Historia. Parque Tres de Febrero, se llamaba Palermo de San Benito.

El paseo de Palermo, residencia que fue de Juan Manuel de Rosas, se llamaba Palermo de San Benito. Se cree que una capilla situada en las inmediaciones de Belgrano, demolida hace tiempo, se lo dio. Los terrenos de Palermo eran arenosos y arcillosos y para poderlos utilizar hubo que rellenarlos en su mayor parte. La construcción de la casa de Rosas se hizo en barro y argamasa, que se sacaba de Belgrano, que fue calera, terminándose la obra en 1838.

Los corredores de esta casa eran de arquerías, teniendo un baluarte en cada ángulo recto de los extremos. Manuela Rosas ocupaba cuatro habitaciones en la parte oeste del edificio. Rosas ocupaba las del este, componiéndose el mobiliario de su habitación, de una cama de bronce, un armario en la pared y sobre una estufa un gran espejo. En frente a su cama tenía su escritorio particular y en el medio de la pieza una gran mesa llena de expedientes. Dos chiffoniers de caoba, en uno de los cuales guardaba sus dineros particulares y en el otro los del Estado, completaban el decorado de la pieza. El salón de recibo estaba al oeste, abundando los espejos y muebles de caoba. En la parte sud había una capilla en la que había una imagen de la Purísima. Era su capellán un franciscano que habitaba una pieza de las del oeste con Máximo Terrero. Después de la misa de los domingos, el capellán entonaba el cántico siguiente: que los oyentes al finalizar decían, ¡Ave María!

Las cuentas de este rosario

Son balas de artillería

Que todo el infierno tiembla

En diciendo ¡Ave María!

Los pisos eran de baldosas muy limpias, los cielorrasos de madera pintada de blanco y el alumbrado se hacía con lámparas de aceite, que no tenían rival en su época. La Maestranza, ocupada por una escolta compuesta de hombres de la confianza de Rosas, la mayor parte de ellos peones de sus estancias, estaba situada donde está el cuartel de infantería en la esquina de las avenidas Alvear y Sarmiento. El campamento de la División Hernández y la Crugía estaban donde se encuentra la quinta de Varela. En el camino de Palermo, se encontraba el almacén de Roque, donde paraban las carretas que venían de San Isidro.

Un temporal de Santa Rosa arrojó sobre la costa de Palermo, frente a la propiedad de Rosas, a un barco que estaba fondeado en el canal interior, el que con la fuerza del viento cortó sus amarras yendo a encallar allí. Fue adquirido por Rosas, estableciendo en él una pequeña capilla, en la que se decía misa, habilitándose en la bodega un salón con billares, siendo a las tardes un paseo concurrido, especialmente por hombres.

El camino a Palermo se encontraba muy bien cuidado y el macadám de conchilla que allí había, no ha sido superado en solidez por los actuales de hormigón. Las plantaciones, especialmente los naranjos como la demás arboleda, eran cuidadas prolijamente por una cantidad de gallegos que Rosas tenía dedicados especialmente a ello. Rosas era muy personal en el trabajo, el que verificaba en medio del humo de numerosos pebetes (1). Gustaba mucho de las naranjas y de los higos que se producían en su quinta. Dormía con las puertas abiertas y no tenía en su casa más gente armada que sus asistentes. Entre los escribientes de Palermo figuraban: Mariano Beascochea, Eudoro Carrasco, Luis Fontana, Juan Antonio Argerich, Dalmiro Torres, Félix Arzac, Ricardo Sáenz, Ignacio Gallardo, Bernardo Balcarce y Alfredo Seguí, los que gozaban de muchas prerrogativas, viniendo a ser en realidad verdaderos jefes de reparticiones.

Palermo fue durante el gobierno de Rosas el punto donde se resolvían las grandes cuestiones nacionales y el sitio que frecuentaron los personajes extranjeros y nacionales que estuvieron en Buenos Aires; como fue más tarde San José en Entre Ríos cuando Urquiza dirigía los destinos del país.

Tras la batalla de Caseros, Urquiza confiscó la mansión y habitó en ella durante un corto tiempo, tras el cual el abandono provocó su rápido deterioro. Recién en 1870 el movimiento agitó la zona con la instalación del Colegio Militar y posteriormente la Escuela Naval. Pero fue Sarmiento quien definió el destino último de Palermo al inaugurar el parque Tres de Febrero el 11 de Noviembre de 1875. El Presidente Roca selló la suerte de la casa en 1899 al ordenar volarla con dinamita.

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