Parejas de padres contemporáneas a nuevas parejas amorosas, ¿quién marca la cancha?

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Por Violeta Vázquez y María Andrea Gonzalez, autoras de ‘Ensambladas, todo tipo de familias’ (Ed. Albatros)

Recuerdo las veces que me encontré apenada por no sentirme parte de la vida de las nuevas mujeres de los padres de mis hijos. ¿No quieren saber quién soy? ¿Hablarán mal de mí? ¿Qué dirán entre ellos cuando el más chico va con las uñas sucias y la más grande con el pelo despeinado? ¿Se notará que cada vez que los cruzo me esfuerzo por sonreír y por gustarles? ¿Se quejarán de eso? ¿Se fijarán si estoy más linda o más fea?

No es grato ver que hay una fiesta para tu hijo a la que no estás invitada, ver que hay unos abuelastros nuevos que no sabés ni cómo se llaman, ver que el hijito trae regalos al ritmo de «me lo compró Pepita». Se siente lisa y llanamente como cuando papá y mamá te dejaban detrás de los barrotes diciéndote «nos vamos a una reunión de adultos y vos no podés venir». Se siente el humo del «ya no estás». Ya no es tu lugar, no están tus fotos, pero en la casa del otro queda alguna que otra cosa tuya, que vos compraste o regalaste alguna vez.

Y toca la herida narcisista, ¿cómo no? Si antes yo era todo y ahora parezco no ser nadie. Pero debo reconocer que a medida que fue pasando el tiempo fui comprendiendo más a «las nuevas del ex», esas mujeres sólidas, coherentes, que parecen aislarse de mi supuesta locura.

Comprendí que su ninguneo no es más que una defensa a mi omnipresencia, porque en esa hija, en ese hijo, estoy. Porque en cada enojo de mi ex que no supera quién soy, estoy. Porque en todo lo que creo que no estoy, estoy, porque ellas son mi misterio, pero yo soy el origen, quien le dio rienda suelta a la vida con aquel hombre y quien después fue parte del vendaval que a ese hombre le permitió caminar hacia ella. Lo comprendí siendo la nueva pareja de un hombre con varias ex/madres de sus hijos.

A ellas las pude ubicar en sus hijos y en sus roles, me pudieron enamorar y pesar al mismo tiempo. Son mujeres que con sus movimientos pueden facilitarme o dificultarme la vida, eso las hace, indefectiblemente, mujeres de mi familia.

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