Pros y contras de tener hijos con diferentes progenitores

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Por Violeta Vázquez y María Andrea Gonzalez, autoras de ‘Ensambladas, todo tipo de familias’ (Ed. Albatros)

En el mejor de los casos, los niños tienen una agenda sincronizada, es decir, los mismos días que se va uno con el progenitor número uno se va el otro con el número dos. En mi caso, esta fórmula da como resultante una noche libre a la semana que implica dormir sin levantarme. Este número asciende un poco en vacaciones de verano, aunque es difícil que ambos progenitores acuerden sus vacaciones al mismo tiempo.

En mi último viaje de trabajo opté por armar un grupo de Whatsapp con ambos progenitores para simplificar la tarea de ubicar a ambos niños en esas fechas. Uno de los progenitores
se quejó de la idea del grupo de chat compartido y dejó de contestarme.
Con el progenitor número uno las cosas mejoraron luego de separarme del número dos porque tuve con qué comparar y empecé a tenerle mucho cariño o mucho respeto, no sé cómo llamarlo.

Una amiga me dijo: «a vos no te gusta porque no te posan para la foto.
Vos querés la foto de todos juntos, haciendo de cuenta que se quieren, pero es mentira, eso no pasa en la vida real». Fueron mis padres quienes se pusieron sistemáticamente disponibles y en cada uno de mis cumpleaños posaban para una foto de «los tuyos, los míos y los nuestros». Fotos en las que parecíamos todos felices, pero ellos fingían. ¿Cómo los progenitores no son capaces de fingir para mí? El progenitor uno nunca puso un pero
a los cumpleaños que se me ocurrió armarle a la nena.
El progenitor dos directamente me informó que hacía un cumpleaños aparte, sin mí. Por
supuesto que al que yo organicé sí que lo invité, y vino. Invité a su novia, pero no vino. En la foto de ellos quedé afuera, no me dejaron ni ir a fingirles un poco. Estos son los contras. Estoy fuera de muchos momentos importantes de la vida de mis hijos. Desterrada, excluida, desinformada.
«Me pueden contar, por favor, niños, ¿qué han hecho hoy en las casas de sus padres? ». ¡Y no me dicen nada!

Hay algo que me preocupa ampliamente y que supera cualquier idea de festejo compartido: ¿qué pasa si me muero? Estos nenes, menores de edad por varios años, ¿se separan?, ¿mi madre pide la patria potestad y se viene a vivir acá con ellos?, ¿la casa queda cerrada esperando que crezcan? Seguramente no, esta casa tiene pileta. Podría dejar un petitorio con un último deseo: que ambos progenitores, con sus parejas, se apropien de esta casa
para no separar a los nenes ni de sus cosas, ni de su gata, ni de su hermano/a, ni de mí. Y que vivan junto a mi pareja actual y a sus hijos también ¿es mucho pedir?
Algo que siga dando cuenta de mí, que soy quien los une.

Fue mi útero el que los unió en diferentes tiempos y espacios. Mi madre es la única que podría oficiar de mi recuerdo, pero es grande y también moriría.
Están mis contraseñas de internet en una cajita, allí hay acceso a todo: a los videos, a las fotos mentirosas y a las sonrisas verdaderas. Yo pasaría a ser un cúmulo de fotos y videos acumulados desde la existencia de la nube.
Van a crecer y ya no seré yo la garante de la historia compartida. Ya estarán ellos llenándose de amor y de odio, sacándome el cuero.

¿Y si tengo un tercero? Sería con un tercer progenitor. ¿Y si me separara después? Porque hasta dos ex es tolerable, pero tres veces la misma historia, pecás de pelotuda.
El amor de pareja es algo muy complejo y no se banca la realidad de las familias: ser una empresa. En toda empresa hay que hacer proselitismo. Yo no sé a quién se lo ocurrió que estas cosas deben ir de la mano. ¿Amar y crecer al mismo tiempo? ¿Amar y criar al mismo tiempo? No es lo mismo el orden y el amor, no es lo mismo.
Acá amor hay de sobra, el orden te lo debo.

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