La línea D cumple 80 años. El futuro de la línea

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El 3 de junio de 1937 los trenes de la línea D comenzaban a circular entre Catedral y Tribunales. Un repaso por la historia de una de las líneas más utilizadas de la red y su incierto futuro.

Futuro de la línea

Según estadísticas del Gobierno porteño, la línea D transporta alrededor de 375.000 pasajeros al día. Sin embargo, la calidad del servicio dista de ser acorde para una de las líneas mañas usadas de la red -compite palmo a palmo con la B, cuyo estado es aún peor.- Hoy, cuando se conmemora el 80 aniversario de su inauguración, la línea viene de padecer una de las peores semanas con demoras y desperfectos técnicos constantes en las formaciones y en el sistema de señales.

La incorporación de aire acondicionado a los coches Alstom prosigue, sin embargo, su marcha aunque difícilmente pueda abarcarse a toda la flota para el verano. Tampoco se advierte, hasta el momento, que vayan a comenzar las imprescindibles obras de ventilación forzada en una línea ya de por sí calurosa. Mientras tanto, la llegada de las formaciones Alstom Metrópolis adicionales -ampliación del contrato de la flota nueva de la línea H- sigue siendo un misterio: hasta ahora sólo se trasladó una formación, que continúa siendo sometida a pruebas a más de un año de llegada a la D. Por el momento no hay información oficial que dé cuenta de una próxima llegada de más trenes que permitan trasladar los Fiat Materfer que aún quedan en la D a la línea E, donde los coches GEE -que también circularon por décadas en la D- se encuentran en un estado terminal.

En cambio, el deterioro general del aspecto de las estaciones sigue a la orden del día: las filtraciones no sólo se reparan de manera infrecuente, sino que los murales pintados años atrás durante la gestión de Juan Pablo Piccardo al frente de SBASE exhiben las señales propias del deterioro esperable de obras de cuestionable gusto pintadas directamente sobre paredes húmedas y que nada tienen que ver con el estilo de las estaciones. Por el momento, lo único que parece avanzar es la ampliación de la cochera Manuela Pedraza, ubicada luego de la cabecera Congreso de Tucumán, aunque dicha obra lleva ya tres años y provoca cada vez más quejas entre los vecinos por los trastornos que provocan a la circulación en superficie.

De esta manera, la línea D no escapa al deterioro general de la red de subtes cuando hasta el momento la política oficial de Transportes a pasado a girar en torno al metrobus y no del Subte que, junto con el ferrocarril y otros medios guiados como el tranvía -cuya reintroducción es resistida- es el que puede realmente contribuir a mejorar la movilidad urbana a largo plazo. Así, el octogésimo aniversario de la línea D es hoy una efeméride que sólo proporciona el repaso de un pasado que, al menos para el Subte, parece que siempre fue mejor.

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