El Café de Marco, entre la escuadra, el compás y un café con conocimiento superior

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El Café de Marco en tiempos del Mayo de 1810 era un café ubicado estratégicamente a 100 mts del Cabildo. Allí se reunían los patriotas que conspiraban contra el Régimen Colonial y que sembraron el germen de nuestra Independencia. Hoy como ayer con el mismo espiritú revolucionario el nuevo Café de Marco, conducido por Marco Antonio Arslanian, es el lugar casi obligado para hacer turismo en Buenos Aires y comer pastas caseras al mismo tiempo.

Para entender mejor, vamos por partes

Sobre Tte Gral. J. D. Perón 1259 se encuentra esté importante Café de Buenos Aires donde se puede ver objetos de La Masoneria sobre sus paredes y se presenta para volver a valorar la institución iniciática, filosófica y filantrópica que tiene como base la fraternidad y aspira a la perfección social y moral del ser humano. Tiene un fuerte simbolismo tanto en su contenido, formas y funcionamiento. La palabra mason, albañil, está vinculada a los gremios medievales de constructores de catedrales quienes conocían los secretos de éstas y cuanto significaban el simbolismo de muchas de sus hechuras tanto arquitectónicas como escultóricas. Los símbolos masónicos de la escuadra y el compás son tradicionales y los mas conocidos por todos. Estos se identifican con las herramientas de la construcción de las catedrales, por parte de los maestros constructores de la Edad Media en Europa. La G en el medio de ambos símbolos es la Gnosis o conocimiento superior, al cual se puede acceder por medio del trabajo interno.

Masones en Argentina
En 1801 en la esquina noroeste de las calles San Carlos (Alsina) y Santísima Trinidad (Bolívar), Pedro José Marco inauguró su café. El local ofrecía servicio de confitería y botillería. Además, según indicaba un cartel ubicado en su fachada, también contaba con villares, con v en vez de b, como solía escribirse en la época.

Las bebidas sin alcohol más comunes eran el café, la leche, el chocolate, el candial o candeal, una bebida a base de trigo, y los refrescos de horchata y naranjada. El té, habitualmente no se tomaba en los cafés, se compraba en las boticas como hierba de uso medicinal.

El “café y leche”, era servido en grandes tazas, hasta desbordar su capacidad, llegando su contenido hasta el plato. El azúcar, por lo general sin refinar, se servía en una pequeña medida de lata, colocada en el centro del plato y cubierta por la taza; el parroquiano daba vuelta la taza, volcaba en ella el azúcar, y el mozo le echaba café y leche.
Los días de lluvia dificultaban mucho el andar de los peatones, pues las calles porteñas, en su mayoría de tierra, solían inundarse. Con el deseo de facilitar la circulación de sus clientes para volver a sus casas finalizada las tertulias, el Café de Marco tenía un servicio único en los establecimientos comerciales de la época: un coche de alquiler, de cuatro asientos, esperando en la puerta del café.

Considerando su emplazamiento privilegiado, a un paso del Cabildo y de la Plaza Mayor (actual Plaza de Mayo), y cerca del Fuerte, el Café de Marco fue lugar obligado de cita para varias generaciones de políticos. Sentados a sus mesas los revolucionarios Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Castelli, Domingo French, Antonio Beruti y Bernardo Monteagudo estuvieron forjando sus sueños de libertad, en días previos a los sucesos que finalizaron el 25 de mayo de 1810, al constituirse el primer gobierno patrio.
El deán Gregorio Funes, que como todo saavedristas era habitué del Café de los Catalanes, que ocupaba la esquina nordeste de las calles Catedral (San Martín) y Cangallo, sostenía que al Café de Marco iban muchachones perdidos y sin obligaciones que seguían a Moreno, como Francisco Seguí, Lucio Norberto Mansilla o Julián Álvarez.

A partir de mediados del siglo XIX, y con la epidemia de fiebre amarilla, el público del café, en general perteneciente a la alta burguesía, al mudarse hacia los nuevos palacios levantados en el barrio norte, dejó de frecuentarlo y el local entró en una progresiva decadencia hasta que finalmente cerró en el año 1871.

En relación al nombre del café hubo diferentes versiones. En algunos libros de memorias de la época, se lo nombra como Café de Marcos, otros lo recuerdan como Café de Marcó y Miguel Cané en su libro Prosa ligera, lo evoca como Café de Mallcos. Un ejemplar del Telégrafo Mercantil en el que se da cuenta de su inauguración, nos remite al apellido de su dueño, Marco, sin acento en la o. Y es el mismo propietario, en la rogatoria que enviara al virrey Cisneros en 1809, quien no le adjudica nombre, pues se refiere al local como la casa de café en la calle que va del colegio a la Plaza Mayor (actual calle Bolívar).
Pedro José Marco, por la misma época tenía otro café, más modesto, y en este caso en sociedad con Antonio F. Gómez, que era quien lo atendía. Este local, del que se desconoce el nombre, quedaba en la esquina de Perú y San Carlos (Alsina). Era frecuentado por una clientela más bohemia, formada por cantantes, músicos y actores del vecino Teatro de la Ranchería, y comerciantes, changadores y carreteros que trabajaban en el Mercado Viejo, también llamado Mercado del Centro, ubicado justo frente al café.

El Café de Marco cerró hacia 1871, sin embargo acumuló tal capital simbólico que 200 años más tarde sobrevive en el imaginario colectivo porteño como un lugar patriótico. Pues desde el año pasado se materializó y volvió a abrir. Ahora también se encuentra en un sitio estratégico, sigue en el Centro (San Nicolás), entre el eje cívico que representa la Avenida de Mayo y el eje social de la Avenida Corrientes. Ni más ni menos que en la calle Perón: Tte. Gral. J. D. Perón 1259.

MARCO POR MARCO
“Muchos dirán que no se puede, así como muchos también me dijeron que no me meta, porque la política es muy sucia para un hombre común. Pero, desde mi lugar, estoy decidido a intentarlo. Decidido a trabajar por nuestra querida Argentina, con ideas nuevas. Por sobre todas las cosas, estoy decidido a que la política no sea una cosa ajena a todos nosotros, los ciudadanos simples y comunes, que con el esfuerzo de su trabajo diario aportamos a que nuestros sueños de vivir en “una Argentina mejor y en una sociedad más justa para todos” sean una realidad.
Por todo esto, te pido que me acerques tus propuestas y que me acompañes con tu voto, porque creo que estos sueños los construimos entre todos…”

Un Gran Abrazo
Marco Antonio Arslanian
Tte.Gral. Juan D. Peron 1259
Buenos Aires
011 4381-6849

Fuente: Horacio Spinetto

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