En una semana en la que se conocieron nuevos datos que reflejan el letargo que atraviesa la economía local, el gobierno anunció una serie de incentivos a la compra de bienes durables, procurando brindar un poco de aire al consumo y a aquellos sectores más golpeados por la recesión, con la vista puesta en las elecciones de octubre.
De acuerdo al “PIB-Congreso” (indicador que promedia las estimaciones de consultoras privadas con sus propios cálculos del Producto Bruto), la economía se contrajo 2% en 2014 y un 2,6% interanual en el cuarto trimestre, pese a mantenerse estable respecto al tercero, dejando un arrastre estadístico para este año de -0,8 puntos porcentuales (es decir, que si la economía se mantuviera estable en los niveles del último trimestre del año pasado, en 2015 el PBI resultaría 0,8% inferior al promedio de 2014).
Paralelamente, de acuerdo al IGA de Ferreres, en febrero la economía operó un 2,8% por debajo de un año atrás (-2,9% en el primer bimestre), promediando en los dos primeros meses del año un ascenso de 0,6% con relación al cuarto trimestre. En este sentido, la primera información disponible de 2015 sigue mostrando una economía que cae en términos interanuales y, si bien exhibe cierta recomposición en el margen, todavía no muestra signos de un rebote importante.
Pero el verdadero problema es que estos datos no resultan aislados, sino que reflejan la tendencia verificada a lo largo de todo el último mandato presidencial. La economía finalizó 2014 en niveles 6% inferiores a los picos de mediados de 2013, a la vez que acumuló un incremento de apenas 0,6% desde 2011, equivalente a un ritmo de crecimiento promedio anual de tan sólo 0,2%. Esta performance resulta poco alentadora si se la compara con una expansión anual del 4,7% de los países en desarrollo y del 2,3% de América Latina en el mismo período, lo cual pone de manifiesto los nocivos efectos que las restricciones cambiarias y comerciales tuvieron para el crecimiento en los últimos años.
En este sentido, el principal condicionante con el que chocan los incentivos al consumo anunciados esta semana se vincula a la falta de divisas. Según informó el INDEC esta semana, en febrero, las exportaciones se derrumbaron un 25% interanual, afectadas no sólo por la caída de los precios de internacionales (-12%), sino también de las cantidades despachadas (-14%). Por su parte, las compras externas también se hundieron un 25%, claramente, no sólo en respuesta a la retracción económica, sino también a las trabas comerciales oficiales, sin las cuales el saldo comercial no hubiera podido resultar virtualmente equilibrado, en apenas USD 53 millones.
Estos datos son sólo un anticipo de lo que podría suceder en el segundo trimestre, con la recomposición salarial que acompañe inicialmente a las paritarias. En la medida que las exportaciones no reaccionen y permitan liberar al menos parcialmente las importaciones, el “push” de demanda presionará más sobre los precios que sobre las cantidades efectivamente transadas.
Dado que la única forma de poder liberar al menos transitoriamente las importaciones pasa porque el complejo agroexportador comience a liquidar sus divisas, el Banco Central intervino esta semana en el mercado de futuros, ofreciendo seguros “baratos” contra una devaluación más allá de diciembre, buscando desincentivar la retención de granos por parte de los productores agropecuarios. Con un horizonte que parece culminar el 10 de diciembre, si bien esta medida puede ayudar a fogonear las liquidaciones a corto plazo, impone una restricción adicional a una nueva administración que quiera liberar las restricciones cambiarias: cuanto mayor sea la devaluación después del 11 de diciembre, mayor será la emisión de pesos para saldar los contratos futuros, complejizando el abandono del “cepo”.
La otra pata de la reactivación buscada por el gobierno pasa por el gasto público pre-electoral, aunque aquí también aparece el dilema de la “sábana corta”. Sin acceso a los mercados internacionales de crédito (algo cada vez más lejano tras las últimas decisiones del Juez Griesa), el gobierno anunció esta semana que avanzará en licitaciones quincenales de letras cortas del Tesoro (BONAC), en pesos y atadas a la tasa pagada por las LEBACs del Banco Central, las cuales intentarían morigerar el financiamiento monetario vía el BCRA, costeándose con el dinero que ya circula en la economía. Ahora bien, dada la magnitud de las necesidades de financiamiento, esta medida está lejos de ser una solución de fondo al exceso de pesos y la falta de dólares que atenta contra la frágil estabilidad cambiaria reciente.
En suma, es evidente que la única forma de lograr una reactivación económica duradera pasa por alcanzar un presupuesto que resulte equilibrado a lo largo del ciclo económico sin descansar en una emisión monetaria descontrolada, junto con una economía que opere con un mercado único y libre de cambios, sin restricciones cuantitativas al comercio y acceso a los mercados globales de capitales, tarea que sólo podrá ser instrumentada por una administración decidida a corregir las distorsiones instauradas hasta ahora.
