{"id":59386,"date":"2026-08-01T00:06:00","date_gmt":"2026-08-01T00:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/?p=59386"},"modified":"2026-08-01T13:15:39","modified_gmt":"2026-08-01T13:15:39","slug":"aquel-palermo-de-mi-ninez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/aquel-palermo-de-mi-ninez\/","title":{"rendered":"Aquel Palermo de mi ni\u00f1ez\u2026"},"content":{"rendered":"<h2>Aquel Palermo de mi ni\u00f1ez\u2026<\/h2>\n<p>El Conde, por Fernando Sorrentino<\/p>\n<h2>Esta historia ocurri\u00f3, sin duda, antes de 1956 y despu\u00e9s de 1950.<\/h2>\n<p>Era la ciudad de Buenos Aires, era la calle Costa Rica, era la cuadra que corre entre Fitz Roy y Bonpland. Hoy, ese preciso lugar se conoce como el coraz\u00f3n rutilante del llamado Palermo Hollywood. Pero en aquella \u00e9poca era un barrio gris\u00e1ceo y pobre. No hab\u00eda jardines, no hab\u00eda restaurantes, no hab\u00eda casas de moda. En la esquina sudoeste de Fitz Roy estaba el almac\u00e9n de don Amado, un gallego de poco re\u00edr; en la esquina noreste de Bonpland, se hallaba el del extravagante Victorio Castronuovo, loco, simp\u00e1tico y \u2014como yo\u2014 hincha de Racing.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os del barrio pas\u00e1bamos la mayor parte del tiempo no escolar en la calle. No creo que fu\u00e9ramos gris\u00e1ceos, pero s\u00ed pobres, sin el acceso casi sin l\u00edmites que tenemos hoy a tantas cosas\u2026<\/p>\n<p>Por ejemplo, invert\u00edamos gran parte de nuestro tiempo en jugar al f\u00fatbol con pelota de goma. Si ca\u00eda sobre nosotros la desgracia de que la pelota \u2014sea por pinchadura, revent\u00f3n, exacci\u00f3n vecinal o secuestro policial\u2014 dejara de existir, se desencadenaba una tragedia: no hab\u00eda manera de organizar una colecta para poder comprar una segunda pelota: \u00a1tan costosa nos parec\u00eda \u2014y lo era\u2014 en esos a\u00f1os!<\/p>\n<p>Al caer la tarde, y despu\u00e9s de unas cuantas horas de patear la pelota entre adoquines, baldosas y aguas servidas de las cunetas, sol\u00edamos estar transpirados, olorosos, sucios, despeinados, con las ropas manchadas, y padeciendo cierta indignidad general.<\/p>\n<figure style=\"width: 320px\" class=\"wp-caption alignnone\"><a href=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/-MNY7Ib6ZEcQ\/YVG_oOqBniI\/AAAAAAAASVQ\/_d-P_1Z0Lgo7-aKiRXOV_koEG2zATvj1gCLcBGAsYHQ\/s1600\/13392216_499868760208123_486773091866847207_o.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/-MNY7Ib6ZEcQ\/YVG_oOqBniI\/AAAAAAAASVQ\/_d-P_1Z0Lgo7-aKiRXOV_koEG2zATvj1gCLcBGAsYHQ\/s320\/13392216_499868760208123_486773091866847207_o.jpg\" alt=\"Aquel Palermo de mi ni\u00f1ez\u2026\" width=\"320\" height=\"139\" border=\"0\" data-original-height=\"693\" data-original-width=\"1600\" title=\"\"><\/a><figcaption class=\"wp-caption-text\">Aquel Palermo de mi ni\u00f1ez\u2026<\/figcaption><\/figure>\n<p>Y, por esas horas, indefectiblemente aparec\u00eda \u201c<a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Conde\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">El Conde<\/a>\u201d.<\/p>\n<p>Juro que \u2014a pesar de cierta facilidad que tengo para colgar motes\u2014 no fui yo quien le puso el apodo; dir\u00eda que surgi\u00f3 como consecuencia natural de su aspecto.<\/p>\n<p>El Conde era un chico de nuestra edad. Ven\u00eda del sur, por la calle Costa Rica; nunca supimos desde d\u00f3nde, pero era seguro que ingresaba en nuestra calle no por Fitz Roy, que era la primera, sino por Humboldt, o por Juan B. Justo, o \u2014misterio a\u00fan mayor\u2014 quiz\u00e1 procediese del otro lado de las v\u00edas del Ferrocarril San Mart\u00edn, acaso viniera desde Godoy Cruz o desde Oro, o desde\u2026<\/p>\n<p>No lo supimos entonces y continuamos sin saberlo hoy.<\/p>\n<p>El Conde aparec\u00eda como reci\u00e9n ba\u00f1ado y perfumado, con sus cabellos casta\u00f1os a\u00fan h\u00famedos y prolijamente alisados sobre el cr\u00e1neo. El rostro era delicado y muy blanco, pero con cierto reflejo de rubor en las mejillas. La ropa luc\u00eda siempre nueva, acabada de estrenar, y le quedaba un poco holgada. Usaba, como era de rigor entonces, pantalones cortos; cubr\u00eda sus pantorrillas con medias tres cuartos y hac\u00eda repiquetear sobre las baldosas zapatos marrones muy, muy lustrados.<\/p>\n<p>En fin, el Conde ten\u00eda una expresi\u00f3n simp\u00e1tica y alegre, con una suerte de breve sonrisa afable que le iluminaba toda la cara. Se lo conoc\u00eda desde muy lejos porque \u2014como el resto de los mortales\u2014 pose\u00eda una manera propia de caminar: en su caso, flexionaba muy poco las rodillas y dirig\u00eda a ambos costados las puntas de los pies.<\/p>\n<p>Cuando llegaba hasta nosotros, extend\u00eda apenas ambas manos hacia delante, con las palmas abajo, como un modo de pedir, al mismo tiempo, permiso para pasar y ofrecer disculpas por hacerlo. Y, tras deslizarse entre nosotros, volv\u00eda a sonre\u00edr t\u00edmidamente, agradeciendo no s\u00e9 que indulgencia de nuestra parte.<\/p>\n<p>As\u00ed como nunca supimos de d\u00f3nde ven\u00eda, tampoco logramos determinar hacia d\u00f3nde iba. Lo ve\u00edamos cruzar Bonpland, s\u00ed, pero no sab\u00edamos si iba m\u00e1s all\u00e1 de Carranza, de Ravignani, de Ar\u00e9valo\u2026 \u00bfTomar\u00eda el colectivo 39, tomar\u00eda el colectivo 407\u2026?<\/p>\n<p>O, m\u00e1s alucinante a\u00fan, \u00bfse internar\u00eda en los inmensos terrenos bald\u00edos (\u201cel campito\u201d) que, entre v\u00edas abandonadas de tren, canchas de f\u00fatbol, ovejas, gallinas, perros, caballos, lauchas, sapos, ratas, ranas, se desparramaban, en aquella \u00e9poca, entre las calles Concepci\u00f3n Arenal y Jorge Newbery\u2026?<\/p>\n<p>Esta hip\u00f3tesis me parec\u00eda \u2014y sigue pareci\u00e9ndome\u2014 por completo absurda: hab\u00eda total incompatibilidad entre el aspecto y la personalidad del Conde, y el imposible ingreso en aquellos andurriales de barros y yuyos.<\/p>\n<p>Otro enigma para resolver era descifrar por qu\u00e9 el Conde nunca volv\u00eda del norte rumbo al sur. Jam\u00e1s lo vimos regresar, y sin duda que, en alg\u00fan momento, regresaba, ya que, al atardecer del d\u00eda siguiente, volv\u00eda a aparecer desde el sur y volv\u00eda a perderse hacia el norte.<\/p>\n<p>Cab\u00edan dos hip\u00f3tesis: que volviera por una calle paralela (El Salvador y Nicaragua eran itinerarios plausibles) o que regresase por la calle Costa Rica, pero a horas desusadas, cuando todos estuvi\u00e9ramos durmiendo en nuestras casas; pero tambi\u00e9n resultaba dif\u00edcil asociar el aspecto diurno y l\u00edmpido del Conde con la lobreguez nocturna de nuestra calle a las tres o cuatro de la ma\u00f1ana.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 nunca tuvimos valor para detener al Conde y preguntarle\u2026 \u00a1tantas cosas!?<\/p>\n<p>\u201cConde: \u00bfc\u00f3mo te llam\u00e1s, qu\u00e9 edad ten\u00e9s, d\u00f3nde viv\u00eds, hacia d\u00f3nde vas todos los d\u00edas a eso de las seis de la tarde, por d\u00f3nde volv\u00e9s, a qu\u00e9 hora? \u00bfTen\u00e9s hermanos, tus padres viven, a qu\u00e9 escuela vas, en qu\u00e9 grado est\u00e1s, c\u00f3mo se llama tu maestra, te gusta el f\u00fatbol, de qu\u00e9 cuadro sos?\u201d.<\/p>\n<p>Nunca supimos nada del Conde.<\/p>\n<p>Junto con mis estudios secundarios y mi entrada en la adolescencia cambiaron mis h\u00e1bitos. Dej\u00e9 de jugar en la calle y, por ende, dej\u00e9 tambi\u00e9n de ver al Conde, y, peor a\u00fan, experimento cierta verg\u00fcenza al confesar que me olvid\u00e9 por completo del Conde y de sus enigmas: al fin y al cabo, me dije, no eran m\u00e1s que imaginaciones de los chicos de la cuadra.<\/p>\n<p>En fin, much\u00edsimos a\u00f1os corrieron, mi vida tom\u00f3 otros rumbos, dej\u00e9 de ser ni\u00f1o y adolescente, dej\u00e9 de vivir en la calle Costa Rica, me cas\u00e9, tuve hijos, escrib\u00ed cuentos, publiqu\u00e9 libros\u2026<\/p>\n<p>Cierto atardecer del a\u00f1o 2012, viajando en el colectivo 111 hacia el centro, el Conde acudi\u00f3 s\u00fabitamente a mi memoria, sin que hubiera ning\u00fan motivo (manifiesto) para que tal cosa ocurriese.<\/p>\n<p>Un impulso irracional e irresistible me hizo abandonar el colectivo en la esquina de Bonpland y Costa Rica, y empec\u00e9 a caminar por la cuadra de mi ni\u00f1ez en direcci\u00f3n a Fitz Roy. Me detuve frente a la que hab\u00eda sido mi casa, o sea en la mitad de la cuadra impar de la calle Costa Rica.<\/p>\n<p>Inclin\u00e9 la cabeza y me dije: \u201c\u00bfQu\u00e9 pasar\u00eda si ahora mismo, viniendo por su camino habitual, se me apareciera el Conde, inmodificado, tal como hab\u00eda sido sesenta a\u00f1os atr\u00e1s, con su mismo cutis de porcelana, sus atildados cabellos, sus zapatos lustrosos, su expresi\u00f3n simp\u00e1tica, afable y correcta, y teniendo siempre diez o doce a\u00f1os de edad\u2026? Creo que yo podr\u00eda escribir un cuento sobre ese ni\u00f1o que, m\u00e1s all\u00e1 del desgaste y la corrosi\u00f3n que traen el paso de las d\u00e9cadas y el roer del tiempo, se mantuviera siempre igual a s\u00ed mismo\u2026\u201d.<\/p>\n<p>Y sent\u00ed una suave alegr\u00eda, como me ocurre siempre que encuentro una idea que me parece agradablemente literaria.<\/p>\n<p>Entonces se produjo la materializaci\u00f3n del pensamiento. Caminando con el mismo ritmo juicioso de seis d\u00e9cadas atr\u00e1s, apareci\u00f3 el Conde: una vez m\u00e1s, como reci\u00e9n ba\u00f1ado y perfumado, con ropas finas, impecables y un poco holgadas, flexionando apenas las rodillas, con los zapatos marrones lustrad\u00edsimos, y cuyas puntas se dirig\u00edan a ambos lados.<\/p>\n<p>Pero ya no usaba medias tres cuartos ni pantalones cortos. El Conde tendr\u00eda ahora unos setenta a\u00f1os, era canoso, le corr\u00edan arrugas por el rostro, hab\u00eda perdido el rubor de los p\u00f3mulos, caminaba m\u00e1s despacio, usaba anteojos, sin ser calvo hab\u00eda perdido mucho cabello, su expresi\u00f3n segu\u00eda siendo simp\u00e1tica, pero con cierta moderaci\u00f3n de amargura o desgaste.<\/p>\n<p>Cuando lleg\u00f3 a unos metros de donde, en medio de la vereda, entre el \u00e1rbol y la pared, estaba yo, extendi\u00f3, con las palmas hacia abajo, un poquito sus manos, como pidiendo, al mismo tiempo, permiso para pasar y ofrecer disculpas por hacerlo. Me apart\u00e9 tal vez medio metro, y el Conde sonri\u00f3 t\u00edmidamente, agradeci\u00e9ndome la gentileza.<\/p>\n<p>As\u00ed pas\u00f3 frente a m\u00ed y, al darme la espalda, yo esboc\u00e9 un adem\u00e1n como para saludarlo, pero no lo hice, posiblemente por pensar que ya era demasiado tarde para conocer al Conde.<\/p>\n<p>Y el Conde cruz\u00f3 Bonpland y continu\u00f3 por Costa Rica hacia Carranza, hacia Ravignani, \u00bfhacia Ar\u00e9valo\u2026?<\/p>\n<p>\u00bfHacia d\u00f3nde\u2026?<\/p>\n<p>De pronto sent\u00ed una inexplicable angustia, una oscura desaz\u00f3n\u2026 Me dije: \u201c\u00bfHabr\u00eda sido sensato formularle al Conde algunas preguntas\u2026?\u201d.<\/p>\n<p>Por ejemplo: \u201cConde, usted \u00bfc\u00f3mo se llama, qu\u00e9 edad tiene, d\u00f3nde vive, hacia d\u00f3nde va todos los d\u00edas a eso de las seis de la tarde, por d\u00f3nde vuelve, a qu\u00e9 hora? \u00bfTiene hermanos, imagino que sus padres ya no viven, a qu\u00e9 escuela fue, concurri\u00f3 a la universidad, le gusta el f\u00fatbol, es hincha de alg\u00fan cuadro?\u201d.<\/p>\n<p>Hice correr mi mano por el pecho y se me humedecieron los ojos. Y volv\u00ed a decirme: \u201c\u00bfHabr\u00eda sido sensato formularle al Conde algunas preguntas\u2026?\u201d.<\/p>\n<p>Mart\u00ednez (Bs. As.), diciembre de 2013<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/-XT1gV8hu_54\/YVG_sLvRGdI\/AAAAAAAASWY\/H8OJDyc-4A42jxKcm9gtypApUHLaH99AQCLcBGAsYHQ\/s1600\/20543985_693549620840035_9165621706089386290_o.jpg\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"https:\/\/1.bp.blogspot.com\/-XT1gV8hu_54\/YVG_sLvRGdI\/AAAAAAAASWY\/H8OJDyc-4A42jxKcm9gtypApUHLaH99AQCLcBGAsYHQ\/s320\/20543985_693549620840035_9165621706089386290_o.jpg\" width=\"320\" height=\"226\" border=\"0\" data-original-height=\"1132\" data-original-width=\"1600\" alt=\"\" title=\"\"><\/a><\/p>\n<p><strong>SOBRE EL AUTOR<br \/>Fernando Sorrentino<\/strong><br \/>Nac\u00ed en Buenos Aires el 8 de noviembre de 1942. La mayor parte de mi infancia y de mi adolescencia transcurri\u00f3 en el gris\u00e1ceo cuadril\u00e1tero comprendido por las avenidas Santa Fe, Juan B. Justo, C\u00f3rdoba y Dorrego.<br \/>En \u00e9pocas muy juveniles, fui empleadillo de oficina. En \u00e9pocas no tan juveniles, y por largu\u00edsimo tiempo, fui profesor de lengua y literatura en diversos colegios secundarios; en general, he recibido el afecto de mis alumnos y de mis colegas, lo que me indica que soy un buen tipo.<br \/>En los intersticios laborales, he tratado de leer y he tratado de escribir.<br \/>Tengo sensibilidad para gustar de la belleza po\u00e9tica, pero carezco del m\u00ednimo talento para escribir un poema meritorio. Destru\u00ed mis poes\u00edas juveniles sin culpa, pues no me parec\u00eda sensato agregar m\u00e1s fealdades al mundo.<br \/>En cambio, estoy bastante conforme con mis invenciones narrativas. Seg\u00fan dicen los hombres dignos de fe, en mi literatura de ficci\u00f3n hay una curiosa mezcla de fantas\u00eda y humor que discurre en un marco a veces grotesco y razonablemente veros\u00edmil.<br \/>Como todo el mundo, en mayor o menor medida, he recibido algunos premios literarios.<br \/>En suma, soy relativamente feliz.<\/p>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/adios-chantecler\/\" rel=\"noreferrer noopener\">Adi\u00f3s Chantecler.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/araoz-y-mansilla-la-casa-del-che-en-palermo\/\" rel=\"noreferrer noopener\">La casa del Che Guevara en el Barrio de Palermo. Ar\u00e1oz y Mansilla.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/origen-del-nombre-de-nuestro-barrio-palermo\/\" rel=\"noreferrer noopener\">Origen del nombre de nuestro Barrio Palermo.<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aquel Palermo de mi ni\u00f1ez\u2026 El Conde, por Fernando Sorrentino<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":101726,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"googlesitekit_rrm_CAoiEKQAcszWB3ENp8kT4cmXl3c:productID":"","footnotes":""},"categories":[51,36],"tags":[131],"class_list":["post-59386","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-arte-arte-arte","category-cultura","tag-palermo"],"amp_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59386","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=59386"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59386\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":174105,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/59386\/revisions\/174105"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media\/101726"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=59386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=59386"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/palermonline.com.ar\/wordpress\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=59386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}