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Fugas en alcaidías porteñas de Waldo Wolff: El que nace para pito nunca llega a ser corneta

El desfile de incompetencia en el Ministerio de Seguridad parece no tener fin, y el protagonista de esta tragicomedia es el mismísimo Waldo Wolff.

Un inepto nunca es un piola. El que nace para pito nunca llega a ser corneta.

¿Sabes por qué el que nace para pito nunca llega a ser corneta? Porque desde chiquito ya le soplan el trabajo.

Entre reclamos de seguridad desmedidos y acciones desacertadas, Wolff se ha ganado el título de inepto por mérito propio. Mientras la ciudadanía enfrenta problemas reales, él parece más preocupado por perseguir sombras que por enfrentar los desafíos reales de la sociedad.

En un momento en que la seguridad debería ser una prioridad, su gestión deja mucho que desear, y sus decisiones solo contribuyen a aumentar la sensación de caos y descontrol. Es hora de que Wolff deje de jugar a ser el héroe de una película de acción y comience a tomar medidas efectivas para abordar los problemas reales que afectan a la ciudadanía.

Tras las fugas en alcaidías porteñas, el Ministerio de Seguridad refuerza áreas con más jefes y subordinados.

En un giro de atención que parecería sacado de una comedia de errores, el Secretario de Seguridad, notablemente preocupado por la «amenaza» que representan indigentes, embarazadas reclamando por comida, y trabajadores despedidos manifestándose en la vereda del congreso, ahora se ve enfrentado a un nuevo desafío: la seguridad de las alcaidías porteñas.

Después de que varios presos hicieran su gran escapada de distintas comisarías y alcaidías de Buenos Aires, el Ministerio de Seguridad ha decidido tomar medidas, aunque quizás no las más lógicas.

Según la Orden del Día Institucional (ODI) número 67 de la fuerza, se ha dispuesto reforzar estas áreas con más jefes y subordinados. ¡Por fin! Parece que alguien se ha dado cuenta de que más autoridades podrían ser útiles en un contexto donde los presos parecen irse de vacaciones sin previo aviso.

Se habla de la llegada de ocho comisarios, 37 subcomisarios y cinco inspectores a las direcciones y divisiones de diversas alcaidías de la Ciudad. Además, se ha decidido el pase de varios oficiales a comisarías vecinales porteñas para «colaborar con la seguridad y el alojamiento de los reclusos».

Claro está, las fuentes policiales aseguran que este movimiento es para «fortalecer la presencia de autoridades». ¿Cómo no se nos ocurrió antes? Es evidente que la solución a la fuga de presos es simplemente tener más jefes dando órdenes.

Mientras tanto, la preocupación del Gobierno porteño parece estar más centrada en la cantidad de presos fugados que en resolver las demandas sociales que tienen a la población movilizada frente al Congreso. Pero bueno, al menos ahora podrán tener más comisarios para tratar de contener a los reclusos.

La ironía no se pierde cuando consideramos que esta acción se toma bajo el ala de la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, quien ha mostrado una preocupación desproporcionada por ciertos sectores de la sociedad mientras los problemas reales parecen escapársele de las manos.

Con una lista creciente de fugas en alcaidías y comisarías porteñas, no sabemos si reír o llorar. Parece que el Ministerio de Seguridad está jugando al escondite con la realidad, y por desgracia, la única que pierde es la ciudadanía.

UN FUNCIONARIO QUE NO FUNCIONA
Waldo Wolff es un político argentino que ha ocupado diversos cargos públicos. Es conocido por ser diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires, perteneciente a Juntos por el Cambio. Ha sido un importante referente dentro de este espacio político y ha participado solo en debates legislativos. Además, ha tenido una participación activa en cuestiones relacionadas con la comunidad judía en Argentina, donde participa de asados y es un don nadie.