{"id":159027,"date":"2026-07-26T01:02:21","date_gmt":"2026-07-26T01:02:21","guid":{"rendered":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/?p=159027"},"modified":"2026-07-26T11:58:25","modified_gmt":"2026-07-26T11:58:25","slug":"palermo-entre-dos-poetas-carriego-borges-y-el-barrio-en-construccion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/palermo-entre-dos-poetas-carriego-borges-y-el-barrio-en-construccion\/","title":{"rendered":"Palermo entre dos poetas: Carriego, Borges y el barrio en construcci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Palermo entre dos poetas: Carriego, Borges y el barrio en construcci\u00f3n<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong> <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Entre 1899 y 1912, mientras el pa\u00eds tambaleaba entre modernizaci\u00f3n y desigualdad, Buenos Aires se agrandaba al ritmo de sus adoquines y sus mitos. En ese cruce exacto, entre conventillos de chapa, salones literarios y duelos de compadres, Palermo vio nacer a dos cronistas del alma porte\u00f1a: Evaristo Carriego y Jorge Luis Borges.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una ciudad que se inventaba a s\u00ed misma<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La <strong>Argentina de fines del siglo XIX<\/strong> era una m\u00e1quina ambiciosa de crecimiento. En 1899, cuando naci\u00f3 Borges, gobernaba <strong>Julio Argentino Roca<\/strong> en su segundo mandato. La econom\u00eda giraba en torno a la exportaci\u00f3n de carne y cereales, sostenida por el modelo agroexportador que hac\u00eda de la oligarqu\u00eda terrateniente la due\u00f1a del pa\u00eds. Pero no todo era campo y poder: Buenos Aires era una olla a presi\u00f3n de inmigrantes, obreros, anarquistas, peones y ni\u00f1os descalzos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para cuando <strong>Carriego muri\u00f3, en 1912<\/strong>, ya gobernaba <strong>Roque S\u00e1enz Pe\u00f1a<\/strong>, el autor de la ley que llevar\u00eda su nombre y que reci\u00e9n empezar\u00eda a ampliar el derecho al voto. La ciudad se llenaba de tranv\u00edas el\u00e9ctricos, mientras el <strong>Palacio del Congreso<\/strong>, el <strong>Teatro Col\u00f3n<\/strong> y los palacios de Avenida Alvear coronaban el sue\u00f1o de Par\u00eds en el sur.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, en Palermo, todav\u00eda se sent\u00eda el olor a tierra mojada, a gallina, a empedrado. Ese era el universo de Carriego y el patio de juegos de Borges.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Carriego: el poeta que no iba a los banquetes<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Evaristo Carriego no ten\u00eda el refinamiento de la elite porte\u00f1a. Vest\u00eda sencillo, caminaba por Honduras y Borges, y conversaba con vecinos, compadritos y mujeres del barrio. Fue parte del <strong>Caf\u00e9 de los Inmortales<\/strong>, donde se cruzaban anarquistas, periodistas y artistas del bajo fondo. Era amigo de <strong>Rub\u00e9n Dar\u00edo<\/strong> y de <strong>Leopoldo Lugones<\/strong>, aunque su poes\u00eda no hablaba del cisne ni del m\u00e1rmol, sino de la costurerita del conventillo y del cuchillero que mor\u00eda por honor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras en los salones del Jockey Club se brindaba por la Rep\u00fablica, Carriego escrib\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cPoeta de las cosas humildes:<br \/>de la modistita que se enamora,<br \/>del guapo que canta en la esquina<br \/>y del barrio que no figura en los mapas.\u201d<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Muri\u00f3 joven, a los 29 a\u00f1os, de tuberculosis, en una Buenos Aires donde el obrero a\u00fan no ten\u00eda obra social y el tango no se bailaba, se lloraba.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Borges: el ni\u00f1o con biblioteca y daga<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Borges, en cambio, naci\u00f3 en una familia ilustrada y vivi\u00f3 su infancia en <strong>Serrano y Guatemala<\/strong>, cuando Palermo todav\u00eda era un barrio de arrabales. Su padre, anarquista lector de Spencer y Schopenhauer, le ense\u00f1\u00f3 ingl\u00e9s antes que castellano. Su mundo era un h\u00edbrido: por un lado, los cl\u00e1sicos; por otro, la mitolog\u00eda barrial de compadres, cuchilleros y orilleros. A los 9 a\u00f1os, escribi\u00f3 su primer cuento. A los 12, le\u00eda a Dante en italiano.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras la elite constru\u00eda palacios en Barrio Norte, <strong>el joven Borges cruzaba Palermo con la mirada atenta<\/strong>. Y si bien su familia viaj\u00f3 a Europa, \u00e9l nunca dej\u00f3 de volver, en la memoria, a ese barrio de pasajes oscuros y valent\u00eda absurda. Escribi\u00f3 despu\u00e9s:<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cNada se construye en la ternura como un barrio,<br \/>y nada se recuerda tanto como su sombra.\u201d<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una Buenos Aires de cuchillos y candelabros<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A nivel urbano, mientras Carriego escrib\u00eda sus poemas, se inauguraban las <strong>galer\u00edas Pac\u00edfico<\/strong>, se planificaba el <strong>subte A<\/strong> (inaugurado en 1913), y la ciudad ganaba altura con los primeros edificios de renta. Palermo, sin embargo, segu\u00eda siendo un suburbio. En los bald\u00edos se bat\u00edan a duelo, en los zaguanes se cantaba el tango sin orquesta, y en las fondas se discut\u00eda de pol\u00edtica al grito pelado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ciudad se divid\u00eda entre la arquitectura de la gloria y las casas bajas del dolor. Borges y Carriego, cada uno desde su vereda, captaron ese pulso: el de una Buenos Aires rota y espl\u00e9ndida, que se so\u00f1aba europea pero sangraba criolla.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Una foto que resume una herencia<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Carriego, Borges regres\u00f3 a su casa, ya convertida en museo, y se tom\u00f3 una foto frente a la puerta. Estaba ciego, pero no necesitaba ver para reconocer ese umbral. Esa imagen resume el cruce entre dos \u00e9pocas, dos clases, dos lenguajes. Carriego puso el o\u00eddo en el barrio. Borges lo hizo eterno.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfQu\u00e9 nos dice Palermo hoy?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, entre cervecer\u00edas artesanales y locales de dise\u00f1o, todav\u00eda hay esquinas que murmuran. El tango suena en alg\u00fan living. Y si uno presta atenci\u00f3n, puede sentir que la sombra de Carriego a\u00fan ronda Honduras, y que Borges sigue caminando por la calle que lleva su nombre, a la espera de que alguien lo lea con la misma pasi\u00f3n con que \u00e9l ley\u00f3 al barrio.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>\u00bfY vos, qu\u00e9 Palermo llev\u00e1s en el coraz\u00f3n?<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfSos m\u00e1s Carriego, de fonda y esquina, o m\u00e1s Borges, de biblioteca y daga? \u00bfQu\u00e9 historia del barrio te gustar\u00eda contar?<br \/>Escribinos a <strong><a>info@palermonline.com.ar<\/a><\/strong> y ayudanos a seguir narrando esta ciudad sin final.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Palermo entre dos poetas: Carriego, Borges y el barrio en<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":90032,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"googlesitekit_rrm_CAoiEKQAcszWB3ENp8kT4cmXl3c:productID":"","footnotes":""},"categories":[36],"tags":[],"class_list":["post-159027","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cultura"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/159027","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=159027"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/159027\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":178579,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/159027\/revisions\/178579"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media\/90032"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=159027"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=159027"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=159027"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}