¿Qué temas no están en la agenda del gobierno nacional?

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Por Paula Herrera. Comunera de la Comuna 14 Palermo
“Si bien la agenda es del gobierno, los problemas que la componen se originan y configuran en el sistema político. Son cuestiones, conflictos o necesidades que conciernen y preocupan a los ciudadanos y que ellos con independencia del gobierno o en comunicación con él consideran asuntos generales de estado y, en consecuencia, asuntos de gobierno. Hay entonces una agenda de los ciudadanos, del estado o del sistema político, que puede preceder y determinar la agenda del gobierno o ser inducida por las preocupaciones y prioridades gubernamentales, que puede empatar con la del gobierno o diferir de ella en mayor o menor grado. Los nexos y las inconexiones entre las dos agendas son propios de la dinámica de las relaciones entre sociedad y estado.” AGUILAR VILLANUEVA, L.F., Problemas Públicos y Agenda de Gobierno.

(Aclaración al lector: La intención de este breve artículo no es analizar las bondades del gobierno nacional ni ejercer una crítica sobre sus errores. Se trata de correr el eje, distanciarse, sacar afuera la chicana por un momento y tratar de iluminar solamente un punto de la compleja realidad que vivimos desde la perspectiva de la comunicación política.)

Claramente hoy ese nexo entre las agendas de la sociedad y el estado está quebrado. Durante varios años de gobierno kirchnerista el vínculo consistió primariamente en la inducción de las preocupaciones y prioridades gubernamentales en la agenda de la sociedad, o dicho de otro modo, el gobierno instalaba los temas en la agenda pública. Un rol activo, liderazgo, fuerza. Incluso la tan recordada “crisis del campo” o “lockout ganadero” o como prefieran llamar a aquel momento se desencadenó a partir de una decisión gubernamental. El gobierno decidió que había que hablar de las retenciones móviles. Debido a esta gran capacidad de manejo de agenda, la oposición debió limitarse a hablar y opinar sobre los temas instalados por el gobierno, pero siempre corriendo de atrás.

La oposición hoy sigue igual. No está articulada, no tiene forma concreta, no es visible.

Sin embargo, no todo está igual. El gobierno sigue siendo el gobierno y por ese sólo hecho le resulta fácil instalar temas. Pero ya no tiene el mismo manejo sobre la entrada y salida de los asuntos, y lo que aún es más importante: le está costando mucho definir los problemas en sus términos. La monopolización del diagnóstico fue un gran logro comunicacional durante un largo tiempo que le permitió no sólo decirnos en qué había que pensar sino que ejercía una fuerte influencia sobre cómo había que pensar esa cuestión, buscando en última instancia la persuasión hacia una toma de posición en favor del gobierno.

¿Qué es lo que cambió? La realidad.

La realidad es la tragedia de Once, la inflación, la inseguridad. La realidad forzó al gobierno a tomar decisiones en contra de su propio modelo: suba de tarifas, fuerte control cambiario, techo a las paritarias.

La realidad se instala sola en la agenda de la sociedad y es imparable. Pero el gobierno no la asume como tal. Emparcha pero no alcanza. Entonces, es justamente por la falta de humildad y coraje del gobierno de darse cuenta que el modelo de inducción de temas en este contexto ya no sirve y que debe asumir la realidad que las agendas de la sociedad y el estado empiezan a distanciarse, hasta quebrarse. La crisis de representación dormida -pero no resuelta- resurge con fuerza, la clase media despierta, las cacerolas suenan, vuelven las cartas y declaraciones públicas, el silencio se convierte en ruido, señal de protesta.

El gobierno le echa la culpa a los medios y los acusa de tener una actitud “destituyente”. Quizás deberían repasar la teoría de la agenda setting. Un tal Harold Zucker descubrió algo: cuánto más cercano a la vida cotidiana sea el tema (experiencia directa), menos influencia ejercen los medios de comunicación. No por casualidad el bolsillo y la muerte logran torcer los rumbos políticos, es lo que impacta, lo que afecta en primera persona, es la realidad más cruda. Ya lo decía Benjamin Franklin: “The only things certain in life are death and taxes.”

La lucha en la instalación de los temas en agenda hoy se da principalmente entre el gobierno y la realidad.

Si el gobierno no logra restablecer el nexo entre la agenda de la sociedad y el estado (en cualquiera de sus formas), la distancia va a ir en aumento y la frase: “este gobierno no me representa, no veo reflejadas mis preocupaciones en sus políticas y en su discurso” va a retumbar cada vez con más fuerza dejando un espacio cada vez mayor para que en un año electoral como éste surja una visión alternativa que capitalice el descontento y genere identificación con las demandas sociales. Si bien la oposición se encuentra aún desarmada, podríamos decir que estamos ante una situación intermedia, donde ya el gobierno no lidera la agenda. La realidad complica y desgasta progresivamente al gobierno que aún no le encuentra la vuelta al asunto. Todo esto va preparando un terreno interesante para las elecciones legislativas de este año. El resultado es incierto.

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