{"id":168091,"date":"2026-05-19T11:54:05","date_gmt":"2026-05-19T11:54:05","guid":{"rendered":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/?p=168091"},"modified":"2026-05-19T11:56:24","modified_gmt":"2026-05-19T11:56:24","slug":"dalia-el-elefante-fusilado-en-el-viejo-zoologico-de-buenos-aires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/dalia-el-elefante-fusilado-en-el-viejo-zoologico-de-buenos-aires\/","title":{"rendered":"Dalia, el elefante fusilado en el viejo Zool\u00f3gico de Buenos Aires"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dalia, el elefante fusilado en el viejo Zool\u00f3gico de Buenos Aires: historia real y circuito de memoria en Palermo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En Palermo, donde hoy se habla de \u201cEcoparque\u201d, de fauna rescatada y de educaci\u00f3n ambiental, hace m\u00e1s de ochenta a\u00f1os se fusil\u00f3 a un elefante con un pelot\u00f3n armado, balas de M\u00e1user y orden oficial. No es leyenda urbana: pas\u00f3 de verdad, tuvo testigos, portadas de diario y dej\u00f3 una cicatriz silenciosa en la historia porte\u00f1a. Esta es la historia de Dalia, el elefante libertario, y una gu\u00eda para entender y recorrer hoy esos mismos espacios con otros ojos.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un caso \u00fanico en el mundo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 19 de mayo de 1943, a las 15:01, cay\u00f3 de rodillas frente al Templo Hind\u00fa del antiguo Zool\u00f3gico de Buenos Aires un elefante asi\u00e1tico llamado Dalia. Era macho, aunque el nombre enga\u00f1e, pertenec\u00eda a la especie <em>Elephas maximus<\/em> y rondaba los 60 a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hab\u00eda vivido sus primeros a\u00f1os en la selva del sur de la India, libre, comiendo unos 50 kilos diarios de ramas, hojas y frutos, caminando y corriendo a velocidades de hasta 40 km\/h y movi\u00e9ndose en manada. Terminar\u00eda sus d\u00edas acorralado en Palermo, encerrado en un edificio bello pero inadecuado, rodeado de barrotes, fosos, p\u00fablico, humo de cigarrillos y gritos. Y un d\u00eda, simplemente, dijo basta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lo que sigue no es argumento de pel\u00edcula: un director de zoo, Adolfo Mar\u00eda \u201cDago\u201d Holmberg, una ciudad pendiente de la guerra mundial y de las revistas de chimentos, un pelot\u00f3n de la Guardia de Seguridad con carabinas M\u00e1user y un animal que intenta lo que cualquier porte\u00f1o entiende perfectamente: escapar.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Del sur de la India a Palermo: la vida de Dalia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dalia habr\u00eda nacido hacia 1883 en la jungla del sur de la India. Educado por su madre hasta la adolescencia, aprendi\u00f3 el ABC de la supervivencia: qu\u00e9 frutos evitar, d\u00f3nde refugiarse de noche, c\u00f3mo moverse en manada. Ten\u00eda una trompa con unos 40.000 m\u00fasculos, capaz de acariciar, alimentarse, amenazar o jugar; y un o\u00eddo tan fino que pod\u00eda percibir sonidos en un radio de hasta 50 km. Trasladado a Buenos Aires, esa sensibilidad se volvi\u00f3 tormento urbano: bocinas, trenes, motores, gritos, disparos lejanos, todo amplificado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En 1922 fue capturado y enviado, junto con una hembra, al Jard\u00edn Zool\u00f3gico Municipal de Buenos Aires. Su \u201ccasa\u201d porte\u00f1a pasar\u00eda a ser el c\u00e9lebre Templo Hind\u00fa, una copia de un templo de la diosa Nimaschi, con inscripciones inspiradas en edictos de Asoka, relieves de Bharhut, referencias a Vishnu y Siva, y una c\u00fapula perfecta para las postales\u2026 pero no para la salud de un elefante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El edificio ten\u00eda 700 m\u00b2 interiores y un corral de 1.200 m\u00b2. En 1936 los informes municipales ya mencionaban ataques reum\u00e1ticos provocados por las corrientes de aire del pabell\u00f3n. Sin r\u00edo, sin barro fresco, sin sombra de selva, sin manada y con memoria prodigiosa, Dalia vivi\u00f3 m\u00e1s de dos d\u00e9cadas en un espacio chico para su tama\u00f1o e inteligencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tras la muerte de su primera compa\u00f1era, en 1938 lleg\u00f3 Cango, una joven elefanta de 5 a\u00f1os. \u00c9l, viudo y veterano de 55, encontr\u00f3 en ella una nueva pareja. Las fotos de revistas de la \u00e9poca lo mostraban tranquilo, llevando chicos en el lomo, aceptando galletitas y caramelos, convertido en una suerte de estrella barrial del paseo dominical.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">El viejo zool\u00f3gico: paseo porte\u00f1o, postal de otra Buenos Aires<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para entender el impacto de su muerte hay que ubicarse en la Buenos Aires de principios de los a\u00f1os \u201940. Sin televisi\u00f3n, sin streaming y con el cine como gran evento social, el zool\u00f3gico era un paseo casi obligatorio de infancia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La entrada costaba diez centavos. Apenas se cruzaba el p\u00f3rtico de la esquina de Las Heras y Sarmiento, los chicos se encontraban con el kiosco de la Casa Bagley, las galletitas con forma de animales, el lago de flamencos y cisnes, las ruinas \u201cbizantinas\u201d, los monos, la jirafa, los leones, los autitos, la calesita, los paseos en sulky y los recorridos en \u201ccamioncito colectivo\u201d por las 18 hect\u00e1reas del predio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El templo indost\u00e1nico \u2014la Casa de los Elefantes\u2014 era el plato fuerte. All\u00ed estaba Dalia, recibiendo a generaciones de pibes porte\u00f1os que daban su primera vuelta sobre un elefante, guiados por un cuidador que conoc\u00eda cada gesto del animal. Dalia era uno de los grandes atractivos del zoo, y <em>La Naci\u00f3n<\/em> lo reconoc\u00eda con todas las letras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese clima de parque popular, mezcla de arquitectura ex\u00f3tica, olor a pasto y ruido de jaulas, es el mismo Palermo que hoy se recorre como <a href=\"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/tag\/ecoparque\/\" data-type=\"post_tag\" data-id=\"1615\">Ecoparque<\/a>, pero con otra l\u00f3gica: la del animal exhibido como curiosidad, no la del rescate ni la conservaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Director, pelot\u00f3n y un elefante que quiso escapar<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El 18 de mayo de 1943, hacia las 9 de la ma\u00f1ana, algo se quebr\u00f3. Hac\u00eda calor, <a href=\"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2025\/12\/Dalia-y-cuidador-con-chicos.webp\" data-type=\"attachment\" data-id=\"168092\">Dalia <\/a>estaba encadenado por una pata dentro del pabell\u00f3n y comenz\u00f3 a mostrarse agitado. Arrastraba el grillete, barritaba, golpeaba. El cuidador intent\u00f3 calmarlo con la voz, pero la inquietud crec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando el elefante logr\u00f3 liberarse, corri\u00f3 por el corral emitiendo barritos cada vez m\u00e1s intensos. Ante la escena, el director del zool\u00f3gico, Adolfo Mar\u00eda \u201cDago\u201d <a href=\"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/la-casa-de-los-osos-del-ex-zoologico-de-la-ciudad-de-buenos-aires\/\" data-type=\"post\" data-id=\"101515\">Holmberg<\/a>, decidi\u00f3 cerrar el parque, evacuar visitantes y llamar a la Polic\u00eda de la Capital.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lleg\u00f3 un piquete de diez agentes de la Guardia de Seguridad con carabinas M\u00e1user. La orden era clara: vigilar, y si el animal intentaba salir de su recinto, actuar. El cuidador, desesperado por evitar una tragedia, prepar\u00f3 una torta de cereales con 600 gramos de bromuro \u2014una dosis enorme\u2014 y logr\u00f3 calmar a Dalia, encaden\u00e1ndolo otra vez. Esa noche, Dalia y Cango durmieron sobre la paja. El personal se fue con el alma en la boca, pero con la ilusi\u00f3n de que el peor escenario se hab\u00eda evitado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Al d\u00eda siguiente, 19 de mayo, hacia la una de la tarde, el elefante volvi\u00f3 a agitarse. Se solt\u00f3, barrit\u00f3, embisti\u00f3 los barrotes. La escena se repiti\u00f3, pero ahora con mayor furia. El p\u00fablico fue otra vez frenado en la entrada, se reconvoc\u00f3 al pelot\u00f3n, se intent\u00f3 sedarlo con otra torta de bromuro y hasta se lo roci\u00f3 con agua a manguerazos. Nada result\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A las dos de la tarde, Dalia hab\u00eda conseguido romper uno de los barrotes y medio cuerpo ya asomaba al exterior. Para Holmberg, la decisi\u00f3n estaba tomada: autoriz\u00f3 el fuego.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Una ejecuci\u00f3n a balazos en pleno Palermo<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El oficial al mando dio la orden. Las carabinas comenzaron a sonar. La primera descarga impact\u00f3 en la frente del elefante, que se cubri\u00f3 de sangre. En ese momento ocurri\u00f3 una escena que hubiera merecido ser filmada en c\u00e1mara lenta: Cango se acerc\u00f3 a su compa\u00f1ero herido, interrumpiendo la l\u00ednea de tiro. La elefanta acarici\u00f3 con su trompa la frente ensangrentada de Dalia, arranc\u00f3 del suelo una mata de pasto y se la pas\u00f3 por la herida, como queriendo limpiarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fue un gesto m\u00ednimo de ternura, en medio de un dispositivo brutal. La tregua dur\u00f3 segundos. Dalia, obstinado, sigui\u00f3 empujando hacia el hueco de la reja. La orden se reanud\u00f3. Las descargas continuaron durante casi una hora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Los datos duros son escalofriantes:<br \/><\/strong>\u2013 Recibi\u00f3 <strong>4 balazos en la frente<\/strong>.<br \/>\u2013 <strong>8<\/strong> en el abdomen.<br \/>\u2013 <strong>6<\/strong> detr\u00e1s de las orejas.<br \/>\u2013 <strong>16<\/strong> en el resto del cuerpo.<br \/>\u2013 En total, <strong>34 heridas de bala<\/strong> antes del tiro final.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Su piel, de unos cuatro cent\u00edmetros de espesor, fue perforada una y otra vez. La sangre le nublaba la vista, las fuerzas lo abandonaban. La trompa, que antes se levantaba en se\u00f1al de ataque o se tend\u00eda para acariciar, qued\u00f3 fl\u00e1ccida, colgando. Todav\u00eda estaba de pie, como si se negara a caer.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El tiro de gracia lo dio el soldado J. Dur\u00e1n, campe\u00f3n de tiro de fusil, apuntando a uno de los ojos. Eran las 15:01. Cuando Dalia finalmente cay\u00f3, lo hizo doblando las patas, como si se arrodillara, quedando en actitud de reposo frente al Templo Hind\u00fa, rodeado por el rugido de las fieras, el griter\u00edo de los monos y las aves, como si todo el zool\u00f3gico hubiera asistido a una ejecuci\u00f3n p\u00fablica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Holmberg calcul\u00f3 la p\u00e9rdida en 30.000 pesos moneda nacional: el valor de mercado de un elefante vivo. Ese fue el precio oficial de un gesto libertario.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">De cad\u00e1ver a esqueleto: la otra vida de Dalia<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia no termin\u00f3 con la ca\u00edda. El director orden\u00f3 embalsamar al elefante y destinarlo al Museo Argentino de Ciencias Naturales, en Parque Centenario. Para mover el cuerpo, hubo que montar un camino de tablones, acercar una gr\u00faa de 20 toneladas y pasar tres gruesas cadenas bajo el cad\u00e1ver: una al cuello, otra al abdomen y otra en las patas traseras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El traslado hasta el Templo Hind\u00fa llev\u00f3 un par de horas. Cango fue apartada para que no presenciara el descarne. Se abri\u00f3 el vientre, se extrajeron las v\u00edsceras \u2014cerca de una tonelada\u2014 y se trabaj\u00f3 durante semanas hasta conservar piel y huesos. El 6 de julio de 1943, el material lleg\u00f3 al museo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La piel, mal conservada, fue descartada en 1951. El esqueleto, en cambio, se arm\u00f3 y se exhibe hasta hoy en el sector Mam\u00edferos del Museo Argentino de Ciencias Naturales (MACN). Un cartel lo identifica como \u201cDhalias\u201d, elefante de la India que vivi\u00f3 muchos a\u00f1os en el Jard\u00edn Zool\u00f3gico de Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">D\u00e9cadas m\u00e1s tarde, visitantes memoriosos relataron algo que resume el impacto del episodio: muchos chicos se negaron durante un tiempo a volver al zool\u00f3gico. Una especie de huelga infantil espont\u00e1nea contra la direcci\u00f3n que hab\u00eda ordenado matar al \u201camigo\u201d de miles de infancias porte\u00f1as.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Dalia, Holmberg y la ciudad: la lectura pol\u00edtica y \u00e9tica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para Palermonline Turismo, el caso de Dalia no es una curiosidad morbosa, sino una ventana para leer la ciudad. El fusilamiento del elefante expone varias capas de \u00e9poca:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u2013 Un modelo de zool\u00f3gico espect\u00e1culo, pensado m\u00e1s como vidriera que como espacio de bienestar animal.<br \/>\u2013 Un director, \u201cDago\u201d Holmberg, con perfil elitista, poco afecto a los chicos y al p\u00fablico popular, obsesionado con la disciplina y la \u201cbuena educaci\u00f3n\u201d del visitante, que termin\u00f3 violando su propio \u201cDec\u00e1logo del Buen Visitante\u201d (compadecer a las bestias, no arrojarles proyectiles, no maltratarlas).<br \/>\u2013 Una polic\u00eda dispuesta a montar una cacer\u00eda a balazos en medio de un parque urbano.<br \/>\u2013 Una ciudad que al mismo tiempo estrenaba avenidas, iba al cine a ver \u201cCasablanca\u201d, escuchaba a Nin\u00ed Marshall, llevaba a los chicos al Parque Japon\u00e9s y al Luna Park\u2026 y naturalizaba un fusilamiento animal en nombre del orden.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy, cuando se discute el cierre de zool\u00f3gicos tradicionales, la reconversi\u00f3n en ecoparques y la relaci\u00f3n entre humanos y fauna, el caso Dalia aparece como una especie de advertencia hist\u00f3rica: la violencia institucional tambi\u00e9n puede caer sobre los animales cuando se los reduce a objetos de exhibici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">C\u00f3mo recorrer hoy la historia de Dalia en clave tur\u00edstica<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La escena central de esta historia transcurre en Palermo, en el mismo predio donde hoy funciona el Ecoparque de Buenos Aires. La ciudad cambi\u00f3, el concepto de zool\u00f3gico se transform\u00f3, pero los espacios siguen ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Te proponemos un <strong>circuito de memoria urbana<\/strong> para turistas, estudiantes, curiosos y vecinos:<\/p>\n\n\n\n<ol class=\"wp-block-list\">\n<li><strong>Ecoparque \u2013 Antiguo Zool\u00f3gico de Buenos Aires<\/strong><br \/>\u2013 Entrada principal: Av. Sarmiento y Av. Las Heras.<br \/>\u2013 Objetivo del paseo: identificar el antiguo Templo Hind\u00fa, hoy parte del conjunto patrimonial del ex zoo. Aunque las funciones del edificio y los accesos han cambiado, sigue siendo uno de los \u00edconos arquitect\u00f3nicos del predio.<br \/>\u2013 Clave del recorrido: mirar el Ecoparque no s\u00f3lo como paseo verde y educativo, sino como escenario de una historia de maltrato y de aprendizaje social. Donde hoy se habla de rescate y rehabilitaci\u00f3n, ayer se fusil\u00f3 un elefante que intent\u00f3 escapar.<\/li>\n\n\n\n<li><strong>Parque Tres de Febrero y entorno de Palermo<\/strong><br \/>\u2013 Desde el Ecoparque, pod\u00e9s continuar el recorrido por los Bosques de Palermo, el Rosedal y los lagos.<br \/>\u2013 Este marco natural ayuda a entender el contraste entre la libertad del paisaje y el encierro de Dalia. Es un buen punto para trabajar el tema en visitas guiadas, salidas escolares o circuitos tem\u00e1ticos de turismo de memoria ambiental.<\/li>\n\n\n\n<li><strong>Museo Argentino de Ciencias Naturales \u201cBernardino Rivadavia\u201d (MACN)<\/strong><br \/>\u2013 Ubicado en Parque Centenario.<br \/>\u2013 En el sector de Mam\u00edferos se puede ver hoy el esqueleto de Dalia, armado y exhibido con fines cient\u00edficos y educativos.<br \/>\u2013 Para estudiantes, docentes y gu\u00edas tur\u00edsticos, el MACN es el segundo cap\u00edtulo del recorrido: del zoo espect\u00e1culo al museo cient\u00edfico. El cartel que menciona a \u201cDhalias\u201d permite conectar el cuerpo que cay\u00f3 en Palermo con la estructura \u00f3sea que se observa hoy.<\/li>\n\n\n\n<li><strong>Lectura cr\u00edtica y actual<\/strong><br \/>\u2013 Este circuito se presta para trabajar temas como bienestar animal, historia urbana, memoria ambiental, pol\u00edticas p\u00fablicas y cambios en la sensibilidad social.<br \/>\u2013 Palermo deja de ser s\u00f3lo \u201cbares, parques y vida nocturna\u201d para mostrar otra cara: la de un barrio donde tambi\u00e9n se han escenificado tensiones \u00e9ticas y pol\u00edticas alrededor de los animales.<\/li>\n<\/ol>\n\n\n\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Un relato inc\u00f3modo, necesario y profundamente porte\u00f1o<\/h2>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia de Dalia, el elefante libertario, incomoda. Muestra una ciudad que supo aplaudir fusilamientos animales bajo el r\u00f3tulo de \u201cseguridad\u201d y \u201corden\u201d, pero tambi\u00e9n una generaci\u00f3n de chicos que se enoj\u00f3, se doli\u00f3 y dej\u00f3 de ir a ver a su h\u00e9roe de cuatro patas porque lo hab\u00edan acribillado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Recorrer hoy el Ecoparque, el Parque Tres de Febrero y el Museo de Ciencias Naturales con esta historia en la cabeza es hacer turismo de memoria: pasear por Palermo sabiendo que bajo las baldosas, entre los \u00e1rboles y detr\u00e1s de las c\u00fapulas ex\u00f3ticas, hay historias de amor, de locura y de muerte que no entran en los folletos brillantes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dalia ya no est\u00e1, pero su esqueleto sigue en pie. Lo dem\u00e1s es decisi\u00f3n nuestra: pasar de largo o mirarlo de frente y preguntarnos qu\u00e9 tipo de ciudad queremos construir cuando hablamos de \u201cturismo\u201d, \u201cpatrimonio\u201d y \u201cvida animal\u201d en Buenos Aires.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dalia, el elefante fusilado en el viejo Zool\u00f3gico de Buenos<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":168092,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"googlesitekit_rrm_CAoiEKQAcszWB3ENp8kT4cmXl3c:productID":"","footnotes":""},"categories":[20],"tags":[],"class_list":["post-168091","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-turismo-en-el-barrio-de-palermo"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/168091","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=168091"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/168091\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":175739,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/168091\/revisions\/175739"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media\/168092"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=168091"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=168091"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=168091"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}