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La escuela de educación especial pública 17º Arminda Aberastury, Scalabrini Ortiz al 2700 en el barrio de Palermo, con goteras

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La escuela de educación especial pública 17º Arminda Aberastury en el barrio de Palermo tiene goteras y fallas edilicias.

La escuela de educación especial pública 17º Arminda Aberastury, Scalabrini Ortiz al 2700 en el barrio de Palermo recibe niños y niñas del nivel materno-infantil, inicial, primario y posprimario con trastornos severos de la personalidad de toda la oferta estatal del distrito porteño.

La escuela funciona hace casi 20 años en un inmueble de tres pisos que no fue concebido como establecimiento educativo y adolece de problemas típicos de una vivienda familiar. “Es una casa con goteras y nosotros queremos una escuela para nuestros hijos. Que alguien se haga cargo“, advierte el padre de un alumno en una improvisada reunión de mamás y papás en el que denunciaron los padeceres frecuentes que provoca la falta de mantenimiento y espacio físico.

Los arreglos que se hicieron fueron defectuosos o incompletos. Aulas divididas con durlock e improvisadas en espacios mínimos como un baño o una sala de auxiliares; revoques, molduras y mampostería que se caen o descascaran; un piso de madera que se hunde o rompe; un comedor que también cumple funciones de salón de usos múltiples; un único patio -no está dividido por niveles como debería- en un pasillo que lleva a los fondos del edificio, con un cerramiento parcial y dañado y una obra de impermeabilización encarada en 2009 pero que nunca evitó filtraciones y maderas que reemplazan vidrios en aberturas, es el panorama que salta a la vista de cualquiera que recorra las instalaciones. Cada vez que hay una tormenta fuerte las clases deben suspenderse y eso ocurrió ya dos veces en el año, la última fue el 4 de noviembre.

“Uno quiere que los chicos estén cada vez mejor; que tengan su espacio. Gracias a esta escuela mi hijo progresó un 90%”, dice una mamá al borde de las lágrimas. “Es muy difícil esto. Primero nos pegaron con el diagnóstico (del niño) y después con la burocracia de esperar hasta un año y medio para entrar. No queremos que se cierre, queremos que se cumpla el derecho de cualquier niño de tener una escuela. No hay un ambiente propicio para fortalecerlos”, agrega.