María Fernanda Callejón entrevistada por Patricia Espinosa. La Alejandra Pizarnik menos pensada.

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María Fernanda Callejón: “La idea que tuvo Eduardo Román de convocarme a mí, a pesar de que a alguna gente le parezca raro, quizás se debió a que quiso acercar la figura de Alejandra al pueblo, a través de una actriz popular”.
María Fernanda Callejón: “La idea que tuvo Eduardo Román de convocarme a mí, a pesar de que a alguna gente le parezca raro, quizás se debió a que quiso acercar la figura de Alejandra al pueblo, a través de una actriz popular”.

«Como dice Einstein, es mucho más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, y yo hice mía esa frase por las miradas prejuiciosas que recibí como actriz», dice María Fernanda Callejón, resignada a que su pasado de vedette (y sus desnudos para Playboy) la obliguen a repasar su carrera en cada entrevista que ofrece.

Ni su trayectoria televisiva (desde «Peor es nada» a una larga lista de telenovelas, unitarios y comedias familiares), ni su labor teatral (con títulos como»Boeing boeing», «La mejor carta», «Confesiones de mujeres de 30» y «Vidas privadas» de Noel Coward) han conseguido dejar atrás su imagen de sex symbol. Ella, sin embargo, sigue firme en su predilección por los papeles dramáticos. Hoy estrenará en el Teatro La Casona,»La mujer de los huesos de pájaro» del escritor, guionista y director Eduardo Román, con dirección de arte de Monica Faccennini.

Acompañada por algunas proyecciones, Callejón encarnará a Alejandra Pizarnik, una de las voces más abismales e innovadoras de la poesía argentina. «Es la primer biografía no autorizada que se hace en teatro», señala la actriz. «Siempre se la ha presentado como un personaje mítico y oscuro; aunque ahora que la conozco ya no la veo así. Tuvo una mente brillante y una vida muy peculiar, pero no deja de ser una mujer con la que es posible identificarse a través de su infancia, adolescencia y adultez y a través de su incomparable poesía».

¿Cómo la definiría usted?

María Fernanda Callejón: Era una persona simple y compleja, apasionada y fóbica. Tenía mucho coraje, pero estaba encerrada en su propia libertad. Era una librepensadora muy avanzada para los años ’60 que nunca encontró su lugar de pertenencia. Era una artista muy vulnerable ante la realidad y siempre coqueteó con la muerte. Por todo esto, me atrevería a decir que es el papel más difícil que me tocó en los 29 años de carrera que voy a cumplir.

¿Cómo llegó a este papel?

M.F.C.: El escritor y guionista Eduardo Román tenía en mente a dos actrices, pero mientras avanzaba en la escritura de la obra pensó en mí. Me había visto en otros trabajos y le gustaba mi voz, potente y profunda. Además, Alejandra era una muy sensual y femenina, aunque se vistiera como un muchacho. Le gustaba vestirse de hombre porque estaba acomplejada con su cuerpo y decía que los pantalones holgados le permitían guardar libros y otras cosas… Supongo que se refería a las pastillas, sus grandes compañeras. Tomaba pastillas de todo tipo: para adelgazar, para dormir… Empezó a consumir anfetaminas desde muy pequeña porque se sentía gorda y después no paró.

¿Era muy desprejuiciada sexualmente?

Sí. Era universalista, por decirlo de algún modo. No sólo en su sexualidad, sino también con respecto a mandatos familiares y sociales. Creía en la diversidad y se resistía a acatar las normas. En el plano sexual, tuvo relaciones con hombres y mujeres por igual, pero el amor de su vida fue Silvina Ocampo. En la obra tienen una conversación telefónica. También tuvo una relación compleja con su madre, una auténtica idische mamele de quien dependía para muchas cosas. Alejandra fue una eterna adolescente hasta su muerte, en 1972, a los 36 años. Para mí fue una gran ayuda poder hablar con el poeta Fernando Noy que fue su gran amigo.

¿Fue suicidio o un infortunado exceso de anfetaminas?

M.F.C.: Está comprobado que se suicidó. Tenía trastornos psiquiátricos, una bipolaridad declarada y algo de esquizofrenia. Fallece luego de una larga estadía en el Pabellón 18 del Pirovano. Es entonces cuando decide quitarse la vida con 50 pastillas de Seconal. De chica había sido abusada por un profesor particular y eso la afectó muchísimo. Dedicó su vida a la poesía siempre con el miedo de estar al borde de la locura.

¿Qué otras celebridades aparecen en la obra?

M.F.C.: Julio Cortázar. Como él la admiraba mucho, le dio a leer el manuscrito de «Rayuela» y Alejandra lo perdió. Es una anécdota muy divertida. También aparece la poeta Olga Orozco que acompañó a Alejandra al entierro de su padre. Fue una gran amiga que la ayudó a conectarse con otros escritores, porque Alejandra era muy solitaria e introvertida. Sólo con sus amigos era locuaz y graciosa. Y más allá de sus dificultades siempre fue una gran seductora.

¿La obra de Román derriba su leyenda de poeta maldita?

La idea del autor -al cual no voy a parar de felicitar porque la obra parece escrita por la propia Alejandra- fue abordarla desde la luminosidad, sin obviar ese lado oscuro que al fin y al cabo todos tenemos. La idea de convocarme a mí -a pesar de que alguna gente diga: «¿Fernanda Callejón haciendo de Alejandra Pizarnik? ¡Qué raro!»-quizás se debió a que quiso acercar la figura de Alejandra al pueblo, a través de una actriz popular. Yo me considero una figura absolutamente popular. Siempre estoy metida en la casa de la gente sin permiso, a través de la televisión, del teatro y también del cine, porque debo reconocer que después de «Sofacama» (la película de Ulises Rosell) se me abrieron otras puertas.

Entrevista de Patricia Espinosa

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