Regimiento Granaderos a Caballo Gral. San Martín. ¿Por qué son 7 los granaderos que custodian al Gral San Martín?

El Regimiento de Granaderos a Caballo «General San Martín» (RGC) es una unidad del arma de caballería del Ejército Argentino, que actualmente se desempeña como guardia presidencial y ciertas funciones protocolares.










Gral. Manuel N. Savio 499, C1426 BIE, Buenos Aires

Desde el Combate de San Lorenzo hasta Ayacucho, el Regimiento fue protagonista de los escenarios en los que se luchó por la libertad. Los granaderos participaron en 110 acciones de guerra y conquistaron 22 condecoraciones.






Tras permanecer inactivo desde 1826, el Regimiento se recreó por medio de un decreto escrito por el general Pablo Riccheri y firmado por el presidente Julio Argentino Roca el 29 de mayo de 1903.

En 1907, siendo presidente Figueroa Alcorta, se determinó que el Regimiento fuese la escolta presidencial y se estableció el cuartel, construido especialmente para los granaderos, sobre la barranca del Plata, en el barrio porteño de Palermo.

Sus escuadrones

El Regimiento está formado por cuatro escuadrones montados: Riobamba, Junín, San Lorenzo y Maypo. Son los que habitualmente se ven en los desfiles, escoltas y paradas militares. Se lucen en sus caballos alazanes y criollos, evocando a aquellos valientes que hace más de 200 años cruzaron los Andes para liberar a medio continente.

Los escuadrones a pie, Chacabuco y Ayacucho, tienen la misión de proporcionar seguridad a la máxima investidura del Poder Ejecutivo Nacional, tanto en la Casa de Gobierno como en la Residencia de Olivos. Además de esta misión, el Regimiento de Granaderos realiza actividades de ceremonial y protocolo del Estado.

Por su parte, la Fanfarria Militar Alto Perú va montada en caballos tordillos y se caracteriza por poseer instrumentos de viento fabricados en bronce, y grandes timbales transportados en caballos robustos.

Existe un Destacamento de Granaderos en la ciudad de Yapeyú, que custodia el solar natal del Libertador, y otro en San Lorenzo, ciudad de Santa Fe, donde tuvo lugar el bautismo de fuego del Regimiento.

Además, en el Museo Histórico Nacional, los granaderos tienen el honor de custodiar el sable del Padre de la Patria.

¡Viva la Patria, granaderos!

Después del Combate de San Lorenzo, por expresa disposición del general San Martín, al pasarse lista a la tropa, se nombraba a Juan Bautista Cabral. Cuando eso ocurría, el sargento más antiguo contestaba: “¡Presente! Murió en el Campo del Honor, pero vive en nuestros corazones, ¡Viva la Patria, granaderos!”. Actualmente, el jefe de Regimiento es quien hace la invocación.

Los granaderos de hoy

Hoy en día, nuestros granaderos combinan la tradición y la modernidad: son soldados competentes y adiestrados para cumplir su rol en la defensa de la nación, y al mismo tiempo contribuyen, con su presencia histórica, a difundir el legado y los valores sanmartinianos, afianzando lazos comunitarios que permiten reconocerse en una identidad nacional común.

“De lo que mis granaderos son capaces sólo yo lo sé, quien los iguale habrá, quien los exceda no”. General José de San Martín.

¿Por qué siempre son 7 los granaderos que custodian al Gral San Martín?

Volvían andrajosos, enfermos, tras 10 años de no ver a su familia ni su terruño. Los repartieron en diferentes reparticiones del ejército, así nomás, como si fueran comunes soldados. Rivadavia días después de la llegada de éstos, decide disolver el cuerpo de granaderos.

54 años mas tarde, el 28 de mayo de 1880, llega al puerto de Bs. As. el vapor Villarino. Traía los restos del Gral. San Martín a su morada final.

Por entonces, tantas décadas después, solo quedaban SIETE GRANADEROS vivos. Y sin ponerse de acuerdo, se visten con sus andrajosos uniformes, guardados con cariño y respeto. Los últimos siete Granaderos de su ejército que aun vivían, por iniciativa propia, fueron a caballo a recibir a su jefe.

Lo acompañaron hasta su tumba y se quedaron, en guardia, toda la noche. Sin que nadie se los pidiera, sin que casi nadie supiera. Lo hicieron para honrar a su líder, sabiendo que la historia lo pondría entre los más grandes de América. Don José había vuelto a la Patria.

Todos lo vieron, todos supieron que eran ESOS granaderos. Al alba, dejaron su guardia y no los volvieron a ver. Jamas supieron los nombres, jamas se los preguntaron.

Al amanecer se despidieron y se perdieron en la historia.

Pasaron otros 23 años y el 29 de mayo de 1903 el presidente Julio Argentino Roca firmó el decreto que determinó la recreación del Regimiento de Granaderos a Caballo sobre la base del mejor regimiento de caballería de línea, usando como uniforme de parada el histórico que diseñara el Gral. San Martin.

Cuatro años más tarde el presidente Figueroa Alcorta lo designa Escolta Presidencial quien los nombra a los granaderos, como escolta presidencial.

Siete granaderos, turnándose al cabo del día, en la guardia, para custodiar a don José. Por eso son siete, y no un número mayor o par. Por los siete anónimos que lo escoltaron y cuidaron en su primer noche.

Desde entonces cada mañana puede verse a un grupo de 7 granaderos marchar desde la casa de gobierno a la catedral, donde dos de ellos quedan montando guardia a la entrada del mausoleo del Gral. San Martin. Cada dos horas regresan los otros cinco y se efectúa el cambio de guardia, hasta el final del día en que los 7 regresan a la Casa Rosada.

La organización primitiva de este cuerpo modelo que llegó a componerse de cuatro escuadrones era el siguiente:

Jefes y oficiales. Sombrero Falucho, y en cuartel, gorra azul chata ó de pastel sin visera y de galón ancho, Casaca larga de paño azul, peto acolchado, vivada con nueve botones dorados, y dos granadas de oro en el extremo de cada faldón, corbatín calzón de punto o de brin blanco bien ajustado, bota granadera con espolín, catalejo militar, y cartera pendiente al costado de una especie de bandolera donde guardaban los avíos para levantar croquis del terreno у un diario prolijo de la marcha, obligados a llevar. Espada sable de 36 pulgadas, guante de ante con manoplas, capote de paño. Silla húngara con pistoleras cubierta hasta el arzón con un chabrac de paño azul con franja de oro con granadas de lo mismo en sus dos ángulos los que remataban en una borla balija a la grupa.

Tropa. Gorra azul de pastel sin visera, o casco sencillo carrillera de metal escamado, granada al frente y un pompón verde, cambiado poco después por el penacho punzó alto. Casaca larga azul, vivos encarnados, con palas de bronce escamado y cuatro granadas amarillas en el extremo de los faldones, botón dorado con el sol y el lema: «viva la patria» y en el extremo del reverso «granaderos a caballo», calzón azul de paño, bota granadera con espuela de fierro; capote. Su arnés consistía en el sable corvo adelgazado a «molejón», carabina de chispa, y lanza. No permitiéndole caballo de diestro, el de montar era generalmente tordo, crinado, de cola al corvejón, herrado y mantenido á pienso; formando su arreo al recado del país, cubierto con un caparazón de paño azul, adornado de fajas, y dos granadas con borlas punzó en las puntas; valija de cuero. En la lista contestaba el granadero por su nombre de guerra. Ningún oficial podía tutearlo ni ocuparlo en servicio alguno que no fuera estrictamente militar. Una mancha, raspón en el uniforme, un botón menos ó mal abrochado costaba un día de policía. Acostumbraban el pelo corto y la mirada más arriba del horizonte.

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Código de Honor de Granadreros

De la misma forma en la que San Martín reclamó de los granaderos el acatamiento de una conducta ejemplar frente a la sociedad y el ejército, hizo caso irrestricto de tales disposiciones sosteniendo como forma de vida la política de «predicar con el ejemplo».

La férrea disciplina, el culto al valor y al honor, la exigencia y rigurosidad en la instrucción física y militar quedaron entonces patentes en las siguientes disposiciones, establecidas en aquel entonces como la lista de «Delitos por los cuales deben ser arrojados los oficiales», a fin de establecer una norma de conducta para los oficiales del regimiento que sentara el ejemplo para el resto de la tropa.


Esta dicta: ​

Por cobardía en acción de guerra, en la que aun agachar la cabeza será reputado tal.
Por no admitir un desafío, sea justo o injusto.
Por no exigir satisfacción cuando se halle insultado.
Por no defender a todo trance el honor del cuerpo cuando lo ultrajen a su presencia o sepa ha sido ultrajado en otra parte.
Por trampas infames como de artesanos.
Por falta de integridad en el manejo de intereses, como no pagar a la tropa el dinero que se haya suministrado para ella.
Por hablar mal de otro compañero con personas u oficiales de otros cuerpos.
Por publicar las disposiciones internas de la oficialidad en sus juntas secretas.
Por familiarizarse en grado vergonzoso con los sargentos, cabos y soldados.
Por poner la mano a cualquier mujer aunque haya sido insultado por ella.
Por no socorrer en acción de guerra a un compañero suyo que se halle en peligro, pudiendo.
Por presentarse en público con mujeres conocidamente prostituidas.
Por concurrir a casas de juego que no sean pertenecientes a la clase de oficiales, es decir, jugar con personas bajas e indecentes.
Por hacer un uso inmoderado de la bebida en términos de hacerse notable con perjuicio del honor del cuerpo.

Tiempo después, y en virtud de los valores que inculcara en el Regimiento de Granaderos a Caballo, dijo San Martín:

Los Granaderos a Caballo junto a la estatua de José de San Martín
De lo que mis Granaderos son capaces,
solo lo sé yo.
Quien los iguale habrá;
quien los exceda, no.