Tercera edad: realizar actividades culturales produce bienestar psicológico

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Por Romina Tirigay, psicóloga de Manantial Grupo Humano y Celia Paez, coordinadora del Area Social de Edificio Manantial (www.manantialghumano.com.ar).

Las actividades culturales y recreativas en los adultos mayores son tan importantes como la alimentación, el control médico, los cuidados básicos y todo lo inherente a esta etapa de la vida. Ofrecen motivaciones para su cotidianidad y tienen un alto valor terapéutico, promoviendo la integración social y evitando el aislamiento.

El hecho de que se haya prolongado la supervivencia y que la calidad de vida de los adultos mayores sea cada vez mejor y más productiva -principalmente por los avances médicos en prevención y tratamientos- permite que no hablemos sólo de “tercera edad”, sino que ya podemos mencionar la “cuarta edad” para quienes pasan los 80 años y continúan activos. Por eso, en las instituciones de vanguardia se trabaja con el concepto de envejecimiento activo y saludable, promovido por la Organización Mundial de la Salud. Ya no se considera a la vejez como una etapa de reclusión, pasividad ni decaimiento.

En este periodo especial de la vida de las personas, la participación en actividades culturales promueve y mejora la calidad de vida. Estimulan desde lo sensitivo, permitiéndoles mantenerse activos a pesar de las limitaciones físicas que puedan tener. Además, fortalecen y ayudan a promover la socialización, despierta intereses y conocimientos por cuestiones que previamente, por motivos personales, quizás no hayan podido desarrollar. Así les permiten continuar desarrollando capacidades previamente adquiridas.

Todos los adultos mayores podrían participar en acciones culturales y recreativas. Ofrecen motivaciones para su cotidianidad y tienen un alto valor terapéutico, promoviendo la integración social y evitando el aislamiento.

Actualmente, las instituciones más avanzadas cuentan con un equipo interdisciplinario para trabajar el día a día de cada residente, así pueden evaluarlos y designarles qué tipo de actividad le conviene más. Esto incluye protocolos de evaluación neurocognitiva, interconsultas con la familia y los médicos tratantes. Por eso es importante que la oferta sea variada, y puede estar integrada por talleres de artesanías, pintura, escultura, teatro, grupos de reflexión, talleres literarios, yoga, ciclos de cine, salidas culturales a museos, teatros y exposiciones. También se organizan festejos de cumpleaños con los familiares y fiestas religiosas, considerando las tradiciones de cada culto.

En muchos casos las personas comienzan a hacer actividades que siempre han querido realizar, pero que no han podido por tener otras prioridades. Así, muchos empiezan un taller de pintura. En otros casos continúan con actividades que siempre han hecho, como ir al teatro, al cine o a un museo (con todo lo que lleva esta acción, desde vestirse para la ocasión hasta el posterior debate).

En general, las actividades están organizadas por profesionales como psicólogos, especialisas en terapia ocupacional, musica, arte, teatro y otros. También, muchas veces las familias traen espontáneamente propuestas de actividades, como un show musical o algún espectáculo.

Las actividades propuestas en una institución ofrecen inserción social, pertenencia, apoyo e identidad. Además, muchas veces los llevan a indagar en áreas postergadas o desconocidas, posibilitando descubrir o redescubrir potenciales, además de generarse lugares de intercambio.

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