Paul-François Groussac en el Jardín de los Poetas del Rosedal.

Hoy presentamos a  Paul-François Groussac en el Jardín de los Poetas del Rosedal.

ANTECEDENTES DEL JARDIN DE LOS POETAS.

El Jardín de los Poetas tiene su origen en la derogación de una medida. El 29 de octubre de 1924 se inauguró en el Rosedal un busto de bronce con la imagen del poeta y periodista Olegario V. Andrade que, así, fue el primer «habitante» del jardín. El jardín es una porción del Rosedal, o Rosaleda, sobre el que sí hay datos precisos: de 34.000 m2, está delimitado por las avenidas Del Libertador, Iraola, Infanta Isabel y Pedro Montt. Desde 1973, un sector constituyó la Plaza Holanda, pero en 1988 se redujo el espacio de aquélla, quedando desde entonces fuera de los límites del paseo.

Inaugurado el 14 de noviembre de 1914, los propulsores del Rosedal fueron el intendente Joaquín de Anchorena, el director de Parques y Paseos, Carlos Thays, y su sucesor, Benito Carrasco.




El Jardín de los Poetas tiene su origen en la derogación de una medida. El 29 de octubre de 1924 se inauguró en el Rosedal un busto de bronce con la imagen del poeta y periodista Olegario V. Andrade que, así, fue el primer «habitante» del jardín.

Cuatro años después le siguió el escultor Lucio Correa Morales, pero en esa ocasión el intendente Horacio Casco dejó categóricamente aclarado que en adelante no se permitirían homenajes similares, para «no recargar la ornamentación escultórica» del lugar.

La disposición tuvo efecto retroactivo, por lo que no pudo prosperar la aprobación, refrendada en 1926, para emplazar un busto del músico Julián Aguirre. Hubo que esperar hasta 1934, cuando el intendente Mariano de Vedia y Mitre propuso y logró que se anulara la prohibición dictada por Casco.

Las iniciativas se multiplicaron y no parece haber motivo para que cesen, ya que el único requisito es la admiración que despierta la labor servida por el intelecto y el espíritu. Particularmente, la poesía, que aún sigue siendo capaz de dignificar la vida.

Previo a su apertura, en 1910, el predio había albergado la Gran Exposición Industrial Argentina del Centenario, visitada por la Infanta Isabel de Borbón; el presidente de Chile, Pedro Montt; el político francés Georges Clémenceau; los escritores Ramón del Valle Inclán y Vicente Blasco Ibáñez, entre otros. Crónicas de la época se refieren al asombro de los extranjeros al ver lo que se fabricaba en nuestro país.

De la muestra se aprovecharon algunos armazones de hierro y vidrieras para construir el Pabellón de los Lagos, una confitería que funcionó hasta 1928 y que un año después dio paso al estupendo Patio Andaluz.

Paul-François Groussac

Paul-François Groussac (Toulouse, 15 de febrero de 1848 — Buenos Aires, 27 de junio de 1929) fue un escritor, historiador, crítico literario y bibliotecario franco-argentino. Fue director de la Biblioteca Nacional de 1885 a 1929.

Paul Groussac

(Toulouse, 1848 – Buenos Aires, 1929) Escritor y erudito francoargentino. En alas de su inquietud, llegó a la Argentina a los dieciocho años (1866) y allí se quedó; trabajó en el campo, estudió en la ciudad, alternar con políticos e intelectuales y fundió su espíritu francés con el alma argentina. Algunos niegan su plena incorporación: sin embargo, sería difícil regatearla a la vista de su castellano y de los temas de su amplia y fecunda obra.




Fue hijo de Pierre Groussac y de Catherine Piquemal, el segundo de cuatro hijos de una familia provinciana, católica, que vivía sin lujos pero con un buen pasar.

En su juventud en Toulouse estudió los clásicos. Fue enviado a la casa de su abuela en Sorèze por unos meses, luego de morir su madre en 1858; allí estudia en el colegio de los dominicos, donde conoce al padre Lacordaire, un escritor romántico que ejerce influencia sobre él. Victor Hugo es en esta época su máximo inspirador.

En 1865 se matriculó en la École Navale de Brest, pero optó por no ejercer la carrera militar. Se anotó en la Escuela Superior de Bellas Artes de Toulouse, pero disgustado con el rigor de la carrera, decide abandonarla antes de comenzar a cursar. Este mismo año, obtiene de su padre permiso para realizar un largo viaje, pero una vez llegado a París, nota que tiene muy poco dinero para continuar y, no queriendo regresar en esas condiciones, decide gastar el dinero que le resta en un viaje de segunda mano en el primer buque que zarpara. Es así como se sube al velero «Anita», con destino a Buenos Aires (influyó en su decisión de emigrar el disgusto que le ocasionaron las nuevas nupcias que había contraído su padre). Traía una carta de recomendación del filósofo y antiguo alcalde de Toulouse, Adolphe Gatien-Arnoult, para su ex colega universitario Amadeo Jacques (que había emigrado a la Argentina y estaba casado con la patricia Benjamina Augier Echagüe).

Cuando desembarca de Buenos Aires, vaga por las calles sin saber una palabra de castellano. Es por esto que es detenido, bajo la sospecha de simular su condición de extranjero para evitar ser reclutado para la Guerra del Paraguay. Pero el equívoco es resuelto con auxilio del cónsul, quien le consigue un puesto como ovejero en San Antonio de Areco, pero una carta de su padre lo insta a regresar a la ciudad.

Durante los siguientes diecisiete años, dicta clases de matemática en el Colegio Modelo, comienza sus estudios autodidactas en la biblioteca, trabaja como catedrático, da clases en la Escuela Normal y en el Colegio Nacional de Tucumán. Se interesa profundamente por la historia y la lengua local, convirtiéndose en un gran estudioso y ensayista; publica en la «Revista Argentina» y dirige La Unión (periódico del gobierno tucumano—provincia donde permaneció entre 1871 y 1883—, por encargo del gobernador Federico Helguera); escribe para el diario La Razón (en el cual realiza un polémico estudio acerca de una posible radicación de los jesuitas en la provincia tucumana) y, más tarde, asume su dirección. Dirigió la Escuela Normal de Tucumán entre 1878 y 1881; fue nombrado Director de Enseñanza en Tucumán e Inspector Nacional de Educación (en 1874), participa del primer congreso pedagógico como defensor del laicismo presentando una conferencia (que más tarde publica) bajo el título de Estado Actual de la Educación Primaria en la República Argentina. Publica un artículo en Le Figaro de París durante su breve estadía en 1883 y, desde París también, envía sus impresiones parisinas publicadas por «El Diario».

Un año más tarde (1884), regresa con su familia a Buenos Aires donde se instala nuevamente (tomando una vida más social y pública, apoyando candidaturas gubernamentales y presidenciales, como el apoyo dado a Bernardo de Irigoyen o a Roque Sáenz Peña). Había contraído matrimonio (en 1879) con una joven santiagueña perteneciente a la alta sociedad, Cornelia Beltrán Alcorta, hija de José Lino Beltrán Talavera y de Mercedes Alcorta Aranda (pariente de Amancio Alcorta y del músico Alberto Williams). La había conocido en uno de sus viajes como inspector nacional de educación.

En su regreso a Buenos Aires funda Sud-América (un diario de ideas liberales opuesto al gobierno porteño; además de él, fueron socios fundadores Lucio Vicente López, Delfín Gallo, Roque Sáenz Peña y Carlos Pellegrini); en 1885 vuelve a ser designado inspector de educación y jefe de la Biblioteca Nacional (año en la cual ésta se nacionaliza; antes era la Biblioteca Pública de Buenos Aires) por orden del presidente Julio Argentino Roca. Ocupó este cargo hasta su muerte, cuarenta y cuatro años más tarde. Este mismo año, tiene grandes desacuerdos con la prensa clerical y los defensores por la educación religiosa, en el debate nacional sobre Ley de Educación.

Para 1894, ya escribía en La Nación y Le Courrier du Plata, y había publicado numerosos artículos acerca de sus viajes por América. Ese mismo año, funda un diario en francés, Le Courrier Français, journal du matin, politique, littéraire & commercial, con la colaboración financiera del industrial Clodomiro Hileret; que suspende a los dos años. En los años venideros, se dedicó profundamente a la Biblioteca, ordenándose, administrando y aumentando su patrimonio enormemente gracias a grandes donaciones que él promovió.

Su libro Del Plata al Niágara, escrito en 1893 y publicado en 1897, Groussac rechaza el modelo de país de Estados Unidos, con sus ciudades desarrolladas y homogéneas, y su sociedad democrática e igualitaria, a la que calificó de «niveladora». Según el historiador Marcos Cantera Carlomagno, Groussac fue quien inició el antiamericanismo.

Tras una operación de glaucoma en 1926, pierde la poca vista que tenía, pocos años antes de morir, a los 81 años.

Sus obras más destacadas son La Biblioteca (1896) y Anales de la Biblioteca (1900), que fueron antologías de ensayos críticos, relatos históricos de la biblioteca y documentos pertinentes a la historia del Río de la Plata. Como redactor de la revista Sud América, Groussac se encontró en el centro del mundo literario de Argentina. Sus obras subsiguientes, como Estudios de historia argentina, Ensayo histórico sobre el Tucumán y Mendoza y Garay se destacaron por una riqueza de factos, descripciones vívidas de personajes y sus entornos, y un estilo lúcido y esmerado. Otras de sus obras significativas son Fruto vedado (novela), Relatos argentinos, La divisa punzó, Crítica literaria, Las islas Malvinas y sobre todo (por la pasión que sobre él infundía), la «Biografía de Liniers», finalmente publicada como libro en 1907, luego de adelantar capítulos en la revista de la Biblioteca. Su cuento «La pesquisa» del año 1884, que luego volvió a publicar en La Biblioteca es considerado el primer cuento policial argentino.

El poeta nicaragüense Rubén Darío le dedica a Groussac una obra intitulada «Coloquio de los Centauros», en la que se lee:

«Por suma ley un día llegará el himeneo que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo; claro será el origen del femenino arcano: la Esfinge tal secreto dirá a su soberano.»

Su póstuma reputación fue apoyada por menciones frecuentes en los ensayos críticos de Jorge Luis Borges, quien escribió su necrología. En el ensayo autobiográfico La ceguera, Borges mencionó la influencia de Groussac sobre Alfonso Reyes, a quien apreciaba mucho: «Alfonso Reyes me dijo: Groussac, que era francés, me enseñó cómo debe escribirse en castellano.»

Como crítico, Groussac fue muy conocido por su carácter despiadado e intratable, y por su sarcasmo fulminante. Borges analizó unos de sus insultos literarios en Arte de injuriar (1933), un artículo de Sur.

También hay paralelos biográficos entre Groussac y Borges: entre 1955 y 1973 Borges ocupó el viejo puesto de Groussac como director en la Biblioteca Nacional. Además, ambos fueron ciegos mientras ejercían el cargo. Borges menciona estas coincidencias en su poema de los dones.

Groussac fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta, en la bóveda de las familias Macías-Soria, pero años más tarde fue trasladado a su mausoleo definitivo erigido en el Cementerio de la Chacarita. Un pasaje del barrio de Monte Castro, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lleva su nombre en homenaje.