Dejá de ser una persona buenita y comprensiva

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Millones de personas llevan adelante su profesión o sus relaciones familiares y de pareja, de manera que se posicionan en un rol de salvadores: tienden a ayudar a los demás, rebajándolos y quitándoles la dignidad de percibir por si mismas sus recursos y herramientas.

Bert Hellinger, creador de las constelaciones familiares, explica en su libro de “Los ordenes de la ayuda” que uno de los desordenes cuando ayudamos, es que queremos hacerlo como si fuésemos padres y los destinatarios unos niños. De esta manera podemos generar relaciones de pareja asimétricas en las que damos, nos colocamos al hombro los problemas emocionales del otro porque “somos fuertes y comprensivos” y el “otro pobre…no puede”. O bien en el trabajo o nuestra actividad comercial, toleramos actitudes y conductas inadecuadas que nos perjudican, porque queremos ayudar y colaborar con los problemas del otro. Ni que hablar si hablamos de la familia…hay personas que insisten en ser las contenedoras y aguantadoras de las conductas problemáticas de sus hijos, hermanos y pareja, hasta el punto que explotan a través de síntomas psicosomáticos o bien depresiones y cuadros severos de estrés.

¿Por casualidad te ocurre algo de esto en tu vida familiar, amorosa o profesional? ¿Tendés a ser una persona ayudadora en exceso hasta el punto de llenarte de bronca, malestar y enfermarte? ¿Te cuesta colocar límites a la ayuda que brindás? Uno de los desordenes de la ayuda es cuando rebajamos al otro, percibiéndolo como una victima digna de lastima. En realidad, en vez de reconocer que el otro tiene sus dificultades y recursos, preferimos ver solo lo primero, dejándolo en una subcategoría. Este es el mecanismo por el cual, miles de mujeres y hombres eligen y sostienen un vinculo de pareja desparejo. O bien toleramos un trabajo con un cliente o jefe que nos perjudica…o malcriamos hijos, hermanos y padres que actúan como parásitos.

La manera de cortar con este patrón tóxico que nos llena de ira y tensiones, es simplemente bajarnos del pedestal, saber que somos humanos y que frente a nosotros tenemos personas con sus recursos. Comprender que ayudar, significa valorar al otro con sus capacidades y recursos, y no dejarlo como un “pobrecito e incapaz”. Comprender esto, me ayuda enormemente a ayudar en mi profesión como psicólogo y a mis familiares. Sabiendo que ellos pueden y yo no soy el sabelotodo que debe cambiar sus vidas. Eso es bajar de la omnipotencia. Y eso ayuda a prevenir enfermedades y kilos de dolor y malestar.

Por ende, la próxima que sientas malestar frente a una persona que considerás “pobrecita y que no puede por si misma”, recordá que esa creencia puede resultar un tanto distorsionada y que en vez de ayudarla, la estás rebajando e impidiendo que haga el esfuerzo por si misma. No hay nada más digno y empoderante que percibir al destinatario de nuestra ayuda como una persona capaz y con recursos en vez de un pobrecito incompetente e idiota.

Un abrazo y te deseo una semana de ayuda pareja.
Pablo Nachtigall
Psicólogo clínico, Capacitador y escritor.
Tel.: 154 946 9491
 

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