Diógenes sentado en su tinaja. Jean-Léon Gérôme (1860).

Diógenes y su frase sobre la calumnia y la adulación

Diógenes fue exiliado de su ciudad natal y se trasladó a Atenas, donde se convirtió en un discípulo de Antístenes, el más antiguo pupilo de Sócrates. Diógenes vivió como un vagabundo en las calles de Atenas, convirtiendo la pobreza material extrema en una virtud. Diógenes nació en la colonia jonia de Sinope, situada en la costa sur del mar Negro, en el 412 a. C. Nada se sabe acerca de su infancia excepto que era hijo de un banquero llamado Hicesias. Ambos fueron desterrados por haber fabricado moneda falsa. Diógenes se gloriaba de haber sido cómplice de su padre, y este suceso prefiguró, en cierto modo, su vida filosófica. Al parecer, estos hechos han sido corroborados por arqueólogos. Han sido descubiertas en Sinope un gran número de monedas falsificadas (acuñadas con un gran formón) que se han datado en la mitad del siglo IV a. C. y otras monedas de la época que llevan el nombre de Hicesias como el oficial que las acuñó

Diógenes y su frase sobre la calumnia y la adulación

Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico, fue un filósofo griego del siglo IV a.C. perteneciente a la escuela cínica. Famoso por su estilo de vida sencillo y austero, y por su actitud crítica hacia las convenciones sociales, Diógenes se convirtió en una figura legendaria por su ingenio mordaz y su desprecio por las normas.

La frase «Las mordeduras mas peligrosas son las del calumniador, entre los animales salvajes y las del adulador entre los animales domesticos» se atribuye a Diógenes y refleja su visión crítica de la sociedad. En ella, compara a los calumniadores con animales salvajes y a los aduladores con animales domesticados, ambos peligrosos a su manera.

Análisis de la frase:

  • Calumniador: Se refiere a una persona que difama o habla mal de otra con la intención de causar daño o menoscabar su reputación.
  • Mordedura: Simboliza el daño que puede causar la calumnia.
  • Animales salvajes: Representan el peligro y la amenaza externa.
  • Adulador: Persona que alaba o lisonjea a otra de manera excesiva y falsa, buscando obtener un beneficio personal.
  • Animales domesticados: Representan el peligro y la amenaza interna, más sutil y disimulada.

Interpretación:

Diógenes consideraba que la calumnia era un acto tan peligroso como el ataque de un animal salvaje. Las palabras malintencionadas pueden herir profundamente a las personas y destruir su reputación. De manera similar, la adulación, aunque en apariencia menos dañina, puede ser tan peligrosa como la calumnia, ya que puede corromper a las personas y desviarlas del camino correcto.

Relevancia actual:

La frase de Diógenes sigue siendo relevante en la actualidad. En un mundo donde la comunicación es instantánea y la información se difunde con rapidez, la calumnia puede tener un impacto devastador en la vida de las personas.

Las redes sociales han amplificado el poder de la calumnia, permitiendo que las mentiras se propaguen con facilidad y rapidez.

La adulación también sigue siendo un problema en la sociedad actual, especialmente en el ámbito político y empresarial.

Es importante recordar la advertencia de Diógenes y ser conscientes del daño que pueden causar la calumnia y la adulación.

Otras frases célebres de Diógenes:

  • «Prefiero mendigar que adular.»
  • «El hombre es un animal bípedo sin plumas.»
  • «Si yo fuera rey, Alejandro Magno sería mi palafrenero.»
  • «No necesito nada, excepto sol en invierno y sombra en verano.»

Recursos adicionales:

Se han conservado algunos bustos antiguos de Diógenes (Ciudad del Vaticano, Capitolio, Louvre), así como un bajorrelieve en la villa Albani (Diógenes y Alejandro). Es uno de los sabios de la antigüedad más representados por la pintura barroca: Diógenes con la linterna, por Jordaens (Dresde), Ribera (Dresde); Diógenes tirando su escudilla, Poussin (Louvre), S. Rosa (San Petersburgo), K. Dujardin (Dresde). Diógenes decía que los dioses habían dado al hombre una vida fácil, pero que estos se encargaban constantemente de complicarla y hacerla mucho más difícil; que la sabiduría era para los hombres templanza, para los viejos consuelo, para los pobres riqueza y para los ricos ornato. Se sabe también que sostenía que la muerte no era un mal, pues no tenemos conciencia de ella. Se le considera inventor de la idea del cosmopolitismo, porque afirmaba que era ciudadano del mundo y no de una ciudad en particular. Sus discípulos fueron Mónimo, Onesícrito, Filisco y Crates de Tebas, y la esposa de este último, Hiparquía. Diógenes y los perros Algunas anécdotas sobre Diógenes hablan acerca de su comportamiento como el de un perro y sus alabanzas a las virtudes de los perros. Esto tiene su razón de ser en la palabra cínico. El nombre de cínicos tiene dos orígenes diferentes asociados a sus fundadores. El primero viene del lugar donde Antístenes, su maestro, fundó la escuela y solía enseñar la filosofía, que era el santuario y gimnasio de Cinosargo, cuyo nombre significaría kyon argos, es decir perro ágil o perro blanco. El segundo origen tiene que ver con el comportamiento de Antístenes y de Diógenes, que se asemejaba al de los perros, por lo cual la gente los apodaba con el nombre kynikos, que es la forma adjetiva de kyon, perro. Por tanto kynikos o cínicos sería similares al perro o perruno. Esta comparación viene por el modo de vida que habían elegido estos personajes, por su idea radical de libertad, su desvergüenza y sus continuos ataques a las tradiciones y los modos de vida sociales. ALEJANDRO Según la leyenda, que parece ser creada con Menipo de Gadara, Diógenes, en un viaje a Egina, fue capturado por los piratas y vendido como esclavo. Cuando fue puesto a la venta como esclavo, le preguntaron qué era lo que sabía hacer, y respondió: “Mandar. Comprueba si alguien quiere comprar un amo”. Fue comprado por un tal Jeníades de Corinto, quien le devolvió la libertad y lo convirtió en tutor de sus dos hijos. Pasó el resto de su vida en Corinto, donde se dedicó enteramente a predicar las doctrinas de la virtud del autocontrol. Durante los Juegos Ístmicos, expuso su filosofía ante un público numeroso. Pudo haber sido allí donde conoció a Alejandro Magno. Se dice que una mañana, mientras Diógenes se hallaba absorto en sus pensamientos y tomando el sol fuera del gimnasio que estaba a las afueras de Corinto, había mucho ajetreo. Se decía que el rey, Alejandro Magno, había llegado. Tal era la fama que tenía Diógenes, que el propio Alejandro estaba interesado en conocer al famoso filósofo. Antes de que Diógenes pudiera saber qué ocurría, se vio rodeado por un montón de ciudadanos de Corinto y se produjo el encuentro. Llegó Alejandro acompañado de su escolta y de muchos hombres más. Alejandro Magno se puso frente a él y dijo: «Soy Alejandro», a lo que Diógenes respondió: «Y yo Diógenes, el perro». Hubo murmullos de asombro ante la sorprendente respuesta del filósofo pues nadie se atrevía a hablar así al rey. Alejandro preguntó: «¿Por qué te llaman Diógenes, el perro?», a lo que Diógenes le respondió: «Porque alabo a los que me dan, ladro a los que no me dan y a los malos les muerdo». De nuevo, más murmullos, pero Alejandro no se dejó inmutar por esas respuestas y le dijo: «Pídeme lo que quieras». Por lo que Diógenes sin inmutarse le contestó: «Quítate de donde estás que me tapas el sol». Se hizo una exclamación generalizada de todos los presentes ante una petición tan pobre a un hombre que todo lo podía dar. Alejandro, sorprendido, le preguntó: «¿No me temes?», a lo que Diógenes le contestó con gran aplomo con otra pregunta: «Gran Alejandro, ¿te consideras un buen o un mal hombre?» Alejandro le respondió: «Me considero un buen hombre», por lo que Diógenes le dijo: «Entonces… ¿por qué habría de temerte?». Toda la gente se escandalizó. Alejandro pidió silencio y dijo: «Silencio… ¿Sabéis qué os digo a todos? Que si no fuera Alejandro, me gustaría ser Diógenes»