Hablemos también de medioambiente. Columna Eugenio Casielles.

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En el mundo existe cada vez más información y por ende más conciencia sobre el cambio climático, y, aun así, es un tema prácticamente ausente en los debates políticos de nuestro país. Sin embargo, la problemática medioambiental nos atraviesa a todos los habitantes del suelo argentino por igual sin discriminar clase social, ideología política o convicción personal.

Como ciudadano porteño, particularmente me alarma la cuestión sobre los desechos que generamos y su destino, principalmente los plásticos. Para darnos una idea, solo la ciudad de Buenos Aires en el año 2018 ha generado 1,6 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos, o mejor conocidos como basura doméstica. El componente de plásticos sobre el total de dichos residuos representa alrededor del 20%, agregando que año a año tal tendencia tiende a aumentar.

La pregunta es a donde se dirigen todas estas toneladas de basura y qué daños causa en nuestro ecosistema. Se calcula que cada año se arrojan más de 8 millones de toneladas de plástico a los mares y océanos, representando el 85% de la basura marina. Además, es un material que tarda entre 150 y 500 años en desaparecer por completo, mientras tanto, contamina el agua, el suelo y perjudica a una gran variedad de seres vivos.

Una solución interesante que se ha estado debatiendo y que ya ha sido implementada en varios países de la Unión Europea, Asia, incluso de África, pero solo en dos países de toda América, es la prohibición de plásticos de un único uso, los cuales representan el 70% de la contaminación plástica de los océanos. Estos se convierten en basura inmediatamente después de ser utilizados o de ser consumido el producto al cual envasan, teniendo un promedio de uso de solo 20 minutos, lo cual es incomparable con la cantidad de años que tardan en degradarse.

El tratamiento a dicha problemática varía de acuerdo a la situación socioeconómica de cada país, siendo el resultado de un análisis previo del mercado y de los hábitos de consumo de la población, con el fin de evitar grupos perjudicados con la implementación de la política. Consiste en un proceso gradual y paulatino que comienza con la reducción de producción y consumo de estos plásticos y finaliza con la prohibición completa de los mismos. El trayecto debe estar acompañado por un trabajo de las autoridades para generar alternativas sostenibles, donde el reciclado y la reutilización de los materiales es una parte primordial. La idea es que el estado sea el estimulador, a través de incentivos a la industria y a los consumidores, del desarrollo de estas innovaciones.

Por otro lado, es de suma importancia contar con el apoyo de la sociedad civil para que el proyecto tenga éxito. Esto es posible a través de educación escolar y campañas de sensibilización. Estamos seguros de que solo con información clara, precisa y sensata los resultados de una ciudad verde serán concretados.

Si no cambiamos nuestras prácticas de gestión de residuos, habrá cada vez más millones de toneladas de plásticos en basureros, ambiente y océanos. Es necesario tomar cartas en el asunto lo antes posible. Por eso, considero esencial primero incorporar a la agenda política un tema, como es el cuidado del medio ambiente, minimizado y apartado hasta el momento por nuestras autoridades.

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