Hace más de setenta años, el aprovisionamiento de hogares se hacía con vendedores ambulantes.

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Hace más de setenta años en el barrio de Palermo, la mayoría del aprovisionamiento de los hogares se hacía por vendedores ambulantes.

UN ESTANQUE QUE SE HIZO AVENIDA

Hace más de setenta años, cuando mis padres me trajeron a este barrio, la mayoría del aprovisionamiento de los hogares se hacía por vendedores ambulantes, ya que había pocos negocios. Uno de los que más recuerdo era un vendedor de pescado. Era un italiano bastante mayor, que traía dos grandes canastas colgadas de una vara o balancín que cargaba sobre su hombro. En las canastas, los pescados bajo capas de hielo y cubiertos por una arpillera. Pese a que pueda parecer un sistema muy primitivo, jamás nos vendió un pescado que no fuera fresco. De esto alardeaba en su curioso pregón, que quería decir «pescado fresco», pero pasado a su dialecto italiano sonaba algo así como «Peeeshe free».

El asunto viene a cuento porque el buen hombre solía decirle a mi madre que recordaba el tiempo en que pescaba en la Avenida Alvear (hoy Av. del Libertador). Siempre creí que era una fantasía, pues aun considerando su edad, la supuesta pesca no podía ir mucho más atrás de 1890, cuando esa zona ya estaba poblada. Pero recientemente tuve acceso a unos artículos de la «Palermonline» y descubrí que realmente existió, hasta 1899, un canal que recorría la actual avenida desde antes de la Av. Sarmiento hasta el arroyo Manso, en lo que es hoy calle Austria. Cuando Juan Manuel de Rosas vivía en su casa de San Benito de Palermo, situada aproximadamente donde estaba después el monumento a Sarmiento, decidió aprovechar una depresión donde se juntaban las aguas y al mismo tiempo canalizar el mencionado arroyo Manso. Para ello, cambió su curso, que iba casi directamente al Río de la Plata, y volcó sus aguas a un canal de algo menos de dos kilómetros, hasta reunirlo con otro curso de agua que pasaba cerca de la anterior casa de Rosas (después café de Hansen).

A la altura de la vereda actual del Zoológico sobre Libertador, el canal se ensanchaba y se convertía en un estanque, que incluía un balneario, un muelle y el llamado «Baño de Manuelita», una pileta redonda que, protegida debidamente de las miradas indiscretas, era usada por la hija del Restaurador como pileta de natación, ante las criticas de algunos de sus contemporáneos. En el muelle se podían tomar embarcaciones de paseo y hasta un vaporcito que utilizaba Rosas para navegar por el canal. El estanque estaba revestido de ladrillo y cemento. A ambos lados del canal y el estanque corrían dos avenidas, llamadas en general «Camino de Palermo». El ancho total (las dos calles y el canal) era de 54 metros. Dos líneas de árboles bordeaban el agua y las dos avenidas, que recibían distintos nombres: Camino de Paseo el lado norte, y Camino Carretero el lado sud. La zona completa estaba parquizada, arbolada y con asientos y barandas decorativas.

La obra, que debía prolongarse, quedó inconclusa por la caída de Rosas. Un vecino, Juan E. Corrales, intentó un pleito porque el canal había tomado parte de sus tierras. El informe del Departamento Topográfico consideró que la propiedad no sólo no se había perjudicado, sino que se había valorizado. Por lo mismo recomendaba la conclusión y conservación del camino porque «nada importa quien lo mandó hacer», buen criterio que debería seguirse siempre.

Posteriormente, la abertura de la Avenida de las Palmeras (Sarmiento), cortó parte del estanque. Las obras de remodelación de 1899 terminaron definitivamente con el canal para dar lugar a la Av. Alvear, con sus descansos adornados con faroles de procedencia alemana, que posteriormente desaparecieron en la última reforma de la Avenida.

Queda por aclarar que el canal estaba poblado por diversas especies de la fauna acuática. De modo que a fin de siglo realmente era factible pescar en la Avenida Alvear.

Por Norma Drobner para palermonline

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