Oda a la desobediencia Eduardo Sanguinetti, Filósofo, poeta y performer argentino

Los caracteres de un hombre noble y la de sus actos devenidos en escritura, tienen una implacable simetría. La vida, conoce las asimetrías del azar, de las ocasiones fortuitas, de las fortunas, de los encuentros, desencuentros, caídas y resurrecciones… porque la escritura casual, jamás meditada a nivel de conciencia, se dispara de nuestro inconsciente reprimido, a través de ópticas cambiantes, de lentes aparentemente complejos, alcanzando a veces cierto ‘estilo’, que deja al menos demostrado que ha valido la pena intentar decir ‘algo’, justificar una permanencia en la palabra escrita, por la necesidad imperiosa de mostrar nuestro tiempo y sus ocasionales actores, en todo su simulado estupro democrático, en su inmunda moralina pequeño burguesa, en su obscena ignorancia.

No retrocederé jamás, tomaré los recursos que tenga a mano, decisivos para mostrarnos como somos: “los argentinos del desastre”… pero más allá de mi desprecio por lo degradante y moribundo que proyectan los gobiernos de bestias, los conductores de medios de todos los colores, que me silencian sistemáticamente, mercenarios en acto de eliminar la existencia de pueblos, en libertad y alegría, siento pasión por los actos que se elevan sobre las voces, que nutren de sentido y destino a esta vida, que ciertas mañanas la veo resplandecer una vez más… sólo en nosotros radica la posibilidad de cristalizar el prodigio de anteponerla a todo y darnos la oportunidad de cantarle.

Y una de mis odas a la vida, nacida al acaso, en silencio, un 19 de octubre de 2013, en mañana de sábado, tomé la decisión de declararlo el “Día de la Desobediencia”, devenida en breve manifiesto libertario, que he lanzado a quién desee con espontaneidad y naturalidad sumas, ante las urgencias del momento, ante la farsa universal, fraguada en los hornos de las inteligencias imperiales, que degradan y condicionan nuestras existencias.

Este Manifiesto, comenzó a circular por las redes de comunicación en el universo de la web y hoy, miles se asimilaron a la tan sana decisión de desobedecer.

Desobedecer al poder de los sórdidos gobernantes que dictan y rigen en el planeta, a sus cómplices, a la justicia criminal, al poder de las corporaciones económico mediáticas que conforman la realidad de hoy, a la genuflexión de los intelectuales… En fin, una actitud “demasiado humana”, nutrida del estremecimiento, que ofrece un estado de resistencia cultural y social ética en sus principios y fines y que nos remite a los “dorados años de la infancia” donde el desobedecer era una actitud natural ante el atropello y la torpeza de nuestros mayores, imponiendo criterios y haciendo valer sus arbitrarias decisiones.

Es preciso desobedecer dentro del marco que nos ofrece el orden natural ante el “estado de cosas” por el que intentamos transitar nuestra existencia, tan al margen de un sistema necrótico y disfuncional solo para zombies.

Desobedecer hacia todo lo que atenta contra el “buen vivir”, en un mundo donde quepamos todos, erradicando la injusticia instalada por los poderes del neoliberalismo, hoy en su cenit y a los mandatarios, soberbios, cobardes y serviles que perpetúan la farsa de hacernos creer que vivimos en una democracia plena.

Desobedecer, expulsando de nuestras vidas la soberbia, la prepotencia, el orgullo, la cobardía, la avidez, la frivolidad, la mezquindad, la avaricia, la grosería, la desigualdad, el odio, el resentimiento, la envidia, pues no ignoran que este sistema infecto y criminal de explotados y explotadores nos lleva a enfrentamientos y competencias fuera de tiempo y espacio, para caminar hacia un horizonte de armonía y de fraternidad, al margen de tendencias estúpidas, impuestas y consumidas por un pueblo anestesiado y avaro de sus placeres.

No ignoro las dificultades a las que debemos enfrentar, cuando intentamos comunicar inquietudes, excitaciones, denuncias, desde un medio abierto a otro cerrado, desde un ambiente “totalmente en movimiento”, a otro “enteramente parado”… sabemos: basta mostrar un mínimo de entusiasmo o participación, frente a un país “que simuladamente lo está poniendo todo en discusión”, para que nos caigan encima, a los destructores de absolutos y evidencias, las reacciones de la iracunda pereza, las ironías de la periferia que se toma por centro, los escarnios del escepticismo… pero no nos engañemos, repensar, Argentina, o el mundo, significa establecer un diálogo con la “falsa modestia”, en fin, los pueblos, con su “miedo” a cuestas, no aprenden a juzgarse ni tan ruda, ni tan duramente, en su cobardía… es “miedo” al “miedo”, los que llevan a las personas a entregar su libertad, por un cautiverio, en ¿seguridad?

No nos convirtamos en víctimas, fracasados, cobardes, en la economía de nuestros propios recursos en acción y discursos, marcando el trayecto de una historia, la de nuestro tiempo, que se debate entre utopías y derrotas, entre voces, silencio y “miedo”.

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