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Los quilombos para los seguidores de Milei

Los quilombos que tiene cualquier presidente cuando se le cae la ficha de la popularidad son más que fuleros, pibe.

¿Por qué?

Te cuento:

Resumen: La creencia en que empresarios y ‘gorilas’ rescatarán a Argentina, siendo una minoría, plantea un desafío de proporciones para la visión de cambio en el país

Caída en la creencia y en la banca: La popularidad te sirve para tener más banca, y cuando se te empieza a ir por el caño, la creencia en tu gobierno también se va al joraca. Eso te juega en contra para llevar adelante tus planes y que la gente los banque.

¿Te pensás que te dan pelota si no tenés chapa?

Un presidente que tiene alto rating pega más onda en la gente y en los que manejan la batuta en el congreso?. Si baja el rating, chau influencia para convencer a la gilada, persuadir a los otros políticos o mantener la tropa unida leva ser difícil, se terminó el panelista y ahora debe mover la bocha.

Apoyo político en jaque: La popularidad pesa en la sopa, tanto adentro de tu partido como en el barrio. Si baja, los políticos propios te dejan de dar manija para cuidar su propio quincho, dejándote más solo que el uno y complicando cualquier plan.

Manejar las crisis se hace más pesado: Cuando la gente te deja de dar manija, el manejo de las crisis se vuelve más complicado. Menos apoyo, menos chances de hacer lo que hay que hacer, o de comunicarte piola cuando el agua llega al cuello.

¿Te imaginás que después te voten de nuevo? La popularidad también es clave para que te tiren una segunda vez al ring. Si te pinta el bajón al final, te quedás con el mote de perdedor y tu partido arranca con el pie cambiado para las próximas elecciones.

En fin, que bajar en la popularidad te puede dejar en bolas, sin apoyo político, rengo para enfrentar las crisis y con menos chances de que te den una segunda chance en el ring. ¿Entendido? Ahí tenés por qué cualquier presidente se pone en modo supervivencia cuando le empieza a ir para atrás.

Ahora, si miramos el caso del presi electo, Javier Milei, tiene unos cuantos berretines para resolver:

No tiene chapa en la rosca política: Este flaco es más de los números y de los negocios, no tiene historia en la política. Eso le va a dar un laburo extra para hacer andar sus planes que necesitan que lo banquen muchos.

Propuestas más picantes que el ají: Milei tira ideas re locas, como achicar el Estado, hacerse la rata con los impuestos, poner el billete verde en todos lados y legalizar la zapa. Obvio que estas movidas no van a caer bien a todo el mundo.

Tiene menos respaldo en el Congreso que piñas de Rocky: Ganó con un 56% de los votos, pero no tiene la mayoría en el Congreso. Va a tener que ponerse a negociar fuerte si no quiere que su presidencia sea un desastre.

La crisis económica le pesa como una mochila con ladrillos: La economía está más crota que una bicicleta de madera, con una inflación que te vuela la peluca y un desempleo en lo alto. Manejar ese quilombo va a ser como andar en bicicleta sin manos para Milei.

En fin, puede que Milei le pinte el éxito, pero estos temas son como un escollo grande. En especial, el ser nuevo en la rosca y la resistencia a sus ideas re jugadas. Si no le hace frente, su mandato puede durar menos que un suspiro.