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Post «Pandemia» y Turismo: Un verdadero contacto con la naturaleza.

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El turista más viajado y con más libertad económica para planear sus vacaciones está cada vez cansado de los paisajes y de las experiencias prefabricadas de los hoteles all-inclusive. Tampoco se entusiasma tanto con visitar lugares más salvajes y vírgenes “desde lejos” y volver a su hotel. Por el contrario, este nuevo viajero, de perfil más aventurero, prefiere alojamientos que le permitan vivir una real inmersión y convivencia con la naturaleza, ideal para quien prefiere estar en contacto con situaciones más reales y autóctonas, cercanas a los paisajes y personajes originales de su destino.

En el marco de esta tendencia, se privilegia el paisaje a la infraestructura. Esto no quita que, al mismo tiempo, las propuestas turísticas mejoren sus instalaciones y consigan darle al viajero la combinación ideal: un alto grado de lujo mientras se vive en contacto directo con el medio natural. Dormir en un domo geodésico representa, en este sentido, una inmersión con el ambiente. A pesar de que podría considerarse que es más incómodo y limitado que una habitación de un hotel de lujo, cada vez más huéspedes se inclinan a elegirlos.

¿No hay señal del celular? No importa. ¿No existe el wi-fi? Apenas un detalle. Este nuevo viajero, que tiene un perfil de ingreso alto y que está dispuesto a pagar por experiencias genuinas, eligió el destino, entre otras cosas, por este nivel de desconexión.

La tendencia no es completamente disruptiva: el nuevo y el viejo viajero se parecen en muchos aspectos: ambos buscan la comodidad, las vivencias originales y los buenos momentos. Pero en algo se diferencian de manera irreconciliable: los primeros no comulgan con los lugares comunes del turismo, con los tours prefabricados ni con las hordas de turistas. Por el contrario, el nuevo viajero apunta a momentos de mayor intimidad, aislamiento y contemplación lejos de las grandes masas. Su “contacto con la naturaleza” se produce de manera real e inmersiva. Y no desde la ventanilla de un micro.

Por Mariana Orsi