La realidad entre globos amarillos y festejos de utilería. Por Leo Anzalone

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Algunos pretendieron usar las elecciones del domingo pasado en la Ciudad de Buenos Aires como un momento rupturista en la carrera presidencial, pero es un electorado que siempre se diferenció del resto del país, una ciudad que votó cosas tan disimiles como Hermán González, Fernando De la Rúa, Anibal Ibarra o Mauricio Macri.

Por una gran cantidad de situaciones la Ciudad de Buenos Aires y la realidad de los porteños no simbolizan la realidad del país, eso no es ni bueno ni malo, sino que no es una muestra acaba de las necesidades o pensamientos del país en su conjunto.

Si se analiza que entre los votos de Rodríguez Larreta, Michetti, Lousteau y Ocaña, se tienen casi el 70% del total de votos y que esos dirigentes representan, al extrapolarlos a lo nacional, a Mauricio Macri, Elisa Carrió y Ernesto Sanz, lo que claramente está lejos de representar a la sociedad toda, por más que los medios concentrados pretendan mostrar lo contrario.

Todo el marketing no ayuda a expresar la realidad del país, tampoco gastar tres millones de pesos por día en publicidad, una cantidad de plata que a muchas provincias les gustaría tener para cosas menos banales. El país está lleno de matices que al PRO parecen escaparle.

Evidentemente no son lo globos amarillos ni el show del PRO la mejor manera de comprender lo que ocurre en el país. A Mauricio Macri le va a costar mucho hacerle entender a los argentinos que para el PRO no existen ciudadanos de primera y de segunda, porque en todas esas filas de dirigentes que festejaban la “operación” de Rodríguez Larreta contra Gabriela Michetti, traducida en triunfo, no parecía haber ni un dirigente que tuviera compromiso social.

Lo que tampoco ayuda a entender lo que ocurre es lo que hizo La Cámpora, a quien se le dio una paliza electoral, lo que demuestra que nada es como ellos dicen, pero con el incompresible método de festejar la derrota pusieron al frente a Mariano Recalde, que intentó ensayar un discurso de estadista olvidándose que pocos días antes había amenazado a los porteños diciendo que haría en la Ciudad lo mismo que hizo en Aerolíneas.

El problema de los falsos festejos K es que intentó usar la misma estrategia que usa en provincias que son feudos históricos, donde los medios de comunicación son la columna vertebral de esos gobiernos corruptos. Allí desde el gobierno pueden mostrar otra realidad y tratar de confundir a la gente.

Lo que tampoco marca la realidad de la Argentina es Daniel Scioli, que podría dar un manto de seriedad al gobierno nacional pero en cambio compartió el escenario del festejo del fracaso, parece cada vez más convencido de su kirchnerismo, como la estrella que decía que guiaba a Carlos Menem, de él los argentinos podemos llegar a creer cualquier cualquier cosa, que por su ambición desmedida de ser presidente puede hasta llegar a indultar a Amado Boudou.

La Ciudad de Buenos Aires tiene su complejidad, una ciudad cosmopolita y heterogénea, pero por todas esas particularidades la Capital sigue siendo un distrito que está un poco alejado de la realidad del país, donde no hay globos amarillos, ni falsos festejos, ni soberbia técnica que alcance, solo hay que ver como lo padeció Sergio Massa en persona a quien en su propio núcleo le jugaron en contra.

El país entero vive otra realidad, que necesita de dirigentes que tomen en serio las necesidades de la gente, que no la traten como tontos, dirigentes con sensibilidad social.

Asi que, como dice Cristina, “no se hagan los rulos”, la Ciudad de Buenos Aires no es el país y recordando el título del libro de Osvaldo Soriano “No habrá más penas ni olvido”, tampoco tendría que haber más globos amarillos y falsos festejos, sino más seriedad y compromiso con la realidad.

*Dirigente de Peronismo Para Todos – Universidad Para Todos

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