arboles cortaodos

La ira se refleja en la virtud de la paciencia

La ira se refleja en la virtud de la paciencia. Nuestra felicidad en este mundo depende principalmente de nosotros

Según la Iglesia católica, la ira es uno de los siete pecados capitales del ser humano. Puede ser ira contra los demás, plasmada mediante el asesinato, o ira contra uno mismo, ejecutada mediante el suicidio. De ambas formas es condenada por el catolicismo, ya que el castigo ha de dejarse en manos de Dios.

En la Divina comedia de Dante Alighieri ocupan el séptimo círculo del infierno, vigilado por el Minotauro y dividido por tres círculos llenos de piedra y rodeados por un gran río de sangre.

A partir de este espacio cada círculo empieza a tener divisiones que albergan una pena en particular, por ejemplo los espíritus malditos que están divididos en tres: los violentos, los injuriosos y los usureros.

Primer recinto del séptimo círculo: Los violentos. Su suplicio: el Minotauro. El centauro Neso pasa a Dante a través del Flegetón.

Segundo recinto del séptimo círculo: Los violentos contra sí mismos: los suicidas, los disipadores. Tercer recinto del séptimo círculo: Los violentos contra Dios, contra la naturaleza y contra la Sociedad. En el Purgatorio ocupan la tercera repisa.

La ira en el budismo

En el budismo se define como: «ser incapaz de soportar el objeto o la intención de causar daño al objeto”. Se considera como una aversión con una exageración más fuerte, y se enumera como uno de los cinco obstáculos. Es una idea falsa común que los santos espirituales nunca sufren ira. Esto no es verdad: incluso el Dalai Lama, el gurú espiritual de monjes tibetanos, se enoja.16 Sin embargo, hay una diferencia; a menudo una persona espiritual es consciente de la emoción y de la manera en la que puede ser manejada. Así, en respuesta a la pregunta: »

¿Es la ira aceptable en el budismo?»

El Dalai Lama contestó:

«El budismo en general enseña que la ira es una emoción destructiva, y aunque la ira pudo tener algunos efectos positivos en términos de supervivencia o ultraje moral, no aceptó la ira ni la agresión como una emoción virtuosa ni como comportamiento constructivo. El Buddha Gautama ha enseñado que hay tres kleshas básicas en la raíz del samsara (ignorancia, ilusión) o en el ciclo vicioso del renacimiento. Estos son avaricia, odio y engaño – también traducible como el apego, la ira, y la ignorancia. Nos traen la confusión y la miseria más que la paz, la felicidad, y el éxito. Está en nuestro propio interés purificarlos y transformarlos».

En el judaismo la ira se transforma. Sobre el enojo y la ira. El mejor ejemplo escrito es El Enojo de Moshe

El enojo parece surgir en el transcurso de un instante. A veces explotamos repentinamente cuando los demás nos irritan. La verdad es, sin embargo, que en la mayoría de los casos, somos enteramente responsables de nuestras reacciones. Cuando aprendemos a honrar a los demás, disminuimos la tentación de enojarnos con ellos.

Volviendo a nuestro asunto, cuando la persona sopese sus actividades constantemente y las dirija hacia el justo medio, habrá llegado al nivel más alto que un ser humano alcanza, pudiendo acercarse a Dios y captar Su bondad, siendo lo más loable en el servicio a Dios.

Con anterioridad los sabios mencionaron esto al afirmar: “Todo el que conduce sus sendas, amerita y ve la salvación de Dios como está escrito: “El que me sacrifica ofrendas de agradecimiento Me ha honrado, el que pone el camino (hacia Dios) le mostraré la salvación de Dios” (Tehilim 50:23); no leas “el que pone el camino” sino “el que sopesa el camino” (Moed Katán 5a). Sopesar es valorar y estimar; este es el tema que vimos propicio desarrollar en este capítulo sobre el equilibrio.

Es vital estudiar las diferentes clases de personalidad para conocer nuestra propia clase y la de aquellas personas con las que tratamos.
¿Les levanta con frecuencia su voz a los demás? ¿Está siempre gritando a los demás debido a su personalidad agresiva? ¿Mandonea a las personas? ¿Es demasiado controlador y dominante?

La Mishná (Avot 5:11) describe el temperamento de un malvado – el que es autoritario, demasiado agresivo, dominante y que atropella a todos los que se cruzan por su camino. Consigue lo que quiere o recurre a un estallido de ira.

Para tratar y remediar esta perversidad, observen que la mishná denomina a esta persona: una que «es fácil de enojar». Si esta descripción parece cuadrarle, es hora de tomar una decisión deliberada de relajarse y no enojarse. Elimine su necesidad de controlar a los demás. Tómese las cosas con más calma y converse los asuntos con los demás antes de imponerles una decisión final.

Este proceso de tomar las cosas con calma no es fácil, y lleva tiempo, pero puede y debe hacerse. Los beneficios serán perceptibles a medida que disfrute de una comunicación más significativa con los demás, descubra el secreto de llevarse bien con las personas y permita a los demás disfrutar de su compañía. Además, tendrá más amigos, las personas lo respetarán y lo escucharán, y experimentará la grandeza de ser humilde.

Vemos de algunas de las principales mitzvot positivas de la Torá – por ejemplo, «Honra a tu padre y a tu madre» (Shemot 20:12) y «Ama a tu prójimo como a ti mismo» (Vaikrá 19:18) – que la Torá los obliga a concentrarnos en apreciar a las personas y a comportarnos hacia ellas con respeto, paciencia y aprecio. El enojo es uno de los principales rasgos negativos que socava y contrarresta todos los rasgos positivos (Meiri, Mishlé 16:32).

¿Quién es honorable? El que honra a los demás.
(Avot 4:1)

Cuando aprende a honrar a todos los que lo rodean, tiene menos probabilidades de enojarse con los demás y más probabilidades de convertirse en una persona más honorable

Aprecia el honor de tu amigo como si fuera el tuyo propio.
(Ibídem 2:10)

A fin de honrar a los demás y abstenerse de la ira, es esencial aprender a apreciar su propio honor de una manera positiva. A medida que aprenda a respetarse, desarrollará la capacidad de honrar también a los demás.
Quizá esté pensando a esta altura: «¿Por qué debo concentrarme en honrar a todas las personas cuando hay, indudablemente, algunas que no lo merecen?».
La respuesta es que tenemos que concentrarnos en la capacidad de bejirá (libre albedrío), de la que D’s nos ha dotado.

La ira, cólera, enfado, rabia, enojo o furia

La ira, cólera, enfado, rabia, enojo o furia es una emoción que se expresa a través del resentimiento o de la irritabilidad. Los efectos físicos de la ira incluyen aumento del ritmo cardíaco, de la presión sanguínea y de los niveles de adrenalina y noradrenalina.

 Algunos ven la ira como parte de la respuesta cerebral de atacar o huir de una amenaza o daño percibido.

La ira se vuelve el sentimiento predominante en el comportamiento cognitivamente y fisiológico cuando una persona toma la decisión consciente de adoptar medidas para detener inmediatamente el comportamiento amenazante de otra fuerza externa.

La ira puede tener muchas consecuencias físicas y mentales.

La ira, el enojo o el enfado es una reacción emocional

La ira, el enojo o el enfado es una reacción emocional que se produce cuando una persona considera que existe o se va a producir un resultado negativo para sus intereses, que se podría haber evitado si alguien los hubiera tenido en cuenta y hubiera actuado de otra forma.

Se trata de una respuesta emocional caracterizada por una activación fisiológica, motora o de tipo cardiovascular, acompañada por sentimientos de enfado y que aparece cuando no se consigue un objetivo o no se cubre una necesidad. Evidentemente está encaminada a mostrar nuestra disconformidad, a quejarnos. Incluye una serie de funciones de adaptación al medio, por un lado la organización y regulación de procesos internos tanto de nuestro cuerpo como de nuestra mente y por otro, la regulación y construcción de relaciones interpersonales y sociales.

La intensidad de nuestro enfado es variable y nos induce a actuar. Puede aumentar si repasamos mentalmente el problema y puede llevarnos a expresar una queja, un aviso o una advertencia, con el fin de evitar futuros daños. Se trata de una reacción básica para la supervivencia, fundamentalmente, ante otros miembros de nuestro grupo social. Puede definirse como una emoción negativa que conlleva sentimientos de furia, rabia o como se dice en castellano, cabreo y que va acompañada de una respuesta fisiológica caracterizada por una activación extra del sistema nervioso simpático, del sistema endocrino, incremento de la activación muscular y de una respuesta motora que implica distintas formas de expresarnos y de conducirnos de manera agresiva.

Cuando experimentamos esta emoción hacia otra persona, cuando sentimos que se han violado nuestros intereses de manera intencionada o injustificada, una de las formas de afrontamiento que solemos elegir es la conducta hostil. Cuando nos enfadamos con una persona con la que convivimos, lo que pretendemos es que nos tengan en cuenta y mostrar nuestra desaprobación ante un comportamiento que no nos ha gustado, de cara a que el otro rectifique y cambie de conducta. La ira es usada por padres, educadores y jefes para conseguir que se cumplan las normas antes de que vengan los castigos. Sin embargo, no es conveniente abusar de este método, ni usarlo como un castigo.

Si se abusa de los enfados pueden suceder dos cosas:

Que el que se enfada sufra una activación fisiológica y un malestar emocional a los que es conveniente poner límites en intensidad, frecuencia y duración.
Que tras muchos avisos y ninguna consecuencia negativa adicional, el avisado entienda y aprenda que se puede restar importancia a esos avisos.

Habitualmente la ira se considera un concepto más básico que la hostilidad y la agresión. La primera implica la experiencia frecuente de sentimientos de ira pero tiene también otras connotaciones como el hecho de que la persona hostil tiene otras actitudes como la mezquindad, el rencor y conductas como la agresividad. Mientras que la ira hace referencia a sentimientos, los conceptos de hostilidad y agresión se utilizan para aludir a formas de actuar negativas y conductas destructivas y de castigo.

Como resumen, podemos marcar la siguiente distinción entre los tres términos:

La ira se refiere a un estado emocional caracterizado por sentimientos de enfado de intensidad variable.

La hostilidad hace referencia a una actitud persistente de valoración negativa de y hacia los demás.

La agresión es una conducta dirigida a causar daño a personas y/o cosas.

Tomás de Aquino

Tomás de Aquino forma parte de una amplia lista de autores que han tratado sobre la ira desde el punto de vista filosófico, es decir, como un elemento perteneciente a la naturaleza humana. Sin pretender hacer un elenco exhaustivo de los autores que abordaron el tema con anterioridad a santo Tomás.

Para evitar confusiones terminológicas, debemos afirmar desde ahora que es posible distinguir tres sentidos de ira en Tomás de Aquino lo largo de su obra.

En primer lugar

En primer lugar, está la ira como pasión de carácter apetitivo-sensible, que surge en respuesta ante alguna realidad que es percibida por la facultad estimativa como contraria a la propia integridad o subsistencia. A este sentido de ira se refiere Tomás cuando afirma que es “cierta pasión del apetito irascible […] que tiende a la destrucción de lo que es captado como contrario a lo querido o deseado”.

En segundo lugar

En segundo lugar, junto a la ira de tipo sensible, habría que distinguir una ira como movimiento de la voluntad: el ser humano tiene conciencia de aquello que se percibe como contrario al propio deseo y, por tanto, busca intencionalmente la reparación de un agravio por medio de infligir una pena al otro. A este sentido de ira se refiere Tomas cuando afirma que “es la voluntad de reivindicar algún mal que nos han hecho”

Respecto de estas dos clases de ira, es fácil comprender que se hallan mutuamente vinculadas cuando se presentan en el ser humano. La razón es que en el terreno concreto de la acción humana, al movimiento del apetito inferior sigue necesariamente un acto del apetito superior. En otras palabras, cuando la ira se presenta, a la reacción orgánico-hormonal que ocurre a nivel corporal, le acompaña un querer tomar venganza consciente y voluntaria ante el daño sufrido.

En tercer lugar

En tercer lugar, se encuentra la ira que tiene el sentido de iracundia, es decir, el vicio consistente en la incapacidad para moderar convenientemente la ira como pasión.

La paciencia y mansedumbre se oponen más bien a la ira como iracundia

La paciencia y mansedumbre se oponen más bien a la ira como iracundia, mas no a la ira como pasión del apetito sensible o como movimiento de la voluntad. Para comprender lo que se entiende por esta moderación conveniente de la ira, Tomás de Aquino tiene presente a Aristóteles. Si la iracundia nace de la dificultad de determinar cómo, con quiénes, por qué motivos y por cuánto tiempo debemos irritarnos, una contribución importante para el manejo de la iracundia debe partir por el cultivo de una disposición conforme a la que debemos irritamos con quienes debemos, por los motivos debidos.

En términos generales, puede decirse que existen distintas condiciones para cada tipo de ira. El caso de la ira como pasión no ofrece mayores dificultades. Se puede afirmar que es una ira de tipo corporal, pues procede de la naturaleza animal y es ocasionada por algo que proporciona un dolor actual o inminente. En virtud de ella se enojan los niños cuando son castigados o los animales cuando son molestados. A ello se refiere Tomás cuando afirma:

Las bestias encaran los peligros en virtud de la tristeza ocasionada por los males que padecen al presente, por ejemplo, cuando se les está haciendo un daño; o en virtud del miedo ocasionado por aquello que temen llegar a sufrir, por ejemplo, cuando temen que van a ser dañadas. Y así, cuando son provocadas a la ira atacan a los seres humanos; en cambio, si estuvieran en la jungla o en los pantanos no atacarían a los seres humanos porque no serían dañadas al presente ni temerían serlo a futuro.

El sujeto que la padece se encuentra ante alguna realidad que le lleva a postergar un placer

La ira como pasión también surge cuando el sujeto que la padece se encuentra ante alguna realidad que le lleva a postergar un placer o le impide gozar plenamente de él. Ello explicaría el comportamiento de ciertos animales que luchan entre sí con gran furor por comida, bebida o placer sexual, incluso hasta la muerte del adversario. También el caso de los bebés que se irritan cuando se ven privados de sueño o alimento. No es que dispongan de un juicio de la razón o movimiento de la voluntad para experimentar irritabilidad; basta que una facultad valorativa como la estimativa en los animales o la cogitativa en los humanos capte una determinada realidad concreta como opuesta a la propia integridad o subsistencia para que la respuesta sea la ira.

La ira como movimiento de la voluntad, como se definió anteriormente, supone “el deseo de causar daño a otro, buscando con ello una reparación”. Tomás considera que siempre lleva implícito algún perjuicio causado por quien la provoca, perjuicio que además debe ser percibido como injusto por quien la sufre.

Síntomas

El enfado puede ser de uno de los dos tipos principales: ira pasiva e ira agresiva. Estos dos tipos de cólera tienen algunos síntomas característicos:

Ira pasiva

La ira pasiva puede expresarse de las siguientes maneras:

Desapasionamiento: evitar expresar comentarios/críticas abiertamente para expresarlos a espaldas del otro, o susurrar, evitando el contacto visual como desprecio a los demás, mostrar indiferencia o sonrisas falsas, mirando impasible, falta de decisión, adormecer los sentimientos con el abuso de drogas, comer en exceso, dormir demasiado, no responder a la ira de otro, frigidez, caer en prácticas sexuales que deprimen la espontaneidad y convertirse en objeto de los participantes, pasar grandes cantidades de tiempo con máquinas, objetos o actividades intelectuales, hablar de frustraciones sin expresar sentimientos.
Derrotismo: predisponer a uno mismo o a los demás al fracaso, elegir a personas poco confiables de las que depender, ser propenso a los accidentes, tener bajo rendimiento, impotencia sexual, expresar frustración por cosas insignificantes, haciendo caso omiso de las serias.
Manipulación mental: provocar a la gente y a continuación mostrarse condescendiente con ellos, o quedarse al margen, chantaje emocional, falsa tristeza, fingir una enfermedad, sabotear las relaciones, provocar sexualmente, utilizar a un tercero para transmitir sentimientos negativos, negar dinero o recursos.
Autoculpabilidad: disculparse continuamente, ser demasiado crítico, invitar a la crítica.
Autosacrificio: mostrar sufrimiento y negarse a recibir ayuda o mendigar agradecimiento.
Comportamiento obsesivo: ser excesivamente limpio y ordenado, mantener todo bajo control constantemente, mantener dietas excesivas o comer excesivamente, exigir que todos los trabajos se hagan a la perfección.
Evasividad: dar la espalda en una crisis, evitar los conflictos, no responder a las discusiones, no dirigir la palabra a alguien, llegando a convertirse en fóbico.

Ira agresiva

Los síntomas de ira agresiva son:

Bullying, como puede ser amenazar a las personas directamente, persiguiendo, empujando, usar el poder para oprimir a los demás, gritar, empujando a alguien afuera del camino, jugar con las debilidades de los demás.
Destrucción, como es destruir objetos como vandalismo, hacer daños a los animales, abuso de niños, destruir una relación, manejo peligroso al volante, abuso de sustancias.
Grandiosismo, como alardear, expresar desconfianza, no delegar nada, ser mal perdedor, querer todo el centro de la atención todo el tiempo (egocentrismo), no escuchar, hablar por encima de los demás, esperando recibir premios menospreciando el trabajo de otros
Carácter nocivo como violencia, abuso verbal, bromas vulgares, destruir confianza de los demás, lenguaje obsceno y soez (decir malas palabras), falta de empatía, ignorando los sentimientos de los demás, discriminación, culpar a los demás, castigando a los demás por acciones innecesarias, etiquetando a los demás. A su vez este carácter puede incluir abuso sexual o violación.
Comportamiento maniático: hablar muy rápido, caminar muy rápido, manejar demasiado rápido, descuidado en las finanzas
Egoísmo: ignorar las necesidades de los demás, no ayudar a los demás.
Amenazas: intimidación diciéndole a los demás como alguien puede lastimarlos, a su propiedad o sus prospectos, señalar con el dedo, apretón de puños, llevar ropa o símbolos asociados a conductas violentas, ir muy cerca del auto de adelante, pitar demasiado, destruir cosas, dar puertazos.
Acusación injusta: acusar a otras personas por errores de uno, culpando a la gente por sus sentimientos, hacer acusaciones generales.
Impredecibilidad: explota de rabia por frustraciones menores, atacar indiscriminadamente, castigar injustamente, infligir daño a otros por puro placer, usando alcohol y drogas,15 argumentos ilógicos.
Venganza: ser sobre-castigador. Esto difiere de la justicia retributiva, ya que la venganza es personal, y posiblemente a nivel ilimitado.



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