¿Qué son las emociones? Un camino que comienza en la infancia

Una buena educación emocional puede prevenir riesgos futuros y facilitar el desarrollo de competencias y habilidades sociales en el niño y su entorno, fortaleciendo así su calidad de vida.

¿Qué son las emociones?

El ser humano nace con una bagaje emocional que se va desarrollando y desplegando a lo largo de su vida. Las emociones pueden ser definidas como estados de las personas, que presentan diversas características e intensidades, creando una experiencia en particular, a partir de cambios fisiológicos y conductuales.

Estos estados emocionales se activan a partir de la combinación de diferentes fuentes de información, como estímulos del entorno, señales internas del cuerpo y experiencias anteriores. Es la forma que tiene el cuerpo de enviar un mensaje para organizar y poner en marcha un plan de acción y así, poder responder acorde a la situación en la que se encuentra el individuo.

La emoción es un impulso para actuar y funciona de manera automática. Cada una de ellas prepara al ser humano para dar una determinada respuesta y poder así, manejar una situación. Por ejemplo, el miedo acelera el ritmo cardíaco por lo que hace llegar más sangre a los músculos, favoreciendo la respuesta de huída. Algunas de estas respuestas que se desencadenan son innatas y otras, se aprenden del entorno. Es decir, que algunas respuestas se adquieren por observación, siendo los padres un modelo de referencia.

Cada persona experimenta una emoción de manera particular, y esto va a depender de la situación que le toca vivir, sus experiencias anteriores y aprendizaje.

¿Por qué es necesario tener en cuenta las emociones?

Todas las emociones son necesarias para la supervivencia del ser humano. Sucede muchas veces, que las emociones que resultan desagradables, como el miedo, la tristeza y el enojo, se intentan reprimir para evitar ese malestar que generan. Esta falta de conexión y aceptación de las emociones puede desencadenar en conductas poco adaptativas y desreguladas para el individuo, como por ejemplo, exceso de ingesta de alimentos, constantes conflictos interpersonales y abuso de sustancias, entre otros.

Por esto mismo, resulta necesario poder registrarlas emociones, regularlas y aceptarlas como transitorias y funcionales, para brindar determinadas respuestas acertadas en situaciones particulares.

Es importante poder comenzar este proceso de reconocimiento y regulación emocional desde la infancia; haciendo hincapié en primer lugar, en el registro de las emociones y regulación de las mismas, por parte del ambiente cuidador primario (padres). Los padres son los primeros referentes del niño y van a ir modelando y contribuyendo en su regulación emocional.

Las primeras etapas de la vida resultan claves, ya que se dan las primeras bases de aprendizaje y relación. Así, la falta de desarrollo emocional en el niño y su entorno puede influir de forma directa en el modo en que establece las relaciones interpersonales, en el rendimiento, en la motivación y en el aprendizaje en general.

Una buena educación emocional puede prevenir riesgos futuros y facilitar el desarrollo de competencias y habilidades sociales en el niño y su entorno, fortaleciendo así su calidad de vida.

Los beneficios de tener en cuenta las emociones


· Incrementa la flexibilidad psicológica y promueve una adecuada auto-regulación emocional. Esto permite al individuo elegir qué respuesta dar frente a determinada situación y no dejarse llevar simplemente por el piloto automático, que a veces no resulta funcional.

· Se logran ampliar los recursos para resolver conflictos y tener un mejor manejo en los desafíos evolutivos para la adaptación del individuo.

· El correcto acceso a las emociones posibilita a la persona y su entorno efectuar cambios y sostener beneficios de otras actitudes saludables que puedan prevenir riesgos futuros.

· Amplía la capacidad creativa.

· Favorece el establecimiento de relaciones sanas con los otros y de lazos afectivos sólidos y duraderos.

· Mejora la calidad de vida de la persona, pudiendo desarrollar sus potencialidades y facilitando su interacción con el ambiente.

· Se logra tomar como aliadas a las emociones para poder utilizar su energía vitalizadora de manera regulada. Las emociones van a ser una guía, favoreciendo la toma de decisiones y resolución de conflictos.

Sabemos el impacto que el estrés tiene en la vida cotidiana.

Las tensiones y preocupaciones se tornan excesivas, irrumpen interfiriendo en el desempeño de las actividades sociales, familiares, laborales y académicas. Impactan de manera negativa en la salud de la persona y su entorno. Constituyen trastornos que hacen necesario aplicar tratamientos específicos. El objetivo que proponemos está centrado en la recuperación sustentable de la persona afectada. Esto se logra mediante la comprensión cabal de las causas. Mediante la confianza en los nuevos recursos que provean cambios emocionales, corporales, mentales y de comportamiento. Recuperando la capacidad de elegir, saliendo de los automatismos limitantes. En el Instituto Sincronía somos un equipo de profesionales capacitados para evaluar y llevar a cabo tratamientos focalizados específicamente en los problemas relacionados con el estrés, la ansiedad y otras emociones desreguladas.

Los valores y la destacada formación y compromiso que compartimos en nuestro equipo de profesionales y consultores hacen posible una indicación precisa de los tratamientos. Trabajamos juntos confiando que la salud y vitalidad se educan, se pueden recuperar, y se aprenden a cuidar.

Las emociones como guías existenciales

¿Sabés distinguir tus emociones? ¿Cuáles son las más recurrentes? ¿Te acercan o te alejan al logro de tus metas? ¿Te gustaría regularlas un poco más? Si alguna vez te hiciste alguna de estas preguntas, lo que te compartimos podría ayudar.

Las emociones desde épocas primitivas nos han permitido sobrevivir como especie, pero hoy sobre todo son la brújula existencial que marca el camino único y singular de cada persona, pues trasmiten señales auténticas de quiénes somos y quiénes queremos ser. Son la raíz de toda vocación, la sustancia de cada pasión y el combustible que nos mantiene en acción para alcanzar el desarrollo personal.

Sin embargo, también suelen ser el motor de grandes infortunios y hechos dolorosos en la vida. Ellas están ahí, para bien o para mal, inherentes a la humanidad, tan naturales y cotidianas. Todas las emociones son un instrumento valiosísimo, puesto que nos brindan información existencial indicándonos cómo nos sentimos respecto de algo. Por tanto son un instrumento puro para que profundicemos el autoconocimiento.

La razón puede ayudar a resolver problemas a corto y mediano plazo, pero las emociones indican la dirección final. Cuando hablamos de las emociones como guías no hablamos de meros impulsos del instante. Las emociones que constituyen una verdadera guía existencial son las recurrentes, las que vienen a nosotros una y otra vez en diferentes momentos. Estas emociones se dan en estados de calma y son más bien sutiles, mientras que las emociones intensas, excepcionales y del momento pueden no resultar una buena guía.

¿Qué sentís a nivel físico cuando estás enojado o enojada? Tensión muscular, palpitaciones, calor que sube por tu cuello, facilidad para gritar, aumento del ritmo respiratorio, etc. Es decir, estos cambios denotan un claro aumento de tu energía. Sucede lo mismo con el miedo, pues a partir de una dosis de adrenalina tu cuerpo se prepara para huir o defenderse. Y también con la alegría, que aumenta nuestra energía y predisposición para participar de actividades y relaciones. Todas las emociones son pura energía, y cuanto más intensas sean, más energía proveerán.

Algunos aspectos sobre los que podemos reflexionar son:

Distinguir y conocer nuestras emociones. ¿Cómo te sentís? ¿Bien, alegre, exultante, poderoso/a? ¿Mal, culpable, aburrido/a? Estas emociones no son todas iguales y, sin embargo, muchas veces cuesta distinguir en nosotros/as con mayor exactitud aquello que estamos experimentando.

Regularlas y controlarlas. No estamos diciendo que las niegues o las calles, todas las emociones cumplen una función y nos dicen algo. Escuchémoslas y veamos en qué pensamientos y creencias se sustentan, esto nos permitirá darles un lugar que corresponde sin que nos dominen.

Buscar su mejor forma de compartirlas. Poder decirle también a los otros cómo nos sentimos es importante en las relaciones, por eso, una vez distinguida la emoción y sin dejar que nos domine, trasmitirle al otro lo que me pasa es muy saludable. Acá algunos recursos de comunicación asertiva nos pueden ayudar.

Si las emociones son esa guía que nos mueve a alcanzar deseos y satisfacer nuestras necesidades, el Counseling puede proveer de ese espacio para conectar con lo más íntimo de nuestro ser, revisar nuestras emociones más recurrentes, aprender a regularlas y compartirlas para que sean una contribución y no un obstáculo al logro de todo aquello que nos proponemos.