Un clásico de Palermo, Hermann cerró sus puertas y dejó historia, costumbres y mitos

Hermann, fue inaugurado en la década del 40 y declarado sitio de interés cultural por la Legislatura porteña en el año 2000. Así lo confirma la placa de bronce de la entrada, en la esquina de Santa Fe y Armenia, justo enfrente del Jardín Botánico.

Pasan los años pero ciertos lugares se mantienen insensibles al paso del tiempo. Con sus boxes de madera y la barra de estaño desde donde Francisco comandó la salida de platos, con sus posters de castillos encantados de Bavaria, el televisor prendido sin volumen, algún actor cenando con amigos, el vaivén de la puerta que cuela los ruidos de Avenida Santa Fé… Se formó un clásico de Palermo, Hermann, si pero cerró

El propietario del inmueble no quiso renovar el contrato y el dueño del restaurante decidió cerrar las puertas de ese local gastronómico. Los trabajadores temen no cobrar las indemnizaciones.
El histórico restaurante de comida alemana Hermann, ubicado frente al Botánico, cerró sus puertas porque el propietario del lugar decidió no renovar el contrato de alquiler y los trabajadores reclaman el pago de las indemnizaciones.

Hermann fue inaugurado en la década del 40 y declarado sitio de interés cultural por la Legislatura porteña en el año 2000. Ubicado estratégicamente en la esquina de Santa Fe y Armenia, Hermann fue un bodegón que recibió a miles de familias a lo largo de los años.

“Hace 34 años que trabajo ahí. Siempre estuvo lleno el restaurante y ahora nos dicen que no hay plata para pagarnos las indemnizaciones”, aseguró uno de los mozos en declaraciones radiales.

Y agregó: “Toda mi vida está ahí adentro. Pasé mi juventud, muchas veces abandoné a mis hijos para ir a trabajar. Esperemos que el dueño nos dé una respuesta”.

ESPECIALIDAD DE LA CASA
Cada gastronomía tiene un origen étnico. Uno de los componentes básicos de la comida mejicana, por ejemplo, las tortillas de maíz, tiene que ver con la importancia que este cereal tiene en la América Precolombina. Y lo mismo ocurre con la cocina alemana.

Por supuesto que cuando hablamos de “cocina alemana” estamos cometiendo el típico error de la generalización. Pues no existe una sola cocina alemana. Hay infinidad de especialidades regionales, desde los espadines ahumados de Kiel hasta las salchichas blancas de Munich.

Pero para la mayoría de las personas que desean ir a probar los platos típicos alemanes en alguno de los restaurantes de Palermo no es cuestión de especializarse demasiado en el tema. Porque para la gran mayoría de los neófitos, la cocina alemana está asociada a las salchichas, al cerdo, o al chucrut, más conocido como sauerkraut, lo que literalmente significa repollo ácido. Y por supuesto, en el camino, antes , durante y después, beberse unos cuantos chops de cerveza preferentemente tirada.

La atracción de la comida étnica tiene que ver con la necesidad de variar o cambiar nuestras rutinas. Y a la hora de alimentarse, la variación es muy importante.

Pero no toda la gastronomía alemana está relacionada con las salchichas o el chucrut. La variación es inmensa y si bien la alimentación de cada país está relacionada con su clima, su filosofía, sus variedades y sus necesidades calóricas, y estamos hablando de un área que soporta temperaturas realmente bajas, toda la zona central de Europa tiene la paradoja de haber incorporado a la papa, un tubérculo de origen americano.

Y además el chucrut no solo se sirve solo. Tenemos el ejemplo del famoso plato Chucrut Garnie, que además del repollo tiene cerdo (codillos usualmente), panceta, salchichas ahumadas sazonadas, enebro, muselina, perejil, tomillo, laurel y papas, todo cocinado con un buen vino Riesling. O una entrada como el Leberkaese o queso de hígado, en realidad hecho con hígado pero además otras vísceras de cerdo o cordero, además de orégano, harina, huevos, y otros condimentos.

El Pollo a la cerveza o el Salmón adobado son otros buenos ejemplos. Ni que hablar de las ensaladas de champignones, con cebollas o pepinos. Las de repollitos de bruselas, con nuez moscada, salchichón y cebolla picada.

O la de cerdo con manzanas son también entradas bastante comunes de esta comida típica. Si no nos gusta la cerveza y deseamos algo más contundente, la variedad de vinos blancos alemanes, no solo la Riesling, es exquisita. Al final un postre llamado Kochbuch, lo que no es otra cosa que crepes rellenas con mermelada de frambuesa. O la repostería como la masa especiada de pan y chocolate también suele ser otra delicia para terminar luego de una buena cena. Eso sí, al día siguiente, a bajar calorías con algún ejercicio.

En Armenia y Santa Fe un recuerdo de un buen restaurante, justo en la esquina. Menos mal que justo enfrente tiene el botánico para salir a caminar después de semejante desajuste.

Hermann hat nichts mit unserem Vaterland, Deutschland, zu tun. Nach meiner Meinung es ist ein sehr argentinisches Restaurant.

Especialidades:
Salchichas alemanas, chucrut y costillas de cerdo con ensalada de papas. Lomo al champignon, supre marylan, chorizos alemanes con chucrut.

El rumor es que el inmueble, una casa de dos pisos con balcón francés (arriba funcionaba hasta hace unos meses un gimnasio), construido por los arquitectos Pibernat y Loizaga en los años 40, y que empezó como la Confitería El Sol y luego se convirtió en una cervecería Munich, ahora será vendido.

Más allá de la declaración de interés cultural por parte de la legislatura porteña, la directora de la Dirección de Patrimonio de la Ciudad, Graciela Aguilar, confirmó que Hermann no presenta ningún tipo de protección patrimonial según lo dispuesto por el Código de Planeamiento Urbano ni por la Ley 1227, ley marco de Patrimonio Cultural de la Ciudad.

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