ciudadanos, un mal karma para Macri, que pareciera no se sensibiliza con los que sufren políticas bestiales de ajuste, de hambre y de ausencia de libertad de expresión, presentes en esta administración de evasores offshore, legitimados por un «núcleo duro», odiador patológico de la expresidente Cristina Fernández

Macri solo logró atraer a inversores especulativos, que terminaron provocando las corridas cambiarias de 2018 y 2019, cuando perdieron confianza en la posibilidad de reelección del presidente. Los seguidores del gobierno consideran que solo fue mala suerte.

No olvidemos que en sus primeros años el kirchnerismo gozó de un contexto internacional muy favorable, con precios récord de materias primas que le permitieron a este país agroexportador crecer a «tasas chinas». De todos modos más allá de la suerte, hubo un mal diagnóstico de la realidad y una pésima respuesta de Macri, como presidente de un país emergente.

Cristina Fernández, a pesar de todos los contratiempos a los que debió enfrentarse, tenía la llave de la unidad peronista-kirchnerista, pues para todos era el factor que dividía y de manera contundente, oportuna, talentosa y generosa supo utilizarla, con un feliz resultado. Ha vuelto, contra todas las previsiones de los agoreros del síntoma.