Museo Nacional de Bella Artes Jorge Gumier Maier

Jorge Gumier Maier en el Museo Nacional de Bella Artes

El trabajo inédito y casi desconocido de Gumier Maier llega la Museo Nacional de Bella Artes.

¡Ah, Jorge Gumier Maier! Fue una figura verdaderamente multifacética en el panorama cultural argentino. Su legado abarca muchos roles:

Artista: Gumier Maier creó piezas de arte visual, aunque gran parte de su trabajo permanece sin título. Puedes encontrar una de sus piezas sin título de 1993 en la colección del Museo Nacional de Bellas Artes. Su práctica creativa a menudo exploraba temas de identidad y política.
Curador: Desempeñó un papel fundamental en la configuración de la escena artística argentina como director de la Galería del Rojas en el Centro Cultural Ricardo Rojas durante ocho años. Su visión curatorial dio exposición a muchos artistas emergentes y fomentó diversos diálogos artísticos.
Activista: Gumier Maier fue un firme defensor de los derechos LGBTQ+. Participó en el Grupo de Acción Gay y la Coordinadora de Grupos Gays, contribuyendo al activismo temprano por los derechos queer en Argentina. Más adelante en su vida, también se alineó con los movimientos kirchneristas, apoyando sus políticas relativas a los avances de los derechos LGBTQ+.
Educador: Más allá de curar exposiciones, Gumier Maier compartió activamente sus conocimientos a través de seminarios y talleres en universidades de toda Argentina. Ayudó a formar una nueva generación de artistas y entusiastas del arte.
Escritor: Expresó sus ideas también a través de la escritura, colaborando en publicaciones como El Porteño, Vox y Cerdos y Peces. Sus escritos probablemente profundizaron en los temas que también impulsaron su arte visual y su activismo.

Recordar a Jorge Gumier Maier significa reconocer sus multifacéticos aportes al arte argentino, al activismo LGBTQ+ y a la educación cultural. Dejó una huella duradera a través de sus creaciones artísticas, proyectos curatoriales y su compromiso inquebrantable con la justicia social.

La muestra «Desde los márgenes. Gumier Maier en los 80», que hasta el 3 de marzo se puede recorrer en el Museo Nacional de Bellas Artes, reúne cerca de 90 pinturas, dibujos, ilustraciones, fotografías, publicaciones y documentos -muchos de ellos inéditos, otros prácticamente desconocidos-, de los primeros años de la trayectoria de Jorge Gumier Maier (1953-2021), una figura central de la cultura argentina contemporánea.

Con la exposición de la obra temprana de Gumier Maier, esto es: el trabajo realizado antes de revolucionar la escena artística y cultural local, el Bellas Artes cerró las inauguraciones de 2023. Las piezas exhibidas fueron realizadas entre 1978 y 1989 por este artista, curador, agitador cultural, militante de las disidencias, pensador, periodista y escritor antes de su extraordinaria gestión en la galería del Centro Cultural Rojas que implicó la renovación de las artes visuales en los años 90.

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De esta manera la institución celebró la obra y la figura de Gumier Maier, «quien dejó una marca creativa y sensible en la escena artística local a través de su compromiso con una idea de cultura forjada desde los márgenes y desde el trabajo interdisciplinario y colectivo», dijo el director del museo, Andrés Duprat.

Curada por la investigadora Natalia Pineau, la exposición organiza en seis núcleos temáticos la obra iniciada por Gumier Meier en los acotados espacios de expresión de la dictadura; al tiempo que da la cocina de un trabajo que a partir de 1983, con la apertura democrática, se expandió por el floreciente circuito alternativo y contracultural porteño de los años 80, enlazando la creación plástica, la actuación teatral y performática, así como la producción de escenografías y vestuarios, la crítica de arte, la escritura de ensayos sobre la cuestión genérico-sexual y el activismo del movimiento homosexual.

En el primer piso del Bellas Artes están las pinturas, collages y dibujos realizados por Gumier Maier entre 1978 y 1982 bajo influencia de movimientos de vanguardia como el surrealismo, de la mano de artistas como Jean Dubuffet, Libero Badii y René Magritte. También los trabajos sobre figuras masculinas donde a fines de la década de 1980 recuperó aspectos de la pintura metafísica de Giorgio de Chirico o Lino Enea Spilimbergo.

La exposición se complementa con fotografías, afiches y publicaciones que documentan la su participación en la escena del underground porteño, así como críticas de arte y escritos en revistas emblemáticas de época como «Expreso Imaginario», «Cerdos & Peces», «El Porteño» o «Sodoma», editada por el Grupo de Acción Gay (GAG), nombre que adoptó el núcleo de homosexuales con el que Gumier Maier se reunía desde mediados de 1982, integrado por profesionales, artistas y exmilitantes de izquierda.

«Muchas de las piezas que pueden verse en estas salas se exhiben al público por primera vez, mientras que otras tantas solo fueron expuestas en el momento de su realización», detalla Pineau, para quien «esta reunión inédita alumbra un trayecto desconocido de la carrera de Gumier Maier que, desde el presente, se muestra como condición de posibilidad de la práctica artística y curatorial que emprendería luego, durante los años 90».

¿En qué consistió el trabajo de reunión y recuperación de esas obras? Pineau le contó a Télam que empezó a ir a la casa del Delta del Tigre donde residió Gumier Maier desde mediados de los 2000 aproximadamente: «lo entrevisté durante 10 años y finalmente pude entrar a su casa de Rondó, en capital. Gumier no sabía dónde estaban sus obras y lo convencí de ir buscarlas. Como no había nada a la vista, empecé a revolver junto a un amigo suyo que vivía ahí placares y un cuartucho que tenía en un patio en el fondo y empezamos a sacar lo que había: muchas telas enrolladas, humedad, hongos, rollos de papel, en fin».

«En ese ir abriendo papel por papel, y con las entrevistas que le había hecho a Gumier Maier empecé a preguntarme ‘¿esta será lo que puso en tal lado o expuso en tal otro que me describió?’, entonces sacaba fotos de lo que iba a encontrando, se las mandaba, y él me iba contando sobre esas imágenes, sobre esas piezas», rememoró Pineau.

Así, aseveró, «empecé a idear la exhibición, empecé a encontrar cosas increíbles que hablaban de otro Gumier, no el de los 90, que es el que está instalado e institucionalizado. Después se hizo un trabajo de relevamiento e inventariado de esas piezas y a partir de ahí hice una selección de obras que estaban en muy mal estado y el museo se encargó de la restauración».

«Esas obras plásticas o nunca se expusieron o se expusieron sólo en el momento de su realización -remarcó Pineau-. Durante la década del 80 él las mostró en algunas oportunidades ante pocas personas, porque circulaba mayormente en el under, pero después no se vieron nunca más».

Esto, aseveró la investigadora, «implica una recuperación después de prácticamente 40 años de un Gumier Maier desconocido absolutamente, cuya marca en la escena artística local fue, en términos estéticos, la de abrir la posibilidad de que aparezca una sensibilidad inexistente hasta el momento y una forma de moverse en el medio artístico y de mostrar que ha sido definida como una curaduría doméstica».

Durante su adolescencia, Gumier Maier estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, visitó el Instituto Di Tella, se vinculó con la escena musical alternativa y se conectó con el budismo, filosofía que mantendría el resto de su vida. En su temprana juventud cursó Psicología; se dedicó casi exclusivamente a la actividad política en el Partido Comunista Revolucionario y en 1978, tras el ‘insilio’ (lo opuesto de exilio) al que se vio obligado por distintas dictaduras, profundizó conocimientos sobre Historia del arte e hizo las pinturas, collages y dibujos con ecos surrealistas y patafísicos de artistas como Dubuffet, Badii y Magritte que se pueden ver en la primera parada del recorrido.

En 1982, tras el golpe que implicó para la dictadura la derrota en la Guerra de Malvinas y con la población civil abandonando de a poco el aislamiento (reorganizándose política, social y culturalmente), Gumier Maier se vinculó con homosexuales que compartían sus experiencias vitales, discutían sobre el deseo y la identidad y hacían lecturas colectivas de textos como «La historia de la sexualidad», de Michel Foucault, «El Anti Edipo», de Guilles Deleuze y Félix Guattari, o ensayos de Néstor Perlongher. De ahí los dibujos, pinturas y calcos en yeso que dan cuenta de sus amores, parejas y amantes en la segunda posta de la exposición.

Su activismo durante la apertura democrática, acompañando el renacer del movimiento homosexual, dirigido a visibilizar y revertir las dramáticas experiencias de quienes no se ajustaban al sistema genérico-sexual (ataques en las calles, asesinatos, represión y detención policial) es tema del tercer pasaje.

A lo que sigue un testimonio de su actividad en el circuito underground porteño, expandido en los primeros años del alfonsinismo con la apertura de espacios como Cemento y el Parakultural, que gestionaban artistas durante la noche alternando discoteca, recitales, números escénicos, performances y lecturas de poesía; cuando Gumier Maier era Brunilda Bayer, «la hija bahiana y travesti de Osvaldo de Bayer» en sus palabras, personaje que supo desfilar en los carnavales porteños junto a Humberto Tortonese, Alejandro Urdapilleta y Batato Barea, figuras clave en el destape artístico y político-sexual de los 80.

Obras de grandes dimensiones al costo accesible que exigía la época -pintura de pared y témpera sobre papel- son eje de la siguiente parada: papel madera, cartulina, afiches publicitarios y diarios que Gumier Maier integraba con sus motivos y leyendas a sus composiciones, protagonizadas por figuras masculinas. Muchas veces solipsistas, otras, monumentales o lánguidas sobre escenarios inverosímiles, así como escenas mitológicas como la del abandono de Ariadna por parte de Teseo.

En tanto que algunas ilustraciones que hizo para revistas como El Porteño, junto a motivos decorativos que anticiparon las formas abstracto-geométricas de su producción en los 90, son eje de la última parada. Por ejemplo, su trabajo como diseñador gráfico de tapas disruptivas en la revista Fin de Siglo, donde como crítico de arte fue uno de los pocos, si no el único, que registró las primeras exposiciones de los artistas que luego se transformarían en referentes de la década del 90, gracias a su propio impulso en su rol de curador dentro de la galería del Centro Cultural Rojas.

La muestra «Desde los márgenes. Gumier Maier en los 80» podrá visitarse hasta el 3 de marzo de 2024 en las salas del primer piso, de martes a viernes, de 11 a 20, y los sábados y domingos, de 10 a 20, con entrada libre y gratuita en avenida del Libertador 1473, Ciudad de Buenos Aires.