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Tipos de memoria, aprendizaje y estrés.

Por la Dra. Laura Maffei (especialista en endocrinología clínica y directora de Maffei Centro Médico), autora del libro ‘Alicia en el país del estrés’

La memoria y el aprendizaje

La memoria y el aprendizaje son dos procesos íntimamente interconectados. Es que la memoria, como otros sistemas de nuestro cuerpo, también se encarga de tomar algo del exterior (información), procesarlo, quedarse con lo importante, grabando y desechando lo que no sirve. Olvidar es tan importante como recordar. De este modo la experiencia grabada nos va a servir como atajo cognitivo para la próxima vez que la vivamos o estemos frente a un evento similar. Esta es la función del aprendizaje, central en la supervivencia. Si no aprendiéramos, tropezaríamos mil veces con la misma piedra. Nadie nos resultaría familiar y nos sería imposible generar vínculos con otras personas. Ya lo decía el neurólogo y escritor británico Oliver Sacks, un hombre con una lesión neurológica específica en ciertas estructuras cerebrales podría confundir a su mujer con un sombrero.

Somos nuestra memoria

Somos nuestra memoria, lo que recordamos. Somos aquello que aprendimos y la manera en que combinamos esta información. Sin memoria, y sin olvido, seríamos presas de nuestro cuerpo sin saber siquiera que una mano es una mano. Dicho con la rigurosidad que la ciencia exige, podemos afirmar que la memoria humana es un proceso mental y una de las funciones más importantes de nuestro cerebro; se construye a partir de la conexión sináptica entre neuronas; cuanto más fuerte sea esa conexión, más sólido nos resultará ese aprendizaje o recuerdo.

Su función consiste básicamente en codificar, almacenar y recuperar información que proviene del ambiente e ingresa por los sentidos.

La codificación es el proceso por el cual la información es preparada antes de ser almacenada. La información puede ser codificada de diferentes formas: sensorial, de tipo visual, acústica o semántica, a través de imágenes, sonidos o experiencias. Almacenamiento se le llama a la etapa continua a la codificación; cuando la información ya fue codificada, esta puede ser almacenada en la memoria a corto plazo o a largo plazo. Recuperación es el proceso final de la memoria, el que nos permite encontrar la información deseada en el momento que la necesitamos. Mediante este recuerdo podemos encontrar información de acontecimientos que fueron guardados en nuestra memoria en el pasado. La acción de recordar puede ser voluntaria o involuntaria.

Codificar, almacenar y recuperar información

Y en este proceso de codificar, almacenar y recuperar información, ¿adivinen quiénes están implicadas? ¡Por supuesto!, las hormonas del estrés. Durante la respuesta de estrés nuestras glándulas adrenales secretan glucocorticoides al torrente sanguíneo. Esta hormona, por su composición, tiene la habilidad de acceder al cerebro, donde ejerce diversas acciones celulares, moleculares y funcionales. Evidencias recientes han mostrado que los glucocorticoides son potentes moduladores de los procesos cognitivos de aprendizaje, memoria y recuerdo. En particular, la respuesta de estrés inducida por el aprendizaje de una tarea, y la consiguiente liberación de glucocorticoides asociada a la misma, se han implicado de forma crítica en los procesos de consolidación de la memoria.

Glucocorticoides

En términos generales, dichas hormonas ejercen efectos facilitadores sobre la fuerza con la que se almacena la información recientemente adquirida en una memoria a largo plazo, fundamentalmente a través de la activación de receptores intracelulares del tipo glucocorticoide.

Dichos receptores pertenecen a la familia de receptores nucleares hormonales y ejercen sus acciones al modular la transcripción de diversos genes y, por tanto, inducen una importante regulación sobre la síntesis de un amplio número de proteínas. Dado que la síntesis de proteínas es un requisito prácticamente general para la formación de las memorias a largo plazo, los glucocorticoides podrían ejercer sus efectos cognitivos a través de sus acciones génicas.

Tipos de memoria

La mayoría de los autores coinciden en que existen tres tipos de memoria, que a su vez se subdividen algunas veces más.

La primera de ellas es la llamada memoria sensorial y sería la encargada de registrar por un breve lapso la información que percibimos mediante nuestros sentidos.

En segundo lugar (por orden de aparición) se da el proceso llamado memoria a corto plazo o de trabajo. Esta es la memoria implicada en retener la información que nos rodea cuando debemos operar a través de ella. Por ejemplo, cuando vamos a cruzar una calle, retenemos por un breve lapso la cantidad de autos y peatones presentes, la distancia en que se encuentran, la velocidad en la que se mueven, hacemos una operación mental, llevamos adelante la tarea (cruzar la calle) y olvidamos esta información, pues ya nos resulta irrelevante.

La memoria de trabajo tiene una capacidad limitada

La memoria de trabajo tiene una capacidad limitada y la información obtenida desaparece en un lapso de hasta 45 segundos aproximadamente, a menos que sea conservada con ayuda de la función de recuperación. En estos casos estaríamos hablando de la memoria a largo plazo.

Este tipo de memoria puede almacenar una cantidad de información ilimitada y permanente. Dentro de la memoria a largo plazo podemos encontrar varias divisiones: memoria declarativa, procedimental, episódica, semántica, explícita e implícita.

• Memoria declarativa: se encarga de almacenar información sobre los acontecimientos; por ejemplo, nombres, fechas, etc.

• Memoria procedimental: almacena el conocimiento de las habilidades motoras y/o procedimientos. Nos muestra recuerdos que hemos incorporado mediante la práctica; por ejemplo, lavarnos los dientes o andar en bicicleta.

• Memoria episódica: este tipo de memoria almacena (en ciertas ocasiones detalladamente) nuestras experiencias. Nos permite recordar vivencias y episodios ocurridos en un determinado lugar. Por ejemplo, cómo fue que te conociste con tu marido o el día que diste a luz a tus hijos, o alguna anécdota de aquella Navidad.

• Memoria semántica: este tipo de memoria almacena el conocimiento necesario para el uso del lenguaje, hechos relacionados con el mundo y conocimientos generales que no están basados en experiencias propias sino que están dados.

A su vez estas memorias pueden ser implícitas, que se almacenan y activan de manera no consciente; o explícitas, almacenando información sobre hechos, aprendizajes y vivencias propias, de los que somos totalmente conscientes y que luego evocaremos voluntariamente.

En varios estudios se demostró que un factor estresante leve o una pequeña dosis de corticosterona pueden mejorar el rendimiento de la memoria.

Mientras que en situaciones de estrés crónico sucede todo lo contrario. Niveles muy altos o muy bajos de cortisol circulante dañan el aprendizaje espacial, el desempeño del trabajo y la memoria.

Los glucocorticoides en exceso y por lapsos prolongados contribuyen a la debilitación de las funciones cognitivas y causan atrofia del hipocampo generando como consecuencia:

– Daño del conocimiento espacial, reconocimiento y memoria (hipocampo).

– Aumento en la condición de miedo e incremento de la ansiedad (amígdala).

– Incremento de la agresión (amígdala).