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Dr. Máximo Ravenna “Mutilarse no soluciona la obesidad».

Lo dijo el Dr. Máximo Ravenna ante la implementación de la cirugía bariátrica en la lucha contra la obesidad. El especialista en trastornos de la alimentación critica el uso excesivo o el mal uso de este tipo de intervenciones y advierte sobre las consecuencias negativas que pueden suscitarse luego de la aplicación.

«Hay casos en donde se induce a engordar más a los pacientes para que entren dentro del protocolo de adelgazamiento con este tipo de intervención». El médico y psicoterapeuta manifestó que se trata de un estadio del tratamiento que debería ser el último paso para el trabajo sobre pacientes extremos y muy puntuales, pero que actualmente en muchos casos se toma como una primera opción”.

“Si no hay un cambio de hábitos, se engorda irremediablemente. Si yo trabajo bien ese cambio, no tengo porque trabajar en cirugía”, afirmó el doctor y añadió que “la gente que es derivada a cirugía perdió el amor propio”. El titular del Centro terapéutico que lleva su nombre afirmó que aunque con la operación el obeso baja rápidamente de peso, si no hace un tratamiento muy intenso, puede recuperar todos los kilos perdidos.

Además, indica que existe el peligro de transformar la adicción a la comida a otro tipo de adicción, ya sea alcoholismo, drogas, bulimia o incluso violencia, porque ya no se puede canalizar a través de la comida y se busca otra salida, a veces, hasta más nociva. En consonancia con lo planteado por Ravenna desde hace varios años, un nuevo estudio, publicado en «The Journal of the American Medical Association (JAMA)», y presentado en la reunión anual de la Sociedad Americana de Cirugía Metabólica y Bariátrica durante los últimos días, las personas sometidas a la cirugía de la obesidad pueden tener una mayor prevalencia de trastornos por adicción al alcohol en el segundo año después de la operación.

Los autores de la investigación, señalan que existe evidencia de que algunos procedimientos de cirugía bariátrica alteran la farmacocinética del alcohol. Esto implica que dada una cantidad estándar de alcohol, los pacientes alcanzan un pico más alto en el nivel después de la cirugía, en comparación con controles, o con sus niveles preoperatorios. Los investigadores observaron que la prevalencia de los síntomas de la adicción fue significativamente mayor en el segundo año tras la operación. En total, un 7,9 por ciento de los participantes no adictos al alcohol en la evaluación preoperatoria, mostraron adicción en el postoperatorio. Desde la inclusión del tratamiento de la obesidad en el Programa Médico Obligatorio (PMO) existe además el riesgo de que se comience a usar de manera indiscriminada. «Esto tiende a generar que la gente se pueda operar con facilidad, incluso cuando se trata de pacientes que perfectamente podrían realizar un tratamiento no quirúrgico», indicó Ravenna.

En su opinión, con la cirugía de bypass gástrico se mutila el único órgano sano que tiene un obeso: el estómago. Según su exhaustiva experiencia, la obesidad empieza por la cabeza, con lo cual intervenir sobre el estómago es equivocar el camino de abordaje”. De hecho, Ravenna dice que entre sus pacientes hay algunos que llegaron a bajar 210 kilos «sin siquiera tomar una aspirina». «Nunca necesité mandar a nadie al quirófano, argumentó.

El desafío es que la persona que difícilmente puede bajar de peso, baje de todos modos», concluyó. El especialista consideró que para que un paciente obeso sea llevado al bisturí es necesario haber agotado todas las instancias no quirúrgicas posibles.