¿Sabían que a la práctica del sexo en la via pública ahora le dicen Dogging?

El término dogging es un eufemismo británico para indicar a la actividad sexual que se realiza en un lugar semipúblico. La ubicación es fundamental para esta actividad. Generalmente se trata de lugares apartados del mundo. Puede tratarse de un bosque, de un gran parque, de medanos, de la playa… sitios a los que habitualmente se accede más bien en coche o en bicicleta, por ejemplo la reserva ecológica de la costanera Sur.

Con frecuencia se encuentran presentes -tan sólo mirando o participando activamente- más de dos personas. De hecho, puede tornarse en una situación de sexo grupal. La práctica del ‘dogging’ en algunas ocasiones se traduce al castellano como ‘cancaneo’. Y alienta -directa e indirectamente- la práctica del exhibicionismo y del voyeurismo.

El número de participantes en un momento dado puede ser elevado, dependiendo de la ciudad, el día, el momento… En ocasiones todo parece transcurrir tan lentamente que no se llegan a formar grupos extensos.

Un aspecto curioso de los encuentros de dogging es que a menudo se convocan a través de internet y de un momento a otro. Las personas no suelen conocerse con anterioridad. Hay una tendencia en cuanto a los días, horas y lugares donde se realiza la práctica. Existen puntos geográficos que a menudo se convierten en el escenario sexual elegido por sus practicantes.

Originalmente, el término ‘dogging’ se usaba para referirse a aquella actividad en la que alguien espiaba a parejas que se encontraban realizando actividades sexuales en el coche o en algún otro lugar público. Es decir, el término se empleaba para referirse concretamente a una conducta voyeurista. Recordemos que una parte esencial del voyeurismo tradicional es la excitación que les supone mirar prácticas sexuales sin ser vistos. En el ‘dogging’ las personas miran y se exhiben abiertamente. En ese sentido se puede considerar una extensión de la práctica del ‘swinger’ o intercambio de parejas, la cual se realiza en público.

En un principio esta nueva variante del ‘dogging’ surgió en Gran Bretaña. No obstante, en la actualidad hay evidencia de su práctica en muchos países más, como pueden ser: Argentina, Chile, Brasil, Urugay, EUA, Canadá, Francia, Irlanda, Australia, Holanda, Noruega, Polonia… En Argentina esta práctica está cobrando cada vez más auge, quizás debido al carácter partusero de las argentinas, donde las bailantas son un nucleo fundamental para las festicholas sexuales grupales.

Como hemos aclarado al escribir sobre el exhibicionismo y el voyeurismo, la práctica del ‘dogging’ en muchos lugares representa un delito, pero nunca agarran a nadie. En algunas sociedades la ley es más estricta al respecto, y en otras es bastante más laxa. En Argentina hay ciudades, como Mar del Plata o Necochea, Cordoba y Bariloche en donde se han realizado muchos vídeos clandestinos de parejas practicando ‘dogging’ y que es posible encontrar en internet.

La legislación en el Reino Unido es muy curiosa en este respecto. Estipula que si todos los participantes en la escena de ‘dogging’ son adultos, están ahí voluntariamente, y no pasa por ahí ninguna persona ajena a la práctica, entonces no existe delito. Queda claro que esto no ofrece ninguna garantía a los practicantes. ¿Conocías la práctica del ‘dogging’? ¿Alguna vez te has visto en una situación de esas características? ¿Te gustaría participar en la práctica del “dogging”? ¿Qué reacciones te evoca? ¿Conoces a alguien que lo practique?

Según el Wikipedia en español dogging significa cancanear, “acción de vagar o pasear sin objetivo determinado”. En otro sitio agrega que originalmente este eufemismo aludía a la costumbre de espiar a las parejas que tienen sexo en el coche o en algún lugar abierto, circunstancia por la creo que acá te llevarían detenido (por exhibicionista, no por voyeurs). Ni te darían tiempo a subirte el cierre del pantalón.

Para Oscar esto de la perradita no es su estilo “A mi me gustan los encuentros largos intensos, fatigosos, en un lugar intimo. Conocí encuentros furtivos, con la adrenalina a mil. Necesito la comodidad de una buena cama, despreocuparme, para concentrarme solo en el goce del otro y mió. Pero si les van a tener sexo en público, que lo disfruten. para mi no es”. Para Valeria las cosas cambian significativamente “Cada uno hace uso de su sexualidad como quiere y como puede. Personalmente se me ocurriró hacerlo en Costanera Sur ¡¡¡la gente pasando en el camino, mientras lo haciamos!!! mmm. no podía parar de calentarme, Mi amante me saltaba encima como loco, rapidito. La adrenalina sin limites.. Ahora. lo voy a hacer en Amerika”. Valeria es una mujer de 37 años y ahora mimsmo no usa ropa interior, por lo que puede ver este humilde periodista. En el barrio se le dicen a este tipo de muchachitas, sin eufemismos literalmente puta. Según este cronista podemos afirmar que si, que si que siiii, muy puta.

Sin duda el costado salvaje del sexo es para quienes han superado pruritos varios.

La tendencia ahora es tener sexo en lugares públicos Una Buenos Aires cada vez más caliente expone por estos días una nueva modalidad de encuentros sexuales que crece a través de la convocatoria vía internet, denominada dogging, y que consiste en una práctica nacida en Inglaterra a principios de los 80 por la cual el goce se establece a partir de un encuentro furtivo, por lo general con alguien desconocido al que difícilmente se vuelva a ver, en la que los participantes mantienen relaciones en espacios públicos en el marco de una transgresión orientada a aumentar la adrenalina propia del sexo y que puede incluir desde la intervención activa o pasiva de otros actores y hasta la filmación de los acciones.

La tendencia en alza tiene entre sus adeptos a integrantes de la comunidad swinger que canalizaron sus impulsos encaminados al exhibicionismo con la posibilidad de dar rienda suelta al instinto en un lugar carente de toda intimidad como lo puede ser dentro o fuera de un auto, en un parque, un estacionamiento o el reducido ámbito del baño público de un establecimiento gastronómico.

En la Ciudad de Buenos Aires los estudiosos de este tipo de experiencias sexuales que se asocian también con las prácticas grupales sostienen que la zona de los bosques de Palermo, puntualmente El Rosedal, es hoy por hoy el lugar escogido para instrumentar el dogging que, como quedó dicho, ha cobrado un mayor impulso gracias a las redes sociales y algunas páginas web de avisos gratuitos en la que se hacen convocatorias e invitaciones para ser parte de la nueva movida que también tiene un importante número de cultores en España. El “target” de público del dogging se centra en el segmento de ambos sexos que va entre los 25 años hasta los 40, sin que hasta ahora el seguimiento que se puede hacer a través de la internet permita detectar nichos de la modalidad entre adolescentes ni tampoco la extensión etárea de la propuesta a personas que estén por encima de los 50.

Apto para caretas. En El Rosedal, por ejemplo, el área donde se concretan los encuentros entre “doggadictos” como se los llama en España, está separada de la zona en la que operan los travestis por una división política espontánea que evita que uno y otros se molesten, aunque los preceptos del fenómeno dogging reconoce al exhibicionismo como un condimento esencial. El periodista especializado en tendencia sexuales Daniel Braccamonte precisó que “un 30 por ciento de los swingers quieren que se los vea en acción en los boliches a los que concurren y de ese porcentaje, un número menor elige la modalidad de dogging”.

Braccamonte, que es autor del libro “La rebelión de los Cuerpos”, considera que el dogging “puede entenderse entonces como una variante del fenómeno swinger que en este caso se traslada a lugares públicos”, vinculando también a personas “que no se conocen y que quieren tener cero compromiso por lo que generalmente, después de encontrase esa vez no se verán nunca más”. “No se puede estimar si las manifestaciones que se conocen en torno de esa modalidad realmente significan un aumento de esa práctica o bien lo que se percibe ahora es producto de de la difusión lograda a través de las redes sociales que en todo caso pusieron en evidencia algo que ya existía”, aseveró el especialista.

Con internet “queda todo más a la vista” y remarcó que “que conocían casos de encuentros doggings que fueron filmados, como uno que recordaba haber visto en la red, donde circuló muy poco tiempo, en el que los protagonistas de la situación “utilizaban caretas”.

http://www.palermonline.com.ar/noticias_2009/noticia_624_perrito.htm

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