Vivir a dieta, un comportamiento patológico

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Vivir a dieta

Por Dra. Mabel Bello (Matrícula: 36.440.), Asesora Médica de ALUBA (www.aluba.org.ar).

Hay muchas maneras de ser adictos, y quienes no pueden dejar de hacer dietas tienen un comportamiento patológico que muchas veces disfrazan de actitudes sanas, cuando están lejos de serlo.

Esto se puede dar de distintas formas. Una de ellas es la ortorexia, que es una dieta rígida con determinados elementos y un trato obsesivo con la comida (tantos gramos, de tal marca). También vale mencionar que la anorexia y la bulimia empiezan como una adicción a las dietas y pueden derivar en trastornos importantes.

La persona que es adicta tiene dificultad en la comunicación y un patrón obsesivo de conducta, pues exagera la importancia de su aspecto ante los demás. “Necesito ser flaca para que los demás me aprecien o me tengan en cuenta”, dicen con frecuencia. Esto habla de una baja autoestima, que incluso se ven en dificultades en la interacción social.

Uno de los peligros es que la idea de cuidarse se asocia a la idea de hacer dieta para adelgazar. Hay un imperativo social que dice que uno debe estar flaco para ser aceptado. Entonces, ya en la escuela primaria los chicos hablan de gordura y flacura, hacen burlas y aprenden lo que es socialmente aceptable. Muchas veces, ven en su casa a sus mamás esforzarse por hacer dieta, ir al gimnasio que ya pasa de una cuestión de salud para integrarse a una obsesión por el cuerpo y la comida.

Quien es adicta a las dietas desarrolla una conducta repetitiva. Más allá de la voluntad, uno debe cumplir con la dieta y no puede dejar de hacerlo. Esto se va incrementando con el tiempo, por eso es una conducta adictiva. En el caso de los cuidados en la comida, tiene que ver con que rígidamente se establecen patrones y no se puede salir de ellos. Se le da una importancia extrema, y cuando uno se obstina en una determinada conducta deja de prestarle atención a todo lo demás. Como se focaliza en una conducta adictiva pierde la noción de los demás o el contacto con los demás.

Ellos, nosotros

Hay distintas personalidades adictivas. Por un lado, cuando la dieta es rígida, muchas veces están quienes tienen un patrón obsesivo, es decir, repiten siempre la misma conducta y se someten a dietas buscando ser algo que nunca van a ser. Después están los otros, los que tienen un patrón compulsivo (buscan un ideal que no van a alcanzar nunca) pues tienen baja autoestima y un ideal de cuerpo y presencia que está fuera del alcance.

Los compulsivos tratan de lograr el objetivo que se imponen haciendo dieta, pero no se pueden aceptar como son. Incluso, llegan a hacer deportes en exceso pero nunca se conforman con lo que logran. Muchos, cambian de método en la búsqueda del ideal.

La dieta se vuelve peligrosa cuando se transforma en lo más importante en la vida, cuando la persona depende de ella pues es un imperativo. A la persona que es adicta no le gusta comer con los demás, es muy rígida en sus patrones de conducta y no acepta ninguna variedad. Esto trae problemas a nivel social, pues minimiza las comunicaciones y no se comprometen de manera afectiva con otras personas.

Para sanarse, como en todas las adicciones, hay que reconocer el problema y empezar a incorporar conductas más saludables, fomentando la comunicación, ayudándolos a través de grupos a levantar la autoestima y equilibrar las emociones, flexibilizar la conducta.

Esta patología se da tanto en mujeres y en hombres, pues ambos géneros están sensibilizados y temen al rechazo o a quedar descalificados. Por eso hay que reconocer que las adicciones son un problema que debe tratarse con paciencia y en grupo.

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