Kristallnacht. Catedral: Arzobispo Poli: “Convencido de que mi nombre es de origen judío, ¡a mucha honra!”

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Discurso en la conmemoración del 76º aniversario de la “Noche de los Cristales Rotos”, el pogrom que los nazis efectuaron en la noche del 9 al 10 de noviembre, realizada ayer, domingo,por la Comisión de Diálogo Interconfesional de B’Nai B’Rith Argentina y la Comisión Arquidiocesana de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso del Arzobispado de Buenos Aires.

AJN.- Acaso para que nuestros hermanos en el padre común, Abraham, se sientan más cómodos todavía, me voy a poner este nuevo color que a partir de febrero el Papa me dio allá, en Roma (se coloca un solideo rojo, que simboliza el rango cardenalicio), y además, estoy convencido de que mi nombre, como decía un rabino -fuimos juntos profesores en la Facultad de Teología-, sin duda es de origen judío, y digo: ¡a mucha honra!

Entre tantas palabras que hemos recordado, con un sentimiento común de dolor y esperanza, quiero pronunciar la palabra que nos dio a conocer quién es D’s, este D’s que lo observa todo, y entonces voy a citar también, como el rabino que me precedió (Fabián Skornik, de la comunidad Lamroth Hakol), un texto del Éxodo, muy breve.

Es la tercera revelación del nombre de D’s que recibe Moisés.

La primera y segunda vez D’s se revela como el que es, el que está -“Yo soy el que soy”-, pero en el libro del Éxodo, por tercera vez D’s se presenta ante Moisés y le grita: “¡El Señor, el Señor, el D’s compasivo -rajum- y clemente -janún-, paciente, rico en bondad -jésed- y fiel -emet-, un D’s rico en misericordia!”.

Si podemos recordar y hacer memoria es porque este D’s “rico en misericordia” puso en nuestro corazón, que está bien hecho para el amor, recordar lo que nunca debemos hacer: atentar contra el hermano.

Así entendemos cómo D’s renovó continuamente su alianza de amor, a pesar de nuestros pecados y miserias.

Por eso la historia de la humanidad, la historia del pueblo judío, la historia nuestra es una historia de amor, de alianza de amor renovada por D’s; un amor que continuamente se renueva.

De esta misma misericordia hablaron los profetas: Oseas, por ejemplo, tiene un texto hermoso: ¡miren cómo obra la misericordia en el corazón de D’s!

Ante el pecado de los hombres, D’s se siente fatigado, ya está a punto de destruirnos, pero la misericordia hace que D’s se arrepienta y el texto de Oseas dice: “Se me rebela el corazón, se me conmueven las entrañas”.

El corazón de D’s es un corazón misericordioso y es capaz de poner en nuestro corazón, que está bien hecho para el amor y la misericordia, sus mismos sentimientos, si lo aceptamos.

Me uno al pedido del rabino que habló recién, que nos decía: sumémonos a esta cadena de amor y paz.

En los salmos que rezamos en común a cada paso nos encontramos con la misericordia de D’s: “¡Qué grande es tu misericordia, Señor!”, o como David: “¡Ten piedad de mí, Señor misericordioso!”.

Continuamente lo invocamos, pero también se nos recuerda que seremos juzgados si hemos obrado con misericordia.

La misericordia para los cristianos es el modo de perdonar de D’s: un modo exquisito porque perdona los pecados perdonables, pero va más allá porque eso lo podemos hacer los humanos; la misericordia divina perdona los pecados imperdonables, y entonces hay esperanzas a pesar de los pecados históricos, sociales, a pesar de la Shoá, por la misericordia de D’s, que abre el horizonte de la esperanza.

Por eso quiero decirles, en forma contundente, que siempre estarán abiertas las puertas de esta casa para que hablemos en el lenguaje de la misericordia, para que invoquemos a D’s siempre.

Al D’s que es uno solo, el D’s de la humanidad, el D’s padre de más de estos más de siete mil millones de hombres que estamos zapateando sobre el planeta pidiéndole a este D’s amor; D’s misericordioso, digno de compasión y misericordia, que no nos suelte de la mano, que sepamos perdonar, mirar con esperanza, que nos dé siempre el consuelo sobre los dolores pasados, pero que tengamos el alma pura para podernos imaginar una humanidad en paz.

Que el Señor nos bendiga a todos en esta noche, que nos conceda a todos su paz -shalom-, que nos conceda a todos su misericordia.

Amén.

Cardenal Mario Aurelio Poli, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina (en la foto, con la sobreviviente de la Shoá Sara Rus)

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