Las flores del jacarandá ya decoran las veredas, plazas y parques de la Ciudad.

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Los barrios en los que hay más ejemplares de jacarandá son Palermo, Recoleta y Belgrano y pueden verse en cantidad a lo largo de las avenidas Del Libertador, Cabildo y Figueroa Alcorta.

Hace más de 100 años, el gran paisajista francés Carlos Thays diseñaba lo que hoy siguen disfrutando los vecinos de la Ciudad: plantó 150.000 ejemplares de lapachos, tipas, ceibos y palos borrachos para que, cada cual a su turno, florecieran y llenaran de colores las calles. Y noviembre es el mes en que los miles de jacarandás de los barrios porteños se vuelven protagonistas. Fue Thays -que entre muchas otras obras diseñó el Parque Lezama, las Barrancas de Belgrano, el Jardín Botánico y trazó Barrio Parque- quien pensó que era necesario darle a la Ciudad una impronta europea que aún hoy conserva en muchos de sus paseos.

Lilas y celestes intensos. Los diferentes tonos de las flores del jacarandá ya tapizan las veredas, plazas y parques de la Ciudad. Algunos lugares donde apreciar los árboles florecidos son: Plaza San Martín, Av 9 de Julio, Av Figueroa Alcorta, Bosques de Palermo, Av. Libertador, el Rosedal, Costanera Sur, Barrancas de Belgrano, Plaza Lavalle (Tribunales) y Parque Lezama.

Jacaranda

Jacaranda es un género de unas 50 especies aceptadas, de las 120 descritas, de árboles y arbustos de la familia de las bignoniáceas, típicos de la América intertropical y subtropical. Se conoce vulgarmente como jacarandá, jacaranda, gualanday o tarco.

Muchas especies pueden alcanzar desde los 2 a los 30 metros de altura, de los cuales el fuste representa unos dos tercios. Éste llega a los 70 cm de diámetro, de forma recta y estilizada. La copa es poco densa y se asemeja a un cono invertido. En su especie Jacaranda mimosifolia es caducifolio en clima templado al llegar la primavera, como otras especies tropicales.

Sus hojas son opuestas, compuestas, con folíolos pinnatisectos en muchas de las especies, pinnadas, bipinnadas o simples en algunas pocas especies. Florece dos veces por año, en primavera y otoño, produciendo inflorescencias racimosas de flores de color azul violáceo y forma tubular en algunas especies, como la famosa Jacaranda mimosifolia, pero varía su color, hacia el rosado en algunas, y al blanco en unas pocas. Las flores, de un color azul violáceo, permanecen largamente en el árbol. El fruto es una cápsula plana y leñosa, con dehiscencia circuncisa, de unos 5 a 7 cm de diámetro, con semillas aladas.

Su madera gratamente aromática es muy apreciada en ebanistería y carpintería, en especial para realizar laminados. A algunas de estas variedades se las denomina impropiamente . “palo rosa” aunque tal nombre corresponde más exactamente al “peroba”. Lo mismo ocurre con la denominación “palo santo” que corresponde con más precisión al guayacán.

Por su aspecto, los jacarandás son interesantes en jardinería. El jacarandá más típico es el Jacaranda mimosifolia, árbol caducifolio de gran porte con frondosa copa que se cultiva ornamentalmente en plazas, parques y jardines del mundo entero en climas cálidos o templados. Otra especie cultivada extensamente es la copaya (Jacaranda copaia), cuya madera es importante para la construcción, debido a la longitud de su tronco.

La decocción de las hojas del jacarandá tiene uso medicinal, como antiséptico y antibacteriano. La corteza es astringente, aunque no en dosis que admitan su uso industrial.

Con la llegada de la estación las calles porteñas que cobijan este árbol se tiene de violeta, el color de su flor. Hay más de 11 mil ejemplares en la Ciudad, según el último Censo de Arbolado Público. Un mapa interactivo permite ubicarlos en cada comuna.

Jacarandá! Hay azul en el cielo! Es primavera! Hay azul en el árbol Hay azul en el suelo Azul en la vereda!
De esta manera, la escritora Nilda Mileo retrató las características del Jacarandá, uno de los tradicionales árboles de la Ciudad.

Es que en Buenos Aires es un símbolo de la primavera que comienza. Son sus típicas flores color azul violáceo las que vuelven a sus calles, avenidas y plazas un verdadero espectáculo visual.

Los jacarandás porteños fueron incorporados al paisaje urbano por Carlos Thays. Según el último Censo del Arbolado Público Lineal de la Ciudad en la actualidad hay poco más de 11.000 ejemplares.

De gran adaptabilidad al medio y las condiciones urbanas, el jacarandá se ha convertido en una de las especies más emblemáticas de la ciudad.

Los barrios en los que hay más ejemplares son Palermo, Recoleta y Belgrano y pueden verse en cantidad a lo largo de las avenidas Del Libertador, Cabildo y Figueroa Alcorta.

ARBOLES DE LA CIUDAD

Son 36 especies y cada una se elige según el ancho de la vereda donde se va a ubicar. En Buenos Aires hay en total 421.718 ejemplares, de los cuales 367.157 están en las calles. Sólo el Gobierno de la Ciudad puede realizar plantaciones.

En Buenos Aires hay 421.718 árboles, de los cuales 367.157 están en las calles y 54.561 en espacios verdes, según el último censo fitosanitario realizado en 2018.

La variedad de especies que hay en la Ciudad es enorme, pero no mucha gente sabe cuáles son aptas y cuáles no, ni cómo hacer el trámite para pedir la plantación de un árbol.
Sólo el Gobierno de la Ciudad, a través de las Comunas puede realizar plantaciones

Las plantaciones se realizan en el periodo del año permitido, que varía según el clima (habitualmente de mayo a septiembre). Cuando un vecino genera una solicitud, la Comuna tiene un plazo de 5 días para realizar la plantación, siempre que esté en el período permitido. Si no se la planifica en el sistema para el siguiente.

Para pedir la plantación de un árbol el vecino debe generar una solicitud a través del SUACI (se adjunta instructivo) que centraliza las solicitudes ingresadas por web GCBA; 147 y la app GCBA. El otro canal son las solicitudes OP (que ingresan directamente al sistema de gestión SAP), estas últimas con prioridad de atención.

Las 36 especies que son aptas
Las especies aptas varían según el lugar donde se las va a plantar, principalmente el ancho de la vereda, explica Jorge Amílcar Mario Fiorentino, del Plan de Arbolado. Sobre todo para que las raíces y las copas se puedan adaptar al lugar sin destruir las veredas ni obstruir la visión de las señales de tránsito.

Las especies son 36 y están incluidas en el Plan de Arbolado de la Ciudad. Cada una tiene un nombre vulgar y un nombre científico entre paréntesis. En cada caso se consigna el diámetro medio del tronco adulto (en centímetros) y el mínimo y máximo ancho de vereda (en metros).

• Arce tridente (Acer buergerianum). Alcanza 40 cm de diámetro y se adapta a veredas de entre 2,20 y 3,60 metros.
• Fresno dorado (Fraxinus excelsior f. aurea). 40 cm y entre 2,20 y 3,60 metros de ancho de vereda.
• Crespón (Lagerstroemia indica). 30 cm y entre 2 y 3,60 metros de vereda.
• Fotinia (Photinia frazeri). 25 cm, y entre 1,80 y 2,80 metros.
• Ciruelo de flor (Prunus cerasifera atropurpurea). 25 cm, y entre 1,80 y 2,80 metros.
• Viscote (Acacia visco). 50 cm y 2,80 a 4 metros.
• Pata de Buey (Bahuinia candicans). 50 cm y 2,40 a 3,40 metros.
• Anacahuita (Blepharocalyx salicifolius). 50 cm y 2,60 a 3,80 metros.
• Fresno americano (Fraxinus pennsylvanica). 60 cm y 2,40 a 4 metros.
• Ligustro disciplinado (Ligustrum lucidum aureovariegata). 40 cm y 2,40 a 3,60 metros.
• Jacaranda (Jacaranda mimosifolia). 70 cm y 3 a 4,60 metros.
• Liquidambar (Liquidambar styraciflua). 60 cm y 2,80 a 4 metros.
• Tulipanero (Liriodendron tulipifera). 70 cm y 3,20 a 4,40 metros.
• Cedro misionero (Cedrella fissilis). 70 cm y 3,20 a 4,40 metros.
• Arce dorado (Acer saccharinum). 70 cm y 3,20 a 4,40 metros.
• Lapacho rosado (Handroanthus impetiginosus). 60 cm y 3 a 4,60 metros.
• Plátano (Platanus x acerifolia). 70 cm y 4 a 7,40 metros.
• Tilo (Tilia moltkei). 70 cm y 3,80 a 7,40 metros.
• Ibira-pitá (Peltophorum dubium). 80 cm y 4,40 a 7,40 metros.
• Tipa (Tipuana tipu). 90 cm y 5 a 7,40 metros.
• Falso castaño (Aesculus hippocastanum). 60 cm y 3,20 a 4,40 metros.
• Pezuña de vaca disciplinada (Bauhinia variegata) 40 cm y 2,40 a 3,20 metros.
• Castaño (Castanea sativa). 60 cm y 3,20 a 4,80 metros.
• Catalpa (Catalpa bignonioides). 60 cm y 2,80 a 3,80 metros.
• Almez (Celtis australis). 60 cm y 3 a 4 metros.
• Arbol de Judas (Cercis siliquastrum). 30 cm y 2 a 3 metros.
• Ceibo de Jujuy (Erythrina falcata). 60 cm y 3 a 4 metros.
• Parasol de la china (Firmiana platanifolia). 60 cm y 2,80 a 3,80 metros.
• Arbol de oro (Ginkgo biloba). 60 cm y 3 a 4,40 metros.
• Palito dulce (Hovenia dulcis). 50 cm y 3 a 4,20 metros.
• Nogal criollo (Juglans australis). 60 cm y 3,20 a 4,40 metros.
• Platano Americano (Platanus orientalis). 80 cm y 3,80 a 6,20 metros.
• Lapachillo (Poecilanthe parviflora). 40 cm y 2,40 a 3,60 metros.
• Algarrobo blanco (Prosopis alba). 50 cm y 2,80 a 4 metros.
• Roble de Eslavonia (Quercus robur). 70 cm y 3 a 4,80 metros.
• Lapacho amarillo (Tabebuia chrysotricha). 50 cm y 3 y 4,40 metros.

Las que no son aptas
En las veredas de Buenos Aires se pueden encontrar otras especies. Algunas figuraron en el listado como aptas pero se las retiró por distintos motivos. Otras, que a veces abundan, nunca estuvieron en el listado.

Por ejemplo, Jacarandá micrantha. “No esta en el listado porque tenemos ya al Jacarandá mimosifolia en el listado principal, que esta muy bien adaptado a nuestra zona y que vamos a tratar de llevarlo a su máxima frecuencia”, explica Fiorentino.

También fueron quitados de la lista las siguientes especies:
• Limpiatubos (Callistemum imperialis): “Es un arbusto que invade todo el espacio y crece mucho, es para plazas”, dice Fiorentino.
• Arbol de la seda (Albizia julibrizum), “porque tiene un crecimiento muy despatarrado y bajo de copa y pierde todo el tiempo flores y luego las vainas, va bien para plazas”.
• Timbó u oreja de negro (Enterolobium contortisiliquum). “Por los frutos y el tamaño final: es muy grande y tiene un sistema radicular que pulveriza las veredas. Va bien en plazas”.

No están permitidas especies con espinas ni frutales

Muchas especies que pueden encontrarse con frecuencia en las veredas de la Ciudad no se adaptan al arbolado viario. La lista incluye: ciprés, roble sedoso, haya, palo borracho, algarrobo blanco, sauce criollo, magnolia, aguaribay, ceibo (el criollo) y ficus. Algunas podrían adaptarse para espacios verdes más grandes.

“La idea es dejarlas y a medida que haya que removerlos, reemplazarlos por alguna que esté en el listado y se adapte al lugar”, concluye Fiorentino.

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