El aspecto social del vino

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Por Sabrina Cuculiansky, autora de El vino en zapatillas de Editorial Albatros.

El aspecto social del vino es una de sus razones de ser. El vino es una comida (¡realmente es su definición!) que desde siempre estuvo asociada con un ritual de consumo: familia, amigos, brindis. En el caso de los nuevos consumidores, especialmente los de entre 25 y 35 años, las situaciones de consumo derriban barreras y se flexibilizan; y así es como aparecen –por ejemplo– los vinos denominados pileteros, de una ecuación ideal entre precio y calidad, que resultan ideales para disfrutar
en el borde de la piscina, en un día soleado de picnic o como previa a una rica cena al aire libre. Esto tiene que ver con los hábitos de grupo. Son los jóvenes quienes en general introducen las nuevas etiquetas tanto a sus amigos como a los mayores de la casa. Ellos también son los que más se animan a experimentar en los bares, con tragos a base de vino, o los que prefieren copas frescas, frutadas y chispeantes en una pizzería.
Según la Radiografía del consumidor argentino de vino, la ocasión de consumo preferida más marcada es la cena, una realidad que aumenta en los vinos de alta gama, especialmente durante los fines de semana y siempre en compañía. Respecto al vino en general, la gente prefiere consumirlo en su hogar (49%); mientras que, al ser consultada por el consumo de vinos de alta gama, su primera preferencia cambia al restaurante (30%). Sin embargo, al incorporar más opciones de lugares de consumo, beber vinos en casas de amigos o familiares tiene una participación importante.
Por otro lado, las antiguas reglas de consumo, como los maridajes según comidas, están perdiendo presencia a la hora de elegir. Hoy, nadie duda tomar un blanco frío con una empanada o un tinto con pescado. Alberto Arizu asegura que “hay pocas reglas por las que el consumidor quiere elegir su vino de acuerdo con su humor o el de sus invitados. El vino es arte y el gusto por los vinos es muy personal, igual que el gusto por el arte, por eso no hay un consumidor para cada vino sino un vino para cada situación. La ocasión es un punto esencial en la elección”. Y como el consumidor actual ama la gastronomía, la buena vida…la acompaña con el vino. A pesar de que las marcas tratan de influir en la comunicación, solo él decide qué tomar en cada ocasión.
En eso coincide Eduardo López, CEO de Bodegas López: “El vino está asociado con el placer, con las emociones y con las situaciones particulares de cada uno, en cada momento. Los recuerdos también influyen en la decisión de compra; solemos elegir etiquetas ‘que tomaba mi papá’ o cosechas que nos recuerdan fechas importantes”.
La elección del vino depende de la comida, el público y el ambiente elegido. Paul Hobbs, consultor y winemaker estadounidense, es un consumidor de vinos que elige las ocasiones y propone que hay vinos para tomar todos los días, que son más económicos, y otros para momentos especiales. Unos para tomar sin pensar y otros que necesitan tiempo para
disfrutarlos con una comida.
Además, el consumidor se descontracturó, se puso las zapatillas y elige tomar el vino en vaso. También hay quienes llegan hasta a ponerle hielo, propuesta que funciona bien en la coctelería, como en los tragos con Torrontés o con Malbec sin madera. Lo importante de hacerlo así es que el vino no se caliente al sostener el vaso con la mano.

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