“Homo Per Se” Eduardo Sanguinetti, Filósofo argentino

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Si ya no creemos en nada, si hoy no encontramos sentido a nuestras vidas y no hallamos valor alguno en la voluntad de ser destino, si nuestro tiempo justifica con facilidad el asesinato, la traición, la estafa y la mentira nos corresponde de manera ineludible responder afirmativamente a la negación del ser y estar en esta tierra que este milenio propone, generando nuevos esquemas de comportamiento, más ricos y más flexibles, cuanto más compleja y delicada se torne la situación, sin la sumisión o complacencia que esta ­en insospechadas formas­ nos exige, impone y obliga a nosotros los ‘homo per se’.

Hoy día la ideología simulada, travestida en dogma de ninguna creencia, solo niega y denigra a los que afirman su ‘pasión de vivir’ en este mundo y permanecer en este tiempo. Se eleva a categoría de deidad y ni siquiera se discute lo vano y fútil, lo degradante y engañoso, lo perverso y pervertido, en fin, los excrementos de lo que se pensaba superado. Un orden monótono y totalizante, instaurado por una lógica indigente a la mirada de la cual todo se iguala. El ejemplo concreto lo tenemos en impresos panfletos laminados y cuanto medio de comunicar el espectáculo existe, donde se instala el paraíso prostibulario de taxi boys, actores y actrices de varieté, políticos oficialistas y de los otros, prostitutas mostrando sus crías, jugadores del deporte de los pueblos lobotomizados: ‘el fútbol’, posando con la modelo recién sacada del horno, calentita para el juego del sexo con banderita, chupándole entre otras cosas el salario y el sudor, locutores devenidos en escritores de marquesinas de cadena de librerías ‘patisserie’, modelos entradas en años luciendo su nueva cara, esculpida por cirujano de matadero y de ese modo se acomoda el ajedrez, ya sin piezas, contrarreloj que marca el tiempo por venir.

Este razonamiento a destiempo, pues está ya en acto la ejecución sumaria del ‘homo per se’, llevada a cabo por la más mordaz e invisible de las academias, que deslegitima cualquier ensayo de entendimiento, en nombre de la igualdad, sosteniendo sin razonamiento, ni fundamento alguno la acción de ‘asesinar’ el pensamiento y su devenir histórico, en el sentir del hombre acribillado por el recuerdo de mejores tiempos, que ‘medita con huellas’, silencio y temor, el pasado abolido cuando creía formar parte del ‘gran juego’ del mundo que diverge.

“Todo es relativo excepto la relatividad” o como lo resumía un jurista: “Antes para robar un banco, había que atracarlo, hoy basta con fundarlo”, antes para eliminar una revolución había que disolverla, hoy basta con promocionarla. El gran tema hoy, con la tecnología de vanguardia en acto, pero manipulada por singulares expertos, que establecen fórmulas apocalípticas para relativizar lo relativo vuelto absoluto, ejecutando un golpe constitutivo de discontinuidad a la luz de siglos que observan. En este contexto, ‘las filosofías débiles’, ‘el proyecto dolce’, ‘el producto light’, ‘la vida soft’ o la geometría blanda, son meros síntomas, meros testimonios de la situación planteada ante esta nueva realidad, más que ensayos de solución personal.

¿Qué hacemos ante el ‘estado de las cosas’ en esta época de caos genético?, por ejemplo, en el ritual amazónico del Yurupari, los hombres toman las fuerzas, el color, la piel, la capacidad de volar o vivir bajo la tierra, de lo que representa la máscara que utilizan. Aquí la máscara no es para ocultarse, sino para ser el otro, se los denomina ‘homo diversus’, todos son diferentes en su igualdad, ¿una opción?…la existencia del ‘homo phenomenon’, cuya voluntad está determinada por condiciones empíricas: deseos, la naturaleza o una concepción de bien que no ha pasado por el juzgado de la razón; ¿sería otra opción? y la saga de ‘homo’ ad infinitum continúa y ya se replica en otros medios gráficos, acompañados con nombre propio de un D’Artagnan por ejemplo, editorial escrita por Rodrigo Fresán en Página/12, intentando decir ‘algo’…roto el espejo de la duplicidad del ‘sapiens’, quizás el error de final del siglo XX, ha consistido en enunciar reglas generales de acción a partir de una emoción: los grandes dolores existenciales, como las grandes dichas, pueden ser el principio de un estado de razón. Hoy ya no negarnos a ser lo que somos, un ‘homo per se’.

Un inicio para seguir la senda del perdedor, que dice ¡Sí! acompañando la sensación de tener de alguna manera razón en resistir a toda la trampa del lenguaje que inhibe, incluso los comentarios que imponen la violencia de un metarrelato, demasiado consustanciado con este tiempo caótico, pero con rumbo seguro, a un giro inesperado, donde se ‘medite con huellas’… todo se disfraza de contradicción, confunde, en quien toma la palabra con impaciencia y cierto fanatismo por llegar a ser en impulso retroactivo ‘moscas de la diligencia’.

La dialéctica disuelve, destruye, virtualiza y relativiza la palabra y la opinión, juega en el discurso en nombre del diálogo.

La retórica reniega de la dialéctica, pero al mismo tiempo es su consumación y su consumo. Ya que el espectáculo es la sustancia de la dialéctica, en tanto truco y simulacro de un diálogo abierto: un metalenguaje.

Como el enigma del oráculo, el metalenguaje en este milenio de las grandes muertes, colapsa aquello que sugiere, disuelve lo que toca, no responde a la razón y a la mesura, sino a la locura y la agonía, en la que se debate una humanidad, que asesina ideas e ideales y a los hombres y mujeres, ‘homo phenomenon’, ‘homo diversus’, ‘homo responsabilus’, ‘homo philosophicus’, etc., que conforman el ‘Homo Per Se’, el hombre que se autodetermina por y para sí, sin la rigidez de límite, ni la urgencia de una ruptura. El hombre que tal vez, puede hacernos vivir una historia consagrada en naturalidad y espontaneidad, en un lazo común fundacional.

Para terminar, no estaría de más recordar que ante la evidencia de lo inevitable: el sufrimiento, la muerte, la estupidez del ‘Sapiens’, la opresión o la falta de libertad y otro tipo de naufragios, la risa sigue siendo una de las pocas tablas de salvación con que mantenernos a flote. La misma risa que, encarcelado y agonizante, hizo escribir al poeta Miguel Hernández aquella nana en la que dice a su hijo:

Alondra de mi casa,

ríete mucho.

Es la risa en tus ojos

la luz del mundo.

Ríete tanto

que mi alma al oírte

bata el espacio.

Tu risa me hace libre,

me pone alas.

Soledades me quita,

cárcel me arranca.

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