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Los Reyes Magos de Oriente: Melchor, Gaspar y Baltasar

La ilusión no se puede medir, pero sí trabajar. No se puede comprar, pero sí regalar. La ilusión que nos contagian cada año. ¡Nos preparamos para dejar todo listo esta noche y recibir mañana los regalitos que nos dejen los Reyes Magos. En el siglo V, el papa san León I el Magno establece definitivamente en tres el número de reyes…

La Estrella de Belén fue, según la tradición cristiana, el astro que guio a los Reyes Magos al lugar del nacimiento de Jesucristo. El Evangelio de Mateo menciona que los Reyes Magos vieron aparecer por el este la Estrella de Belén, aunque no aclara si se trataba de un planeta, una estrella o cualquier otro fenómeno astronómico. Según los escritos, los Reyes viajaron siguiendo la estrella, y esta se detuvo sobre el lugar en el que Jesús había nacido. Los Reyes Magos lo asociaron al Rey de los Judíos. De haber sido astrónomos griegos o romanos podrían haber asociado la estrella de Belén con la estrella polar, el planeta rey, y Régulo, la estrella rey. O si venían de Babilonia, lo podrían haber asociado el planeta Saturno (Kaiwanu). En todo caso, bien podría tratarse de la estrella Sirio, a la que apuntan los «tres reyes» del cinturón de la constelación de Orión.

Tradición e Historia

Los Reyes Magos o Magos de Oriente tienen su origen en la Biblia, más concretamente en el Evangelio de Mateo, en el que se menciona a unos magos judíos que visitan a Jesús tras su nacimiento como rey de los judíos. A pesar de contar con el apelativo de magos, en realidad se trataba de hombres sabios, astrólogos o sabios paganos. Con esta ofrenda por parte de sabios de otras culturas, se demostraría el peso del Dios Jehova ante los dioses de las otras culturas. En el Evangelio de Mateo, tampoco está explícito su número, sólo se indicaba que le ofrecieron: oro, incienso y mirra. El número de tres es establecido definitivamente en el siglo V por el papa san León I el Magno.

La tradición más difundida cuenta que vinieron de Oriente, en número de tres, en representación de los tres continentes hasta entonces conocido, y que iban guiándose por una estrella, conocida como La estrella de Belén, que les condujo hasta Belén. Allí buscaron al Niño Jesús recién nacido y le adoraron, ofreciéndole oro (representando su naturaleza real), incienso (que representa su naturaleza divina) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos).

Antes de llegar, encontraron al gobernador Herodes el Grande en la ciudad de Jerusalén, quien astutamente les conminó a que, de regreso, hablaran con él para darle noticia del sitio exacto donde se encontraba dicho niño; y, así, poder ir él también a adorarle. En realidad, lo que quería era darle muerte, por eso ordenó la matanza de los inocentes.

La primera vez que surge el nombre con que hoy conocemos a los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar) es en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia) a mediados del siglo VI. Su país de origen es totalmente incierto. Los testimonios más antiguos de la Iglesia de Siria afirman que procedían de Persia, de donde se sabe provenía la casta de los magos o astrólogos. Otros hablan de Caldea, de donde surgió la astrología.

Según el sabio Salomón, eran tres y provenían de Tarsis, Sabá y Seba. «Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Saba y de Seba pagarán impuestos… «. Otra leyenda cuenta que, después de la resurrección de Jesús, el apóstol Tomás los halló en Saba (presumiblemente en Etiopía y Yemen). Allí fueron bautizados y consagrados obispos y martirizados en el año 70, siendo depositados sus restos en el mismo sarcófago. Santa Elena los llevó a Constantinopla (actual Istanbul) y en el siglo XII fueron trasladados a Colonia (Alemania), donde se erigió la actual catedral por el lugar de peregrinación en que se convirtió.

Festividad

En España y en otros países de tradición católica, se adoptó la costumbre de celebrar al mismo tiempo el día de la Epifanía y la festividad de los Reyes Magos, el 6 de enero, por darse a conocer Jesús al mundo por medio de éstos. En este día se celebraba en Egipto y Arabia el solsticio invernal. La costumbre es poner, la noche del día 5 de enero, sobre los zapatos, que los niños han dejado con dulces para los reyes de oriente, los regalos que han escrito en una carta dirigida a éstos, en conmemoración de la generosidad que estos magos tuvieron al adorar al Niño Jesús. “Lo que hiciereis con uno de estos pequeños, a mi me lo hacéis» (Mt. 25, 40).

En tiempos de la colonización española, especialmente en Cuba y Puerto Rico, este día era de asueto para los esclavos negros, que salían a las calles a bailar al ritmo de sus tamboras. Esto origina el nombre de Pascua de los Negros con que el día es aún conocido en algunos países. También es costumbre realizar representaciones de la llegada denominada como Cabalgata de los Reyes Magos.

Los países anglosajones dedican el día 6 de enero a desmontar los adornos de la Navidad. Antiguamente se celebraban festejos con ese motivo y se cocinaba un pastel en el que se escondía un haba o una pequeña moneda de plata. La persona que encontraba el haba o la moneda era nombrada rey judío o señor del desorden y se veía obligada a encargarse de los festejos de esa noche. Esta tradición dio origen en España al típico roscón de reyes (rosca de reyes) que se toma en ese día y que esconde una pequeña sorpresa en su interior.

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Los Reyes Magos de Oriente (o simplemente Reyes Magos) es el nombre por el que la tradición cristiana denomina a los «magos» —denominación que recibían los sacerdotes eruditos en el Antiguo Oriente— que, según el evangelio de Mateo, tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde Oriente para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.

En los evangelios canónicos solo el Evangelio de Mateo habla de estos «magos», sin precisar sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que fueran tres. Fue en el siglo iii d. C. cuando se estableció que pudieran ser reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las iconografías que los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes. Fue también en ese siglo cuando se estableció su número en tres, uno por regalo, ya que hasta entonces había dibujos con dos, tres o cuatro magos, e incluso la Iglesia ortodoxa siria y la Iglesia apostólica armenia aseguraban que eran doce, como los apóstoles y las doce tribus de Israel.

Los nombres actuales de los tres reyes magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el conocido mosaico de San Apolinar el Nuevo (Rávena) que data del siglo vi d. C., en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres escritos encima y representando distintas edades. Aún tendrían que pasar varios siglos, hasta el siglo xv d. C., para que el rey Baltasar aparezca con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representen las tres razas de la Edad Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.

En España a partir del siglo xix se inició la tradición de convertir la noche de Reyes (noche anterior a la Epifanía) en una fiesta infantil con regalos para los niños, a imitación de lo que se hacía en otros países el día de Navidad, en homenaje al santo oriental San Nicolás. Fue en 1866 cuando se celebró la primera cabalgata de Reyes Magos en Alcoy, tradición que se extendió al resto del país y posteriormente a otros países, especialmente a países de cultura hispana.

La palabra «mago», proviene del persa ma-gu-u-sha, que significa sacerdote. Llegó al griego como μάγος (magos, plural: μάγοι, magoi), refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios, que estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como magus, plural magi, /mágui/ de donde llegó al español mago