El Museo de Arte Popular José Hernández será también una Confitería.

Trabajadores del espacio sostienen que, bajo la fachada de arreglos en un techo, el Gobierno de la Ciudad transforma espacios de arte en confiterías

En los últimos días del 2013, trabajadores del Museo de Arte Popular José Hernández presentaron una nota ante la subsecretaría de Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires con el fin de dar cuenta de las modificaciones inconsultas que se están llevando a cabo en ese espacio. Al no tener respuesta, decidieron recurrir a la Defensoría y a otras organizaciones.

“Los trabajadores están denunciando que, bajo un plan de reparación del techo y sin consultarlos, se están haciendo obras que cambian al museo sin propósitos relacionados al arte popular. Hace ya un tiempo que todo espacio público y de recreación de la Ciudad se piensa como una confitería. En este caso, se trata de reemplazar salas y parte del parquizado por espacios de este tipo”, explicó Matías Profeta, miembro del Observatorio de Patrimonio y Políticas Urbanas, una de las organizaciones que acompaña la denuncia.

En ese marco, precisó: “Esta mansión, enclavada en Avenida del Libertador, tenía un gran parque con mucho verde que era como un pulmón para la manzana y la zona, pero este se transformó en un patio de baldosas. Además, se está derribando una de las salas para hacer una gran confitería. También el depósito y dos o tres salas se transformarán en espacios más chicos o directamente se sacarán del espacio público”.

“Las obras comenzaron hace seis meses. Primero se sacó la parte de jardín, luego se tiraron abajo las salas del fondo. Una de ellas era muy característica por su ventanal y ahora será una confitería. Lo que es cultura se transforma en oferta gastronómica”, lamentó Profeta en diálogo con “Puente urbano” por Radio Arinfo.

El integrante del Observatorio de Patrimonio y Políticas Urbanas comparó este caso con el de la Casa de la Poesía de Palermo, la cual fue la casa del célebre Evaristo Carriego: “A pesar de que el edificio tenía una protección y de que era un espacio en el cual funcionaba una biblioteca con talleres literarios, se tiró abajo la pieza donde Carriego escribía con el fin de instalar una confitería. Es decir, la protección no fue ninguna garantía”.

“El Gobierno de la Ciudad también quería transformar a los viejos vagones de la línea A de subte en cafés literarios para ponerlos en las plazas. Es decir que todo lo que es patrimonio se transforma en algo que genera ingresos”, criticó.

Profeta señaló que, desde el Gobierno de la Ciudad, argumentan que estas acciones se hacen porque se trata de espacios “que el barrio no puede disfrutar”.

“Nosotros creemos que si los vecinos no se acercan a estos espacios es porque no hay difusión”, planteó.

Y, finalmente, desde los micrófonos de Radio Arinfo expresó: “Una confitería no puede justificar la destrucción del patrimonio de la Ciudad”.

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