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Hipócrates: Los alimentos y las emociones influyen directamente en la salud.

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Hace siglos, Hipócrates difundía una fórmula novedosa para sus vecinos de entonces, pero milenaria para otras culturas: los alimentos y las emociones influyen directamente en la salud. A esto le agrego por experiencia propia que, en estos tiempos modernos, también el orden la favorece.



Años atrás, descubrí el intenso sabor de las verduras recién cosechadas cuando destiné un trozo de tierra a una pequeña huerta coronada por aromáticas y flores para evitar poner insecticidas. Porque, como buena criatura urbana, desconocía todo sobre plantas y sobre cómo hacer para que luzcan bellas hasta el consumo. Más que nada me empeciné en una cuestión de ahorro: «si le pongo el producto que no va, gasté plata al divino botón», «si me equivoco y pongo de más, a lo mejor me intoxico», «no toda la vida hubo insecticidas y la gente comía verduras». Y así, poquito a poquito, pregunta a pregunta a mis conocidos que contaban que en su tierra natal vivían del campo, fui aprendiendo de que la verdura no necesita fertilizantes ni insecticidas artificiales para crecer noblemente.

Sembrando en el lugar adecuado en el momento preciso una combinación ideal de plantas y generando mi propio abono con los desechos de mi cocina, naturalmente daban buenos frutos. Tiempo después tomé conciencia del impacto de los insecticidas en la salud. Porque, «ilusa yo», me imaginaba que los productos químicos «desaparecían» en la cosecha, que llegaban «puros» a las góndolas con todas las nutrientes intactas y que tenía lo mejor en mi mesa. Pura fantasía, apliqué raciocinio y me dí cuenta de que la naturaleza no produce agroquímicos y de que estaban invisibles en los preciosos vegetales con que elaboraba mis comidas.

Ahí es donde empecé a cuidar más qué llegaba a mi mesa. Productos de estación, porque la naturaleza nos ofrece los vegetales y las frutas con las nutrientes que nuestro cuerpo necesita en ese momento. Y carnes criadas a la vieja usanza (de pastura), porque los animales viven menos estresados y sus carnes son de mejor calidad. Es así como poco a poco dejé de visitar las guardias médicas y de gastar dinero en remedios que me solucionaran una indigestión, un dolor de cabeza, un problema de hígado, un resfriado y tantas otras dolencias más. En eso residía el secreto: comprar menos medicamentos porque nos alimentamos más naturalmente. Pero… ¡la verdura orgánica y la carne de pastura son más caras! ¿Son realmente más caras que mi salud? Si cada vez que me enfermo debo gastar dinero en la farmacia, pagar los gastos médicos y sufrir la dolencia, no estoy segura de que me sea más económico. Es una cuestión financiera. A largo plazo, la balanza se equilibra, y mi bienestar gana.

El tema es que los productos naturales duran menos en nuestra heladera. Es ahí donde entran en juego el orden y el ahorro. Debemos comprar lo que vamos a consumir, porque si se pone viejo no sólo tiene mal aspecto y puede ser peligroso para nuestro cuerpo, sino que se van las nutrientes. Y no hablo de ir todos los días a la verdulería y a la carnicería, sino de saber administrar lo que tenemos: una verdura que no se consume la blanqueamos y la freezamos para tener disponible en otro momento, la comida que sobró la envasamos en porciones y la guardamos en el freezer porque nos va a sacar del apuro en otro momento, aprovechamos el mismo fuego para cocinar la cebolla salteada de la comida de hoy para guardarnos cebolla salteada lista para otra oportunidad que no tengamos tiempo… Así nos garantizamos tener siempre comida fresca (a veces freezada, pero con todas las nutrientes) en la medida justa en que lo necesitamos. Y si no cocinamos, podemos averiguar cómo elaboran las comidas en donde queremos comprarlas y elegir los lugares que usan ingredientes libres de agroquímicos y carnes de pastura. Una cuestión básica del Ayúrveda: «Cuando la alimentación es mala, la medicina no funciona; cuando la alimentación es buena, la medicina no es necesaria».

Ahorro, orden y la mejor calidad en nuestra comida, quieras o no, influye positivamente en nuestras emociones. Saber que tenemos a mano lo mejor para nutrir nuestro cuerpo, nos alivia y nos pone de buen humor. Nos deja tiempo para otras ocupaciones. Favorece a nuestra salud. Medicina preventiva. Entonces nada más saludable que volver a los consejos y los hábitos de las abuelas!

Sabiendo esto, ya no es de sorprender encontrar en un libro de cocina griega alguna comida que toda la vida se supuso ser de raigambre italiana, o una variante de especialidades árabes en España. Lo mejor es abrirse a los nuevos sabores y disfrutar de los encantos de cada lugar, a sabiendas de que la dieta mediterránea es famosa por sus beneficios para una vida saludable.

Hipócrates
Hipócrates fue un médico de la Antigua Grecia que ejerció durante el llamado siglo de Pericles. Está clasificado como una de las figuras más destacadas de la historia de la medicina, y muchos autores se refieren a él como el «padre de la medicina»,1​2​3​ en reconocimiento a sus importantes y duraderas contribuciones a esta ciencia como fundador de la escuela que lleva su nombre. Esta escuela intelectual revolucionó la medicina de su época, estableciéndola como una disciplina separada de otros campos con los cuales se la había asociado tradicionalmente (principalmente la teúrgia y la filosofía) y convirtiendo el ejercicio de la misma en una auténtica profesión. No hay que confundirlo con Hipócrates de Quíos, matemático griego del siglo V a. C., ​ que nació en la isla de Quíos, no muy lejos de la de Cos, cuyo hito más importante fue la cuadratura de la lúnula.

La medicina hipocrática es ahora considerada pasiva. El enfoque terapéutico se basaba en el poder curativo de la naturaleza. Según esta doctrina, el cuerpo contiene de forma natural el poder intrínseco de sanarse (physis) y cuidarse. ​ La terapia hipocrática se concentraba simplemente en facilitar este proceso natural. Para hacerlo, Hipócrates creía que «el reposo y la inmovilidad [eran] de gran importancia».​ En general, la medicina hipocrática era muy cuidadosa con el paciente: el tratamiento era suave y destacaba la importancia de mantener al paciente limpio y estéril. Por ejemplo, solo se utilizaba agua limpia o vino para las heridas, aunque los tratamientos «secos» eran preferibles. A veces se empleaban linimentos balsámicos.

La teoría de los cuatro humores o humoral, fue una teoría acerca del cuerpo humano adoptada por los filósofos y médicos de las antiguas civilizaciones griega y romana. Desde Hipócrates, la teoría humoral fue el punto de vista más común del funcionamiento del cuerpo humano entre los «físicos» (médicos) europeos hasta la llegada de la medicina moderna a mediados del siglo XIX.

Los cuatro temperamentos (sanguíneo, colérico, melancólico y flemático), que eran el resultado de las condiciones climáticas o ambientales que determinaban la composición y el equilibrio interno de los distintos humores, también se aplicaron a las «naciones», ya que estas estaban sometidas a los mismos condicionantes que las personas individuales. Esta teoría determinista ambiental se mantuvo hasta mediados del siglo XVIII cuando autores como David Hume (Of National Characters, 1742) o Voltaire (Essai sur les moeurs et l’esprit des nations, 1753) introdujeron otros factores como la forma de gobierno o las creencias religiosas. Hasta entonces la teoría fue sustentada no solo por médicos sino también por alguno de los tratadistas políticos más influyentes de la época como Jean Bodin o Giovanni Botero, ya que ambos partían del principio aristotélico de la adecuación de la forma de gobierno al carácter de los pueblos. Bodin decía que una república ordenada requería «acomodar la forma de las cosas públicas al natural de los lugares» y que era necesario «que el sabio governador [sic] de un pueblo sepa bien el humor dél y su natural». Así, afirmaba Bodin, «el natural del español… por ser mucho más meridional, es más templado y melancólico, más firme y contemplativo… que el francés, que de su natural… [es] inquieto y colérico», de lo que deducía una serie de máximas nacionistas como que «Francia [es] inclinada a los pleitos».

TIP
El asclepeion de Cos fue uno de los más importantes santuarios de la Antigua Grecia de los construidos en honor a Asclepio. El templo se erigió en honor a Asclepio, en la mitología griega, Esculapio para los romanos, dios de la Medicina y evolución, venerado en Grecia en varios santuarios.

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